Barrancabermeja celebró sus 103 años de historia rindiendo homenaje a su mayor tesoro: su gente. En medio de las festividades oficiales, la ciudad reconoció el esfuerzo de quienes han forjado su identidad con trabajo, amor y resistencia.
Publicado por: Lesly Adriana Cifuentes
Barrancabermeja no se mide en años. Se mide en sudores compartidos, en historias que se cruzan en la esquina de cada una de sus siete comunas y seis corregimientos, en los pasos que han recorrido sus calles bajo el sol inclemente que calienta el suelo y mueve a su gente.
Este 26 de abril, cuando celebró sus 103 años de existencia, en medio de tarimas, banderas, música e himnos se rindió un verdadero homenaje a su gente: a la vecina que cada mañana riega las matas, el mecánico que silba mientras adelanta sus labores, las mujeres que preparan bollos en todas sus formas, las artesanas, los vendedores de sombra, las cantadoras, los bailarines, los pescadores que todavía salen al río, sin saber si regresarán con las redes llenas.
Este año, la fiesta estuvo dedicada a ellos, a quienes hacen que esta ciudad no sea solo petróleo, sino también alma. Lea también: Barrancabermeja lanza convocatoria para entregar ayudas técnicas a personas con discapacidad

El verdadero patrimonio: su gente
Barrancabermeja creció al ritmo de trabajo y sudor. Los primeros en llegar buscaban un futuro en labores petroleras; otros escapaban de un pasado duro pero aquí encontraron trabajo y un hogar.
Son las mujeres que vendían empanadas y jugos en las afueras de la refinería mientras los obreros exigían sus derechos. Son las lideresas que fundaron barrios, salían a las calles con batas negras para pedir que cesara la violencia, líderes comunales que sembraron esperanza cuando todo parecía perdido. Y siguen aquí. No siempre salen en los periódicos, pero son ellos quienes mantienen viva la ciudad.
Dona Cielo Rincón, artesana barranqueña, por ejemplo, lleva más de 20 años moldeando con sus manos la memoria de su tierra.
“Soy barranqueña de pura cepa. Toda mi vida me he dedicado a las artesanías, y esta tierra me ha dado todo. Barranca es mi casa, la conozco como la palma de mi mano, y pido a todos que la cuidemos porque quienes somos de aquí sabemos lo que nos ha dado”, dijo con orgullo.
Por su parte, Pedro Cárcamo, vendedor ambulante, también levantó aquí sus sueños. “Llegué a esta ciudad hace más de 20 años. Vendiendo en las calles me he ganado la vida, aquí eché raíces y aquí me quedo. Soy barranqueño de corazón”, expresó.
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Para él, el calor no es un obstáculo, es parte de la identidad de esta tierra. “A Barranca le digo que tenemos que amar más nuestra ciudad. Acá se vive sabroso, aunque haya gente que le huya al calor o al sol. Eso es lo que nos mueve, lo que nos hace barranqueños”, comentó. Le puede interesar: Las Fiestas del Sol celebran los 103 años de Barrancabermeja
Barrancabermeja cumplió 103 años y sigue latiendo. No porque lo diga el calendario, sino porque su gente le da vida. Aquí, a orilla del río Magdalena, donde el sol arde sin pedir permiso, un pueblo ha aprendido a resistir con dignidad y sueña con seguir adelante.

Tenemos muchos retos como ciudad; son 103 años y queremos seguir trabajando en recuperar nuestra identidad y construir tejido social. Pasamos momentos difíciles por unos cuantos violentos, pero nuestro reto es trabajar, invertir en educación, en los jóvenes, en arte y cultura para que podamos construir la ciudad que todos queremos.

Y es que mientras haya quien tienda una mano, cante ‘la Pollera Colorá‘, baile al ritmo del porro, prepare un sancocho ‘trifásico’ o un pescado ‘frito sudado’, esta ciudad seguirá viva. Porque Barrancabermeja, más que un lugar en el mapa es su gente.















