Once sillas de madera en regular estado y una de piedra, una mesa de piedra para las eucaristías, la imagen de La Virgen de Lourdes y de una niña que nunca deja de mirarla ambas rodeadas de por lo menos 50 placas de familias agradeciendo por los favores y milagros recibidos, un kiosco, dos canecas de basura pintadas de blanco que no ocultan su antigüedad y una vista majestuosa. Ese es el inventario de La Gruta, uno de los dos cerros llamados a ser referentes turísticos del municipio y el más antiguo de los dos. El otro, el cerro de La Cruz, está casi que paralelo, como vigías de los que sucede en el municipio.

Publicado por: Jorge Rios
Once sillas de madera en regular estado y una de piedra, también una mesa de este último material para las eucaristías, la imagen de La Virgen de Lourdes y otra de una niña que nunca deja de mirarla, ambas rodeadas de por lo menos 50 placas de familias agradeciendo por los favores y milagros recibidos, un kiosco, dos canecas de basura pintadas de blanco que no ocultan su antigüedad... y una vista majestuosa. Ese es el inventario de La Gruta, uno de los dos cerros llamados a ser referentes turísticos del municipio y el más antiguo de los dos.
El otro, el cerro de La Cruz, está casi que paralelo. Ambos parecen vigías de lo que sucede en el municipio.
La imagen de la señora de Lourdes permanece en este lugar de La Gruta llena de mensajes de agradecimiento que tienen décadas, tanto que algunos ya ni se pueden leer.
Para llegar a este sitio hay dos caminos oficiales. Uno seguro, el otro no tanto.
El de la carrera cuarta con calle 13 es el oficial. Un letrero semiborroso da la bienvenida a un recorrido de menos de 300 metros por una angosta calle empedrada con piedra Barichara que tiene casas y techos a su izquierda y una especie de barranco a su derecha, en donde están instaladas las imágenes en piedra a lo largo del recorrido con las estaciones del calvario de Jesús ‘El Nazareno’, usadas como estaciones en las procesiones de la Semana Santa
En la mitad del camino, hay una pequeña tienda atendida por doña María Rojas, una sangileña de 65 años que lleva toda su vida viviendo en el sector.
“La gente no ha perdido la fe y sigue subiendo”, y eso es bueno para el negocio, porque compran, agua, gaseosa o ‘chitos’, “cualquier cosita”, afirma. Claro, hace la salvedad, después de las 6:00 de la tarde nadie sube, “solo chinos”.
La sangileña hace referencia a la queja común del sector y que en San Gil es bien popular. En la noche no pasa nada bueno frente a la Virgen de Lourdes y allá, a La Gruta, es mejor no subir.
Lo confirma Fabiola Bayona, sangileña de 51 años de edad, que le prometió a su padre en su lecho de muerte seguir cuidando del mirador como él lo había hecho. No ha sido posible, por lo menos no como ella quisiera.
Desde su casa, tal vez la más cercana al cerro, se escucha todo. Los gritos, la música, los insultos y hasta los olores de lo que pasa cada noche en el lugar. Ve subir y bajar jóvenes en motos y a pie, algunos en muy malas condiciones ya cuando han terminado la jornada de esparcimiento.
“No solo es en las noches, también en el día”, asegura Bayona, que ya hasta en la mañana prefiere no subir por el temor de encontrar personas consumiendo drogas.
“Antes iba y llevaba a caminar a mi mamá y los domingos salíamos por ahí y bajábamos por el otro camino (.... ) Eso ya no se puede hacer, es peligroso”, asegura Ballesteros, quejándose entre otras cosas de la falta de presencia policial que antes se daba por lo menos tres veces al día y ahora casi no se ve, también del deterioro de la infraestructura, como se evidencia en varios puntos, uno de ellos una reja que en un tramo no tiene ningún sostén.
El otro camino a La Gruta, al que hace referencia Bayona, es una recorrido por la mitad del cerro, bajando cerca de 400 metros.
Este inicia con unas escaleras de cemento, pasando por un desecho en donde es probable encontrar personas ‘chupando’ bóxer o fumando marihuana, pasando junto a las ruinas de lo que pudo ser una vivienda, con basuras en algunos tramos y saliendo, finalmente, a la carrera quinta.
Ese tramo espera ser recuperado por el Instituto de Cultura y Turismo de San Gil con un programa de muralismo en el que la comunidad tiene gran expectativa.
Por ahora, La Gruta seguirá repartiéndose entre devotos católicos, los residentes del lugar que intentan mantenerla limpia y los que buscan un lugar para consumir droga y licor, arropados por las estrellas y con la mejor foto de San Gil ante sus ojos.
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