Santander
Viernes 31 de octubre de 2025 - 04:22 PM

Apicultores de California, Santander: guardianes de las abejas y promotores de una vida sostenible

Desde hace cuatro años, 40 apicultores de California unieron fuerzas para cuidar a las abejas. Hoy, su trabajo endulza y protege la naturaleza.

Suministrada/Vanguardia
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En las montañas frías de California, un grupo de 40 apicultores decidió apostar por la protección de las pequeñas guardianas del equilibrio de la naturaleza.

Las abejas son unas trabajadoras incansables. Mantienen viva la cadena de la que dependen los bosques, los cultivos y la vida misma.

La historia se empezó a escribir hace cuatro años en este municipio de la provincia de Soto Norte. Este grupo de californianos decidieron dedicarse a cuidar y dignificar, el zumbido constante que envuelve las colmenas y el trabajo paciente de miles de abejas que transforman el néctar en miel.

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Nelson Pérez Vega, vicepresidente de la Asociación Apícola Oromiel, recuerda cómo comenzó todo.

“El sector apícola estaba muy fraccionado. Cada quien trabajaba por su lado. Y entonces se nos ocurrió la idea: ‘¿por qué no nos asociamos todos los apicultores?’ Así logramos tomar más fuerza. Integramos a los apicultores que tenían una, dos, tres, cuatro colmenitas y los asociamos".

Así nació Apícola Oromiel, una organización que reúne hoy a 40 apicultores del municipio y que protege más de 400 colmenas distribuidas en todas las veredas: Angosturas, La Baja, Centro, Pantanos, Santa Úrsula y Cerrillos.

El impulso de aquel entonces llegó con una alianza productiva apoyada por la Gobernación de Santander y la Secretaría de Agricultura. “Nos entregaron 273 colmenas para fortalecer los apiarios. Ese fue el comienzo de todo. Hoy podemos decir que somos uno de los proyectos apícolas más fuertes del departamento”, afirma Nelson con orgullo.

La presidenta de la asociación es Cecilia Guerrero Villamizar, madre de Deysi Milena Cabeza Guerrero, y suegra de Nelson. Ambas mujeres han acompañado cada paso, y quien se mantienen cerca de la gestión y el trabajo en el campo. “Ella siempre ha estado ahí. Su acompañamiento es significativo”, dice Nelson.

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Un nuevo rumbo

En California, la minería es el principal renglón de la economía. Pero las abejas son testimonio de la riqueza del territorio. “La apicultura nos permite tener realmente una sostenibilidad. Con el número de colmenas que tenemos nosotros, podemos generar de 10 a 12 empleos y vivir, entre comillas, de la apicultura. Y eso que solo estamos hablando de la miel”, explica Nelson.

Esta asociación ha abierto la posibilidad de que más familias aprendan y se sumen a la producción, marcada por una rutina que comienza muy temprano.

Cada semana, o cada quince días, la periodicidad la dicta las condiciones meteorológicas; se acercan a los apiarios con los trajes que exige el oficio: velo, traje completo o de pantalón y chaqueta, guantes y cubrebotas.

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“Abrimos la colmena, echamos el humo y observamos. Si hay postura de día sabemos que la reina está trabajando bien. Seguimos mirando a ver si de pronto se va a presentar un sistema en enjambrazón”, este es el proceso natural de reproducción de las colonias de abejas, ocurre cuando la reina vieja abandona la colmena junto a una parte de las obreras para fundar una nueva colonia en otro lugar.

“El apicultor tiene que conocer el estado de cada colmena para mantenerla fuerte”, puntualiza Pérez Vega.

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Gracias a su experiencia, Nelson afirma que una colmena sana puede albergar hasta 60.000 abejas. Multiplicadas por las más de 400 colmenas activas, el zumbido que recorre las montañas de California podría provenir de más de 20 millones de abejas. Aunque el número puede variar mucho, según la época del año.

“Nosotros decimos que tenemos el oro líquido. Por eso el logo de la asociación es un lingote de oro ‘derramándose’, con una abeja que recoge. La miel es el oro”, comenta.

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Ellos han aprendido de las tareas y la importancia de conservar. “El cambio climático nos afecta mucho”, señala Nelson.

Cuando llueve demasiado, las abejas no salen a recolectar néctar. Se quedan dentro de la colmena y consumen sus reservas. Esto impacta directamente en la producción de miel y en la polinización de las plantas.

“En esos casos, toca ayudarlas. No se trata solo de sacarles miel, también hay que alimentarlas con jarabe o tortas proteicas. Algunos piensan que eso daña la miel, pero no. Ellas tienen dos estómagos, uno para la miel y otro para su energía. Son muy sabias”, dice Nelson.

Las cosechas suelen darse dos o tres veces al año, según la floración y el clima. Marzo y noviembre son meses clave, aunque cada temporada se ajusta a las lluvias. “California tiene mucha floración silvestre, pero dependemos de los cambios de tiempo. Por eso estamos apostando a la reforestación. Queremos sembrar plantas melíferas que aseguren alimento todo el año”, comenta.

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El futuro de las abejas

Para Nelson, el calendario floral es el corazón de la apicultura. “El apicultor que no tenga un calendario floral no conoce su oficio. Hay que saber qué flores abren en cada época para garantizar alimento a las abejas. De enero a marzo unas, de abril a junio otras, y así todo el año. Es la forma de mantener la colmena viva”.

La asociación busca fortalecer ese trabajo con proyectos ambientales que unan conservación y producción.

Actualmente, preparan una propuesta para que las zonas de reserva del páramo de Santurbán puedan destinarse a la apicultura.

“La apicultura ayuda a la polinización, mejora los suelos y protege las flores. Una hectárea con abejas produce tres o cinco veces más que una polinizada de forma natural”, explica.

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Apícola Oromiel también ha recibido apoyo de Fundamb (Fundación AMB Agua Medio Ambiente y Bienestar), quienes entregaron una máquina envasadora como capital semilla. “Esa ayuda fue muy importante. Nos permitió mejorar la presentación de los productos y abrir mercado”, dice Nelson.

Los apicultores producen y empacan en California miel pura, chocomiel, bálsamos, jabones, propóleo, polen y propomiel. Además, están próximos a lanzar dos bebidas artesanales: la cerveza de miel y el hidromiel, una bebida ancestral que elaboran a base de miel fermentada.

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El bienestar de las abejas es una prioridad. La Asociación Apícola Oromiel reconoce su papel. Valoran que en cada gota guardan la historia de un territorio que procura por la conversación.

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