En Barrancabermeja, ciudad de río, memoria y resistencia, Tatiana Rosas Veloza encontró el lugar que convirtió en hogar. Aunque nació en Bucaramanga, fue en la bella hija del sol donde echó raíces y desde donde hoy inspira a las nuevas generaciones a reconocerse en su territorio.

Tatiana Rosas Veloza llegó a Barrancabermeja hace 31 años. Su historia se empezó a escribir en Bucaramanga, pero los renglones tomaron otro rumbo. Tuvo una infancia llena de curiosidades, de ganas de recorrer y entender lo que, a la altura de una niña de cinco años, se veía como una ciudad de gigantes.
Con el paso de los años, esas preguntas dibujaron sus pasos por las calles de la bella hija del sol. Vivía fascinada con aquella ciudad que la recibió y la envolvió en un caluroso abrazo. Aunque fue solo muchos años después cuando entendió la magnitud del vínculo que había construido con Barrancabermeja.

“Yo llegué a la ciudad por una tía. Ella me llevaba a su trabajo y a la casa. No tuve en ese momento la oportunidad de conocer la ciudad, sino hasta cuando ya éramos mucho más grandes, que mi mamá llegó con mis hermanos. Si yo hubiese tenido alguien que me mostrara la ciudad, yo creería que hubiese sido consciente de ese amor por Barranca desde muy niña”, revela.
Ese recuerdo se convirtió en el punto de partida de su primer libro infantil: Barrancabermeja, mi hogar. Es una propuesta que busca acercar a los niños desde el reconocimiento, la identidad y la posibilidad de que, cuando cuenten su propia historia, puedan decir que se sienten parte de un lugar ‘desde que tienen memoria’. Desde siempre.

Tatiana es psicóloga, especialista en intervención comunitaria y magíster en política social. Se siente barranqueñísima. De esas barranqueñas que, a pesar de haber llegado a distintos territorios de Colombia y del mundo, con procesos de acompañamiento social que han tenido a los niños como una de sus principales preocupaciones, siempre vuelve a su bella hija del sol.
Porque su “BarrancaYork”, como se puso de moda en redes sociales, no es solo el ardiente sol que seguramente recorre la piel de los que escuchan hablar de ella; para Tatiana, Barranca es río, memoria, infancia e historia.
“Ser barranqueño es tener fuerza, resiliencia. Barranca está marcada por muchos temas de violencia, conflicto armado, por lo que ser barranqueño también es ver en los ojos del otro el dolor con el que vive, reconocer esa cicatriz que nos une. Es ser fuerte, muy valiente y berraca”, cuenta.

‘Mi libro’, nuestra historia
Barrancabermeja tiene en sus libros de historias varios capítulos dedicados a las heridas que han dejado los rostros marcados por la violencia y el conflicto.
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En la memoria de Tatiana también navegan aquellas escenas de su etapa escolar, donde debía resguardarse debajo de los pupitres. Esos recuerdos la llevaron a preguntarse: ¿qué parte de la historia merece ser contada y cómo?
“Cuando uno puede contar, a través de los ojos de un niño, ¿qué es Barranca?, deja de ser solo conflicto. Tenemos historia, un ‘skate park’, la historia alrededor de la refinería, del Cristo petrolero, de los dinosaurios, el río que nos une a nosotros como región del Magdalena Medio. Verla desde los ojos de un niño es verla con esperanza, sueños, con el potencial de dar”, explica.

El libro parte de esa intención: ofrecer una mirada distinta sin desconocer lo vivido, pero ampliando el relato hacia aquello que también le pertenece a una comunidad.
En sus páginas aparecen elementos como el río Magdalena, los animales que lo habitan, los símbolos urbanos y los espacios que se pierden en la cotidianidad.
“Lo que yo quería era que ellos se conectaran con lo que veían, que sintieran que ese libro se parece a cómo piensan. Cuando uno logra bajar la ciudad a su lenguaje, ellos se sienten parte, la entienden sin necesidad de que alguien esté traduciendo todo el tiempo”.

“La idea era que se pudieran ver en el color, los trazos, el mensaje y dijeran: ‘Sí, eso se parece a como yo pienso’. Poder narrar la ciudad en su lenguaje hace que se sientan parte de ella, que la entiendan mejor, que no necesiten que un adulto les explique qué es cada cosa, sino que sepan, por ejemplo, que un aeropuerto es un lugar donde la gente viaja y que, si se suben a un avión, van a ver a las personas muy pequeñitas. La idea era que pudieran representar esos pensamientos, esa mente, esa creatividad, esa espontaneidad, esa vida, ese color, y que sintieran que eso es de ellos”, cuenta.
Busca generar una experiencia que involucre otros sentidos, en contraste con los estímulos digitales que predominan en la actualidad.
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“Hay una diferencia cuando el niño puede tocar, abrir, interactuar. No es solamente mirar una pantalla; hay una experiencia que hace que el aprendizaje sea distinto y que se construya un vínculo más cercano”, destaca Tatiana.

Un libro para construir vínculos
La idea tomó forma concreta en 2025, durante un viaje a Estados Unidos. En una librería, Tatiana encontró un libro infantil que le hizo pensar en la ausencia de materiales similares sobre Barrancabermeja.
“Lo primero que pensé fue que los niños de mi ciudad merecen tener un libro así. Después me pregunté por qué no existía algo que recogiera lo que somos, con toda esa mezcla cultural que tiene Barranca”.
A partir de ese momento inició un proceso de construcción que incluyó revisiones desde la psicología, el desarrollo infantil y la forma en que los niños interpretan el color, el lenguaje y los símbolos.
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Ese enfoque se relaciona con una idea que atraviesa su trabajo: la infancia como un momento decisivo en la construcción social.
“Muchas veces se dice que los niños son el futuro, pero en realidad son el presente. Lo que hagamos por ellos tiene un impacto inmediato en cómo se transforma una sociedad”.
Los niños que han tenido contacto con el libro han reconocido lugares que no conocían y elementos de su entorno que no habían identificado, especialmente en lo relacionado con la naturaleza.
“Muchos no sabían que en nuestro territorio hay manatíes o todo lo que representa el río. El libro también busca mostrar esa riqueza que tenemos”.
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La meta inicial es entregar mil ejemplares, con énfasis en zonas rurales y lugares donde el acceso a este tipo de materiales es limitado. La distribución se realizará de manera progresiva, debido a que el proceso de impresión es artesanal.
Tatiana insiste en el sentido del libro como una herramienta para fortalecer vínculos, especialmente en el entorno familiar.
“Me interesa que este sea un libro que compartan padres e hijos, que se sienten a leerlo juntos. Ese vínculo es fundamental en el desarrollo emocional de los niños y también en la forma en que se relacionan con el mundo”.














