En Charalá existe un árbol tan grande como su historia. El Samán, custodio sembrado en el centro del parque principal del pueblo, fue puesto allí el 20 de julio de 1910 en forma solemne en el marco de la celebración del Centenario de la Independencia de nuestra Patria.

Publicado por: Tatiana Niño
El Samán de Arabia que extiende sus ramas y hojas como brazos custodios sobre el parque principal de Charalá, en Santander, llegó allí mucho antes que la mayoría de sus habitantes. Fue sembrado el 20 de julio de 1910 para celebrar el primer centenario de la independencia nacional.
Esta clase de árbol proviene de Asia Menor. Según dicen los relatos de la época, un prefecto de la provincia de Charalá, Santos María Santos, lo trajo al municipio desde Oiba en 1905, para ser sembrado.
A partir del 'voz a voz' de los habitantes del pueblo con los años, el Gobierno municipal impartió la orden de sembrar un árbol como símbolo de libertad.
Al rededor de él hay diversos mitos, cuentos e historias fantásticas. Una de las creencias de los charaleños, y extranjeros, es que darle 'vueltas' al árbol con la pareja, asegura en el futuro un matrimonio. Es por esto que, entre muchos otros apodos, es conocido como el 'árbol del amor'.

Para algunas mujeres 'supersticiosas', el samán 'bendito' ayuda a su fertilidad. Pasan horas de pie frente a las frondosas ramas del majestuoso e imponente monumento natural, pidiendo que el destino ponga en su vientre el tan anhelado bebé que se resiste a llegar.
Ciertas o no, las miles de historias creadas al rededor del samán hacen parte del tesoro 'folcórico' de Charalá, que el 12 de julio de 2013, a través de la ley 1644 de 2013, fue declarado como Patrimonio histórico y cultural de la Nación, según el congreso de la República de Colombia.

Los habitantes de esta 'tierra brava' y cuna de la independencia de Colombia, son custodios del samán, y defienden a capa y espada su permanencia en el parque.
El Samán sigue en pie y su legado se ha extendido por el municipio. Dos de sus hijos, sembrados en el cumpleaños número 100 del árbol, se alzan en dos plazas del pueblo, dando sombra a todo el que los busca para descansar o llegar al altar.















