Una pequeña escuela rural del Páramo se convirtió desde hace más de 10 años en el epicentro de un trabajo de reforestación que se ha venido extendiendo hacia diferentes municipios de la provincia Guanentá y que en el último año ha cumplido la difícil tarea de sembrar cerca de 10.000 árboles.

Publicado por: Jorge Andrés Ríos
Una pequeña escuela rural del Páramo se convirtió desde hace más de 10 años en el epicentro de un trabajo de reforestación que se ha venido extendiendo hacia diferentes municipios de la provincia Guanentá y que en el último año ha cumplido la difícil tarea de sembrar cerca de 10.000 árboles.
Para llegar a esta cifra solo faltan por entregar 3.000 árboles, contó el docente John Tarazona López, líder de la iniciativa que se desarrolla con estudiantes entre sexto y noveno grado, de la escuela rural El Bosque, perteneciente a la Institución Educativa Pedregal.
La meta de los 10.000 árboles inició en julio del año pasado con un proyecto que fue financiado por el Club Rotario de San Gil, quienes pusieron las semillas, la estructura del nuevo vivero y todo lo necesario para sembrar los guayacanes de Manizales, especie seleccionada para esta labor.
La meta es entregar todo el material vegetal en estas últimas semanas de junio. Hasta el momento las plántulas, en el marco del proyecto financiado por los Rotarios, han llegado a instituciones educativas de San Gil, Guadalupe, Vado Real, Aratoca, Curití y Barichara, entre otros. Los últimos están comprometidos para el Páramo y zonas aledañas.
Tarazona explicó que tanto ahora como en todos los árboles que han sembrado y trasplantado en los últimos 10 años han intentado priorizar que la reforestación se haga en zonas que beneficien al río Fonce.
Aunque en otras ocasiones han sembrado todo tipo de árboles propios de las regiones y aptos para la reforestación, en esta ocasión se decidieron solo por los guayacanes de Manizales debido a su gran resistencia a efectos contaminantes y su capacidad de proteger fuentes, cuencas y microcuencas hídricas.
Empezaron con un humedal
Hace más de 10 años, cuando Tarazona llegó a la escuela El Bosque, empezó a trabajar con los estudiantes conceptos como protección del medio ambiente y especialmente del agua. En este proceso descubrieron que en un predio privado, cerca de la escuela había un humedal que estaba a punto de desaparecer.
Hablaron con el propietario, consiguieron su aprobación y con recursos propios, él y sus estudiantes se propusieron la tarea de recuperar dicho humedal. Hicieron de todo, reforestaron, podaron, cercaron, en fin... Lo lograron y el humedal está más vivo que nunca.
Desde ahí iniciaron un trabajo que no ha terminado y es reforestar la vereda el Páramo y toda la provincia. Han ido creado viveros año a año en diferentes puntos de la zona rural donde se encuentran.
Cada año en estos procesos participan entre 10 y 15 estudiantes, quienes ayudan en temas logísticos, siembras de las semillas en las bolsas, la acomodación de las mismas dentro del vivero y su cuidado.
Lo más importante, resaltó Tarazona, es que los niños van adquiriendo una mayor conciencia ambiental y eso los transforma en favor de la comunidad.















