Comunera
Jueves 09 de julio de 2026 - 03:22 PM

El Socorro, la provincia que abrió el camino de la Independencia

Este 10 de julio, El Socorro conmemora 216 años del levantamiento de 1810, una gesta que antecedió al grito de Independencia de Santafé y consolidó a la antigua provincia como símbolo de resistencia, memoria y libertad en Colombia.

El Socorro es actualmente la capital de la provincia Comunera.
El Socorro es actualmente la capital de la provincia Comunera.

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Publicado por: Jorge Rios

Las calles de El Socorro volverán a llenarse este 10 de julio de banderas, música y desfiles. Sin embargo, hace 216 años, sobre esos mismos adoquines no había tambores ni himnos. No había risas. Había desespero, frustración y rabia.

Se escuchaba el golpe de las piedras contra los muros del Convento de los Capuchinos. El correr desesperado de las autoridades españolas y de sus tropas buscando refugio. Los gritos de cientos de hombres y mujeres provenientes de San Gil, Simacota, Cabrera y otros pueblos vecinos que, armados apenas con palos, piedras, antorchas y herramientas del campo, estaban decididos a poner fin a décadas de abusos.

La chispa definitiva fueron los hechos violentos ocurridos durante la noche del 9 de julio de 1810, cuando varios socorranos fueron atacados por tropas españolas después de desobedecer las órdenes impuestas por las autoridades coloniales. Aquellas muertes no iniciaron solas la rebelión, pero sí avivaron una hoguera que llevaba años alimentándose con impuestos excesivos, persecuciones y atropellos contra una provincia que, desde la Insurrección Comunera de 1781, se había acostumbrado a desafiar el poder colonial.

La noticia corrió de pueblo en pueblo. Hombres y mujeres de las poblaciones vecinas acudieron a rodear el Convento de los Capuchinos, donde se habían refugiado autoridades y tropas realistas. Ese mismo convento, que hoy es visitado por turistas por su belleza arquitectónica y su valor histórico, reposa en la memoria socorrana como uno de los escenarios decisivos de aquella jornada.

Este 10 de julio se cumplen 226 años de la declaración de independencia de El Socorro.

Durante la noche y la mañana siguiente, la población mantuvo el sitio. Desde los tejados lanzaron piedras, buscaron entradas, bloquearon el ingreso de agua y alimentos, y presionaron hasta obligar a los españoles a rendirse. Según la tradición histórica local, algunos religiosos y autoridades huyeron hacia las montañas de la Serranía de los Yariguíes, una gran cortina verde que, con el tiempo, también quedó en la memoria popular como la Serranía de los Cobardes.

A partir de esos hechos, la antigua Provincia del Socorro dio uno de los pasos más tempranos y decisivos del proceso independentista en lo que hoy es Colombia. Allí se conformó una junta de gobierno criolla y, semanas después, el 15 de agosto de 1810, se expidió la Constitución del Estado Libre e Independiente del Socorro, considerada uno de los primeros textos constitucionales de la Nueva Granada.

Por eso, para muchos historiadores, el verdadero significado de aquella fecha va mucho más allá de haber ocurrido diez días antes del grito de Independencia de Santafé. Fue la culminación de un proceso de resistencia política y social que llevaba décadas gestándose y que terminaría influyendo en la construcción misma del país.

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Doscientos dieciséis años después, mientras el municipio vuelve a conmemorar aquella jornada, permanece una pregunta que sigue despertando debate: ¿qué tanto le debe Colombia a la antigua Provincia del Socorro en la construcción de la Nación?

El antiguo Convento de los Capuchinos fue usado en 1810 como refugio del ejército español.
El antiguo Convento de los Capuchinos fue usado en 1810 como refugio del ejército español.

Una provincia que nunca dejó de resistir

Para el alcalde de El Socorro, Ángel Antonio Acevedo Martínez, la respuesta no puede limitarse a decir que allí ocurrió una de las primeras declaratorias de independencia del territorio neogranadino.

A su juicio, el verdadero aporte de la antigua Provincia del Socorro fue convertirse, durante décadas, en uno de los principales focos de resistencia política e ideológica frente a la Corona española.

La Insurrección Comunera, el levantamiento de julio de 1810, la creación de una junta de gobierno, la expedición de una de las primeras constituciones y el liderazgo que ejerció la provincia en la naciente República fueron apenas algunas de las páginas escritas por una región que no esperó instrucciones de otros territorios para levantar la voz.

“No dependíamos de Bogotá. Aquí se construyó pensamiento político, liderazgo y una visión de país”, sostiene el mandatario.

Acevedo considera que esa historia debe servir para recuperar el protagonismo de las provincias. “No podemos permitir que nuestras fotografías históricas sirvan únicamente para decorar salones. Ese legado debe convertirse en liderazgo para el turismo, la educación, el agro y el desarrollo regional”, afirma.

Las calles socorranas fueron escenario de la independencia del país.
Las calles socorranas fueron escenario de la independencia del país.

La libertad también tuvo rostro de mujer

Pero la independencia no solo dejó héroes armados. También dejó hogares vacíos.

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Rosalbina García Durán, ingeniera química de profesión y amante de la historia comunera, asegura que existe una enorme deuda con las mujeres que sostuvieron la provincia mientras los hombres marchaban a la guerra.

Después de la declaratoria de independencia, cientos de socorranos se unieron a las campañas libertadoras que, años después, acompañarían a Simón Bolívar. Según García Durán, se estima que una parte significativa de los hombres en edad de combatir salió de la provincia para entregar su vida a la causa patriota.

Ese dato, advierte, no es menor si se tiene en cuenta que no se habla solo de El Socorro, sino de una antigua provincia que abarcaba buena parte de lo que hoy se reconoce como territorio santandereano.

Detrás quedaron las mujeres. Fueron ellas quienes cultivaron la tierra, alimentaron a sus hijos, cuidaron a los ancianos y mantuvieron en pie una región golpeada por la guerra y por la ausencia de muchos de sus hombres. También soportaron represalias. De acuerdo con la memoria histórica local, algunas fueron obligadas a realizar trabajos forzados, entre ellos empedrar las calles de El Socorro como castigo por la rebeldía de sus esposos, padres e hijos.

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“En cada esquina de mi pueblo hubo un niño esperando a su padre”, dice García Durán con nostalgia, mientras insiste en que la historia todavía les debe reconocimiento a aquellas mujeres anónimas que reconstruyeron la provincia desde la vida cotidiana.

Por eso, cuando habla de la independencia, no puede evitar repetir una frase que resume ese sentimiento: “Mujeres de El Socorro: perdón, perdón, perdón”.

La capital Comunera celebra con banderas, actos culturales y artísticos, la revolución que marco la historia del país.
La capital Comunera celebra con banderas, actos culturales y artísticos, la revolución que marco la historia del país.

La deuda de un país con su provincia

Como integrante de la junta directiva de la Casa de la Cultura de El Socorro, García Durán suele dejar en tertulias y espacios culturales una reflexión que incomoda, pero que también obliga a mirar la historia desde otra perspectiva.

¿Qué pasaría si el Estado colombiano tuviera que reconocerle a la antigua Provincia del Socorro todo lo que aportó para construir la Nación?

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No habla únicamente del 10 de julio de 1810. Habla de la Insurrección Comunera de 1781, de la resistencia permanente frente al dominio español, de los hombres que partieron hacia las campañas libertadoras, de las mujeres que sostuvieron la provincia durante los años de guerra y de un territorio que sembró buena parte de las ideas políticas que terminaron consolidando la República.

Más que recordar a uno de los primeros territorios que proclamó su voluntad de libertad e independencia, la fecha invita a reconocer que la libertad de Colombia no nació de un solo episodio. Fue el resultado de décadas de rebeldía de una provincia que no aceptó pasivamente el yugo español, que desafió una y otra vez a la Corona y que entregó hombres, mujeres, ideas y vidas para construir un país que, con el paso del tiempo, terminó olvidando a uno de los territorios que más hizo por verlo nacer.

Sobre esas piedras comuneras, sobre esa historia de resistencia y sobre el sacrificio de generaciones enteras, comenzó a levantarse una parte fundamental de Colombia. Una nación que todavía tiene pendiente mirar con más justicia a una región donde las inversiones suelen llegar tarde, los reconocimientos se quedan cortos y muchas promesas siguen sin cumplirse.

Publicado por: Jorge Rios

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