Los accidentes ofídicos persisten en zonas rurales y nuevos escenarios. Las cifras en Santander y Colombia revelan un riesgo prevenible que exige atención.

“Fui víctima de una serpiente, me mordió una talla X. Aquí siempre ha habido mucha talla X, coral y otras, que son culebras de peligro”. Alfredo Prada Galvis, nacido en San Vicente de Chucurí, narró en el videopódcast El Camino de la Serpiente la experiencia que pudo costarle la vida.
Estaba recogiendo aguacates cuando ocurrió el accidente. “Me puse a recoger aguacates, se habían macaneado y ella se había encubierto ahí, lista para morder. Yo no la vi cuando me mandó el ‘lampazo’ aquí en el brazo. Estos dedos me quedaron encarchados. Se sintió como si me hubiera mordido un gato”, especificó en el videopódcast de diez episodios que busca transformar la percepción sobre estos reptiles y que es dirigido por el biólogo Fernando Cáceres.
Al cuarto de hora comenzó su desesperación y ardor. “Ocurrió a las dos de la tarde y me atendieron en el hospital a las cinco. Me demoré porque primero llegué al batallón y el coronel dijo que no tenían el suero, que debía ir al hospital. Cuando llegué me pusieron sueros en los brazos y en la pierna y de ahí me llevaron a Bucaramanga. Perdí el conocimiento. Estuve 19 días hospitalizado”, narró Alfredo.
El testimonio de Alfredo da rostro a los accidentes ofídicos, un evento de salud pública que, aunque prevenible, continúa ocurriendo.
“El accidente ofídico se define como la mordedura de una serpiente”, señaló Mónica Sarmiento, coordinadora del grupo de animales venenosos del Instituto Nacional de Salud, INS, en el episodio cinco del Camino de la Serpiente. La experta agregó que es un evento de notificación obligatoria.

¿Cuántos casos de mordeduras de serpientes se reportan en Santander?
Según el boletín de la semana epidemiológica número 52 (21 al 27 de diciembre del 2025), del Instituto Nacional de Salud, INS, Santander cerraba el año con 230 casos.
Eso la ubica como el séptimo departamento con más casos en 2025, superado por Antioquia (570), Norte de Santander (328), Cesar (312), Córdoba (287), Bolívar (280) y Meta (255).
Sin embargo, según la coordinadora del grupo de animales venenosos, sería oportuno revisar la tasa de incidencia de cada departamento para leer un panorama más acertado.
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De acuerdo con el último informe del INS, que reúne los datos nacionales de 2015 a 2024, en ese último año Santander ocupó el puesto 21 en mayor tasa de incidencia, con 11,02 casos por cada 100 mil habitantes.
La cifra quedó ligeramente por encima de la tasa nacional, que fue de 10,86 casos por cada 100 mil habitantes. Mientras en Colombia hubo una reducción del 7,8 %, en Santander la caída fue de 1,95 %. En 2024 no se registraron muertes por accidentes ofídicos en el departamento.

Vale aclarar que los datos oficiales se construyen a partir de los reportes de los hospitales. Cuando una persona no acude al sistema de salud, el evento no queda registrado.
En Colombia, el promedio anual está entre 5.000 y 5.500 casos. “De esos casos, el 90 % o un poco más son ocasionados por la familia de las víboras, donde está la mapaná, la cascabel y otras muy parecidas”, explicó Sarmiento en el pódcast dirigido por Fernando Cáceres.

La mayoría de los accidentes se concentran en zonas rurales, asociados a labores del campo.
“El accidente ofídico es un accidente”, insistió. “La serpiente está descansando, escondida. No está esperando a que alguien pase. Cuando se siente agredida, no tiene otra manera de defenderse que morder”.
Esa condición explica por qué la mayoría de mordeduras ocurren en piernas y brazos. Las serpientes venenosas del país son, en su mayoría, terrestres. El encuentro suele ocurrir al caminar por su zona, al agacharse, al recoger frutos o herramientas.
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Sarmiento también advirtió que están registrando cambios en los escenarios de riesgo. Además del trabajo en el campo, aumentan los accidentes en oficios domésticos y en actividades de ecoturismo.
“Nos expandimos sobre el territorio. Construimos la casa, limpiamos el monte, y eso nos pone cada vez más cerca de las serpientes”, explicó.
En caminatas ecológicas, señaló, el riesgo existe porque muchas personas provienen de contextos urbanos y no reconocen las dinámicas del entorno natural.
Además de resaltar la atención médica inmediata, el videopódcast El Camino de la Serpiente insistió en la prevención. Entender cómo viven las serpientes resulta clave para reducir el riesgo.
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La mayoría se mueve a ras de suelo, lo que explica la importancia del uso de botas de caña alta, ropa gruesa y manejo adecuado de residuos. “La basura atrae roedores y los roedores atraen serpientes”, explicó Sarmiento durante la conversación.
La mayoría no representa un riesgo, cumple funciones ecológicas como el control de plagas. Sin embargo, por miedo y desconocimiento tienen un final fatal.
Las serpientes son una especie clave para mantener el equilibrio de los ecosistemas, pero suelen ser consideradas poco carismáticas. Es precisamente esa percepción negativa, la pérdida de hábitat, el tráfico ilegal y otros aspectos los que amenazan su supervivencia.
“La serpiente no está buscando humanos para atacarlos. El accidente ofídico es eso: un accidente”, recalcó la coordinadora del grupo de animales venenosos del INS. La eliminación de estas especies altera el equilibrio del ecosistema y puede aumentar el riesgo en los territorios.
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En Santander, en la zona del río Sogamoso, es posible encontrar cerca de 72 especies. Solo ocho son venenosas, cuatro son especies de corales y cuatro de mapanás.

¿Cómo se produce el suero antiofídico en Colombia?
En El Camino de la Serpiente, Mónica Sarmiento explicó que el Instituto Nacional de Salud, una entidad científico-técnica adscrita al Ministerio de Salud, debe cumplir con su función de producción de bienes de interés en salud pública, entre ellos los sueros antiofídicos.
“El grupo de animales venenosos produce la materia prima para esa fabricación”, señaló. El proceso inicia con la colecta, tenencia y mantenimiento de serpientes bajo normatividad ambiental, y en función de las necesidades de investigación y producción de todo el territorio nacional. A partir de estos animales se obtiene el veneno, que se procesa, se mezcla y caracteriza en laboratorio para inmunizar a los caballos.
“El suero antiofídico se produce a partir de las inmunoglobulinas, los anticuerpos que producen los caballos contra las proteínas del veneno”, explicó.
El veneno se inyecta en dosis no tóxicas para que el caballo genere anticuerpos. Esto en ningún momento pone en riesgo la salud del animal.
Luego se extrae sangre de esos caballos, se separa el plasma y ese material se convierte en la materia prima del suero.
“Hay unos caballos con los que producimos el plasma para el suero antiofídico polivalente, que es para víboras, cascabel y bothrops, en términos generales. Otros caballos para producir el antiveneno, para las corales. Otros para otro animal venenoso que son unas orugas; y ahora vamos a tener otros para los otros antivenenos que desarrollemos: el suero antiescorpiónico y el antiarácnido”, puntualizó en el videopodcast.
¿Qué hacer si lo muerde una serpiente?
1. Mantener la calma, con la atención correcta todo saldrá bien. Llamar a una ambulancia
2. Tomar una foto de la serpiente, esto servirá para ofrecer el tratamiento correcto
3. Lavar la zona de la mordida con abundante agua y jabón y cubrir suavemente con una venda
4. No hacer torniquetes
5. No succionar el veneno con la boca
6. Evitar caminar o correr, en lo posible pedir ayuda para ser trasladado en una camilla
7. La ambulancia deberá trasladarlo rápidamente al hospital. La atención oportuna resulta determinante.

















