Más de 50 artistas hicieron que niños y adultos de Floridablanca se sintieran de nuevo en sus ‘años maravillosos’, gracias a la alegría de los Matachines, la energía de las Chirozas y el colorido de los Arlequines.
Publicado por: Información suministrada
Por Felipe Jaimes Lagos
Tan sólo bastó una caminata de poco más de un kilómetro, para que adultos que superan los 40, 50 y hasta 60 años se volvieran a sentir como niños de nuevo. Aquel efecto ‘rejuvenecedor’ se vivió por unas cuantas horas en las empinadas calles del barrio El Reposo de Floridablanca.
Los responsables no fueron ni los fármacos ni tampoco las cirugías estéticas sino la alegría de los coloridos disfraces y excéntricos pasos de baile de los matachines, las chirozas y la comparsa de los arlequines. Estos tres grupos dieron una tarde en la que no importaron los problemas dentro de casa, sino la algarabía que motivó a familias enteras a salir a las verjas y balcones con el afán de recordar ‘los años maravillosos’ en los que se corría por la calle con los pies descalzos.
Así mismo lo revivió Sergio Carreño, habitante del barrio hace décadas, quien aprovechó esta procesión en el marco de la Feria Dulces de Corazón 2025 para saltar, bailar, sonreír a más no poder y, porque no, dejar que se deslizara discretamente por su rostro más de una lágrima de nostalgia.
“Mi infancia fue igualitica a lo que veo hoy, yo estaba donde estaban los matachines. Es hermoso recordar otra vez, es lo mejor que hay en la vida, evocar los recuerdos. Donde había bulla estaba yo y es tan lindo que no se puede dejar morir una tradición como esta. Que vaya hasta el infinito y más allá” fueron las palabras de emoción de Carreño, quien está cerca del ‘quinto piso’ y se gozó esta colorida caravana con la emoción de un niño de 10 años.
Al igual que él, fueron decenas de personas que se acercaban al espectáculo y grababan con sus teléfonos la procesión ambientada por las imponentes compases de una batucada conformada por puros ‘chinos’. Detrás del glamour, la espontaneidad y la teatralidad de estos personajes se esconde un arduo proceso de liderazgo social y cultural que ha durado años y ha sobrevivido tanto a las duras como a las ‘maduras’.
Sea matachín, chiroza o arlequín, todos han tenido que enfrentarse al correr del tiempo y la consecución de recursos para mantener viva el alma de las dulces fiestas del municipio: la cultura autóctona.
208 años celebra el municipio de Floridablanca y en el marco de sus Ferias Dulces de Corazón organizó un desfile de personajes por los barrios de la ciudad.
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Los hijos del sol y del dulce
Definitivamente quienes se robaron el show fueron las imponentes cabezas de poco más de metro y medio, que posaban sobre los hombros de los coloridos arlequines. Más allá de su imagen, es más impactante su simbología, ya que estas son un homenaje a la cultura Guane.
Junto a Pericles Carnaval y Periqueta, los líderes de esta comparsa, se alzaron cuatros tótems majestuosos con rostros indígenas para honrar a los guardianes del sol y la montaña. Alrededor de 10 personas se involucraron en la realización de la vestimenta, el maquillaje y, sobre todo, el arduo trabajo de llevar más de cuatro kilos de papel maché sobre sus hombros durante un recorrido lleno de subidas y bajadas.
El diseño y elaboración de los mascarones gigantes estuvo a cargo de Miguel Morales Melcocho, quien durante días se encargó de encontrar la forma indicada al montón de capas de papel maché junto con icopor.
Su esposa y fiel cómplice de caravanas, Claudia Fidela Díaz Meza, dio a conocer que detrás de este arduo trabajo “sólo hay una intención de amor por el arte y la cultura, por eso cada que pueden hacen este trabajo de corazón”.
De tal calidad y atractivo es ese trabajo que desde otros municipios como Bucaramanga han buscado contar con la presencia de los hijos del sol y del dulce, nombre de la comparsa florideña, para animar sus propias ferias.
Desde 1963 y evolucionando…
Un clásico infaltable en las ferias y fiestas de la ‘tierra dulce de Colombia’ son los matachines y con mayor razón, si son los originales de La Cumbre.
Aunque su origen se remonta a un boyacense, Don Antonio Reyes, fue en’ barrio alto’ donde nació el mito y el amor por fabricar máscaras junto con atuendos llenos de retazos de tela. Bien se puede apreciar en uno de los trajes actuales, bordado en lentejuelas, la inscripción: “desde 1963”. Fecha en la que comenzó la tradición con la familia Reyes.
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El matachín alcanzó su punto ‘cumbre’ a finales de los 90s e inicio del nuevo milenio, llegando a festivales nacionales y programas de televisión. Desafortunadamente, perdió cierta fuerza con el paso de las décadas.
Pero, justamente las situaciones adversas crean personas con buen ‘aguante’ y una de ellas es Walther Conde, quien lleva la batuta de Don Antonio a las nuevas generaciones.
“Los matachines son la cara alegre de Floridablanca. Desde el más chico al más grande se disfruta esta tradición y ahora le implementamos batucada y malabares porque queremos que evolucione” expresó Conde, líder del colectivo Cultural Evolution y conocido también con el apodo de ‘Polaco’.
Él junto a más de 20 jóvenes se han comprometido con el regreso de los matachines, agregándole bombo, timbales, trompeta y redoblante bajo la premisa de que estos personajes deben ser un carnaval completo. Uno en el que pueda participar toda la familia, en el que todos los niños puedan hacer y vestir sus propias máscaras y en el que se noté la evolución cultural de una tradición con valor y peso histórico en todo Santander.
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¿Chiroza? ¿Qué es eso?
La persona indicada para dar esa respuesta es Edgar Barón Suárez, líder de la Fundación Chicusan, Chirozas de La Cumbre, Santander, quien las define así: “Es un personaje que folcloricamente es carnavalesco por el diseño de su disfraz, su colorido y la forma en la que baila. Es la alegría le sale desde adentro”.
Si bien comparten similitud con el matachín, puede considerarse que la chiroza es un primo de este. Un familiar que está enfocado en el folclor y danza, más que en el uso de la ‘vegija’ y el ‘correteo’ de personas. Su misión es bailar y animar a sus espectadores a que se unan a sacar ‘los prohibidos’. Su espíritu dicharachero las ha llevado en más de tres ocasiones a participar en los Carnavales de Barranquilla.
La expresión ‘chiroza’ o ‘chirozo’ hace referencia puntualmente a los ‘chiros’: una vestimenta llamativa, de origen humilde, pero de buena calidad. Y el uso de este coloquialismo tan santandereano como la arepa amarilla y la pepitoria, dan un mensaje de que es un personaje popular, de los barrios y de la calle. Tras décadas de historias y carnavales, estos efusivos bailarines se han ganado el dulce corazón de los florideños y de todo aquel que los ve danzar de cerca.
También, Barón ha podido llenar una habitación de su casa en el barrio La Cumbre con fotos, trajes, máscaras y hasta recortes de periódicos gracias a sus preciadas chirozas. Ahora no es solo una pieza más sino un auténtico museo urbano de la cultura florideña, lugar con el que sueña convertirlo en destino turístico nacional.
















