Luego de diferencias y problemas legales, la Gobernación de Santander recuperó el bien en 2013 en el mandato de Richard Aguilar y desde ahí se convirtió en un bien olvidado. Se intentó subastar a través de Central de Inversiones SA, CISA, - entidad adscrita al Ministerio de Hacienda- en 2015 y no hubo proponentes para una oferta mínima de $12.000 millones.

Publicado por: Jorge Rios
Protagonista de canciones, inspirador de historias de amor, anfitrión de grandes nombres. Antes de la década de los noventa era una verdadera celebridad y hoy es una estrella sin luz, en decadencia. Sigue siendo imponente más no hermoso. Hasta la llegada del canotaje y el desarrollo de los deportes de aventura llevó solo, sobre sus hombros, el desarrollo turístico de San Gil y la provincia Guanentá.
El Hotel Bella Isla es uno de esos lugares que Jorge Villamil inmortalizó en ‘Si pasas por San Gil’ - la melodía más representativa de los sangileños - y por el que aún muchos preguntan cuando visitan la capital turística de Santander.
De ese emblemático hotel solo queda el nombre que sobresale con letras grandes y la nostalgia de una gloria cada día más lejana. Los únicos huéspedes son los médicos estudiantes de especialidad que trabajan en el Hospital Regional de San Gil y se hospedan en el primer piso. En el segundo y tercero funcionan oficinas administrativas de la entidad de salud y en el cuarto las habitaciones permanecen cerradas, con un enorme agujero en el techo del pasillo.
La habitación 77 está sin candado. Adentro permanecen las dos camas con tendidos llenos de polvo, dos lámparas, una mesa, un baño medio destrozado y los vestigios de una elegancia perdida. Desde el balcón se observa el pulmón de San Gil, un nido de árboles distribuidos entre el parque El Gallineral y los terrenos del hotel. Una vista sin igual.
El hotel tenía 80 habitaciones. De ellas 32 estaban en la sección ‘nueva’, el edificio recién descrito. En la parte inferior, casi que en un especie de sótano, en la sección que unía a la parte nueva con la antigua, hay un gran salón con un piso de madera a medio levantar que antes solía ser el restaurante, una puerta con candado hacia la cocina en donde se alcanzan a ver los mesones y demás elementos culinarios.
Después la entrada al que era el bar, en donde los murciélagos aprovecharon para hacer sus nidos en un techo destruido y un mesón que se resiste a caer víctima de la polilla. Desde ahí una puerta cerrada por donde se accedía a la zona húmeda, pasando por unas escaleras llenas de maleza.
La piscina permanece con agua de color verde propicia para la propagación de zancudos y rodeada de pasto. A pocos metros, los rezagos de lo que en algún momento fue un bonito kiosco.
Ya en la zona antigua: maleza, ramas de árboles, colmenas y avisperos rodean una estructura en donde funcionaban 48 habitaciones. Paredes llenas de humedad, viejos aires acondicionados oxidados, colchones y partes de cama arrumados como desechos es lo único que se observa.
Afuera, el olvido de la zona antigua es evidente. Maleza por todos lados, para acercarse a las dos canchas de tenis y la cancha de fútbol inutilizables por su mal estado, hay que usar botas pantaneras. En el lugar se ven picures, boas constrictor y puerco espines, aseguraron funcionarios de la entidad de salud.
Lleno de promesas
Después de ser una de las obras impulsadas por el general Gustavo Rojas Pinilla durante su paso por la presidencia de Colombia en la década de los 50 del siglo pasado, y ser operada con éxito por empresarios locales durante varias décadas, la Gobernación de Santander lo compró en 1995 y lo entregó en comodato en 1998.
Luego de diferencias y problemas legales, la Gobernación de Santander recuperó el bien en 2013 en el mandato de Richard Aguilar y desde ahí se convirtió en un bien olvidado. Se intentó subastar a través de Central de Inversiones SA, CISA, - entidad adscrita al Ministerio de Hacienda- en 2015 y no hubo proponentes para una oferta mínima de $12.000 millones.
En el mandato de la gobernación de Didier Tavera, en un congreso de Anato en Floridablanca, el mandatario declinó la opción de venderlo y habló sobre la importancia de reactivarlo. No pasó de eso.
En ese mismo periodo, Ariel Rodríguez, alcalde de San Gil, adelantó la posibilidad de construir un centro de convenciones, hecho que también se quedó en anuncios.
En 2019, el Hospital Regional de San Gil invirtió y adecuó parte del edificio que le fue cedido para usarlo de forma alternativa, mientras se desarrollaba el proyecto de reposición de la infraestructura del antiguo hospital.
En todo este tiempo, mandatarios departamentales y locales, hablaron del interés de múltiples marcas nacionales y extranjeras de hotelería, un gran número de ‘novias para un galán’ que sigue solo y a la espera de que la Gobernación de Santander, ahora en cabeza de Mauricio Aguilar, decida algo.
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