martes 28 de julio de 2020 - 6:00 PM

Un día como hoy sucedió el fusilamiento de Antonia Santos

Antonia Santos se convirtió en símbolo de la mujer santandereana. Su valentía le costó la muerte hace exactamente 201 años. Esta heroína entregó su vida por la independencia de Colombia. Murió fusilada en la plaza de Socorro el 28 de julio de 1819.
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El legado de Antonia Santos Plata permanece vigente. La mujer, recordada por su lucha por la libertad, fue sentenciada a muerte tras organizar ejércitos que se levantaron en contra del gobierno español. Ella logró impedir que la corona española aprovisionara y reforzara a las tropas antes de la batalla de Boyacá.

En 1819, cuando Simón Bolívar emprendió la Campaña Libertadora, María Antonia y su hermano Fernando se sumaron a las filas de las tropas rebeldes.

Era llamada la ‘heroína con pantalones’, cuyo padre, Pedro Santos Meneses, enseñó a leer y a escribir. Habitó en la finca ‘El Hatillo’, en Coromoro, centro de operaciones de los rebeldes, donde la heroína cabalgaba durante horas, escribía y firmaba cartas a sus hermanos dando instrucciones de enfrentamientos y avanzadas.

Siendo soltera, a los 37 años, y al parecer enamorada del comandante de una de las milicias de los Llanos Orientales, Antonia Santos murió fusilada en la plaza de Socorro, el 28 de julio de 1819.

La historia asegura que siempre fue una mujer digna de admirar, que el día de su muerte pidió que no le dispararan en el rostro sino en el cuerpo, y a cambio entregó un anillo y una cadena de mucho valor.

Un día como hoy sucedió el fusilamiento de Antonia Santos

Fusilamiento


En la mañana de ese 28 de julio, la Plaza Mayor de aquel entonces, hoy Parque de la Independencia, fue escenario del trágico momento.

Dieciséis días antes Antonia había sido aprehendida por el Ejército español comandado por el capitán Pedro Agustín Vega y conducida desde la hacienda de su familia, El Hatillo, hasta Socorro.


Su vestido negro adornado por encajes blancos en los puños y cuello hacían juego con su tez pálida, cabellera oscura y ondulada, y su expresión imborrable de heroína.


El día aquel en que acabaron con la vida de Antonia, fue sin duda el nacimiento de uno de los hechos que conmemoraría el país, siendo, según la historia, Socorro uno de los escenarios de la Independencia de Colombia.


Su vida


Pedro Manuel Pérez Villarreal, director de la Casa de la Cultura Horacio Rodríguez Plata del Socorro, recordó a Vanguardia que los textos señalan el bautismo de Antonia Santos el 11 de abril de 1782 en Pinchote.


Recibió educación tradicional como todas las mujeres de su época: labores propias del hogar, la religión católica y prácticas piadosas; se dice que tenía conocimientos de aritmética, escritura, gramática y lectura.


Se educó en la casa de sus padres, en la hacienda que la vio crecer y que tuvo que soltar al ser encarcelada. “Sus principales actividades estuvieron relacionadas en faenas campestres. Se formó en un ambiente de rebeldía y no ocultaba su descontento contra el gobierno español. En esa época se formaron las guerrillas patriotas de la Nueva Granada para luchar contra los españoles realistas. Ella combatió el régimen del terror y apoyó al ejército rebelde, en la campaña libertadora en diferentes enfrentamientos de 1819”, explica.


Antonia Santos fue arrestada junto con su hermano menor Santiago, su sobrina Helena Santos Rosillo y unos esclavos de la hoy heroína. Fue llevada a Charalá y luego a Socorro, en donde fueron encarcelados en los calabozos de la cárcel compartiendo celda con otros detenidos por temas políticos.


El 16 de julio de 1819 fue dictada su sentencia de muerte, así como también para los próceres Isidro Bravo y Pascual Becerra, tildados como enemigos del rey y reos de lesa majestad.


“No tengo miedo, viva la patria”, fueron las últimas palabras de Antonia Santos antes de teñir de rojo escarlata el suelo del patíbulo. Como una señal de pudor, su falda estaba atada a los tobillos con la venda que cubrirían sus ojos y que con valentía decidió retirar para ver fijamente a sus verdugos.


“María Antonia Santos Plata, siendo de estirpe, abolengos y alcurnias, había entregado previamente a su hermano el testamento y las joyas que la adornaron en vida: se fue de este mundo adornada de heroísmo e inmortalidad. Una mujer que vivió con su intuición y filosofía de tener patria, paz y libertad de la colonia española”, indicó Pedro Manuel Villarreal.

Liderazgo

Santos ha sido catalogada como una de las heroínas más importante de la Independencia de Colombia, junto con Policarpa Salavarrieta.


Según la historia, después de la muerte de su padre, Antonia asume una responsabilidad muy grande y es la dirección de la guerrilla patriota a favor de Simón Bolívar: las guerrillas de Coromoro y Cincelada.Era una época manchada por la reconquista, pero que no fue capaz de doblegar ni a Socorro ni a los demás que formaban la provincia. Ella tenía a su cargo entre 400 y 500 soldados. En el momento de su captura, la mitad se sumaron a Bolívar en la campaña libertadora y la otra mitad se tomó Charalá, lo que fue determinante en la Batalla de Pienta.


La Batalla de Pienta


Puños, piedras, mazos, machetes, garrotes y todo elemento que se atravesara, capaz de dar de baja a cualquier español, fueron las armas que utilizaron los campesinos el 4 de agosto de 1819, en un intento por frenar las tropas españolas que se dirigían a enfrentarse al ejército del general Simón Bolívar en el Puente de Boyacá.


Se reunieron poco más de tres mil personas entre campesinos, comerciantes, personajes influyentes de Charalá y residentes de los pueblos cercanos de Ocamonte, Cincelada, Coromoro, Riachuelo y Encino.


Al mando de Fernando Santos, hermano de Antonia, quien en días pasados había sido fusilada, se conformaron seis milicias, cada una de 500 hombres más o menos. Así, la noche del 3 de agosto, las tropas revolucionarias de la región se ubicaron en distintas posiciones.


Al amanecer, el 4 de agosto, se enfrentaron. La Milicia de Coromoro, que se lanzó sobre el puente enfrentando a los españoles, fue la primera en perder parte de la tropa. Hombres y mujeres lanzaban piedras y otros objetos, disparaban con escopetas y arcos artesanales. Primero en medio del río y encima del puente, y luego desde los balcones y techos de las casas del pueblo.


Pero no fue suficiente, en el pueblo solo se escuchaban gritos y llantos desgarradores. A pesar de eso, las guerrillas patriotas no dejaron de enfrentar a los españoles y con los pocos hombres que quedaban permanecieron en batalla hasta el 7 de agosto, cuando el coronel Lucas González, viendo que los muertos se contaban por cientos, se retiró.


Charalá y su ejército campesino cayó en manos españolas, sí, pero el coronel Lucas González (considerado uno de los militares españoles más sanguinarios de la época) y su pelotón de 800 hombres no pudieron cumplir su cita con el coronel José María Barreiro, quien los esperaba impaciente pues días antes había tenido muchas bajas en la batalla del Pantano de Vargas, y gracias a eso el 7 de agosto el libertador Simón Bolívar salió victorioso.

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