En los rincones más húmedos y silenciosos de Colombia florecen orquídeas tan pequeñas como la uña del dedo meñique. Allí, donde lo invisible se vuelve extraordinario, Andrés David Galindo Rey honra la pasión heredada de su padre y su deseo de proteger la naturaleza.

Fotografías: Andrés Galindo Rey y Robinson Galindo.
La naturaleza tiene una forma majestuosa de ofrecer los regalos más valiosos. De hecho, logra hacerlo hasta en escalas casi imperceptibles, pero inmarcesibles. Regalos que no caben en una caja y que no se resignan a vivir en una sala elegante.
Andrés David Galindo Rey lo sabe bien. La primera orquídea que fotografió lleva su nombre: Lepanthes davidii. Fue un regalo de su padre, Robinson Galindo.

Hace cuatro años, producto de un trabajo colaborativo entre el Parque Nacional Natural Farallones de Cali, su zona de amortiguación y la Universidad del Valle, se descubrieron cuatro nuevas especies de orquídeas miniatura, o Lepanthes, para los más expertos. Son aquellas que poseen flores que pueden llegar a medir menos que la uña del dedo meñique.
Las cuatro especies fueron registradas en la revista Lankesteriana y, según reportó en su momento Parques Nacionales Naturales, solo habitan en el Valle del Cauca.
Una de ellas, Lepanthes cardenasii, fue dedicada al botánico Dairon Cárdenas, quien dedicó su vida a descifrar la riqueza natural de la Amazonia. Lepanthes dorae honra a “Doña Dora”, mujer campesina de la zona que convirtió la observación de aves en una forma de vida. Lepanthes morae recuerda a Danny Leandro Mora, un joven naturalista que recorre y fotografía su territorio.
Y la otra lleva el nombre de Andrés David. Su padre, Robinson Galindo, fue uno de los biólogos que participó en ese hallazgo y quien ha dedicado su vida a apoyar investigaciones de fauna en la región.
300 especies de orquídeas Lepanthes hay aproximadamente en Colombia, según datos de Parque Nacionales Naturales de Colombia. Suelen habitar en áreas muy pequeñas de los bosques andinos, por lo que la deforestación en estas regiones, las ha puesto en peligro de extinción.
Publicidad
Robinson le dio este regalo a su hijo sin saber que le estaba obsequiando también una forma de ver y honrar la vida. Pues, aunque Andrés lleva varios años en la fotografía e interesado en la conservación, que la naturaleza te dé un “regalo” es como firmar un compromiso para honrarla para toda la vida.
“Siempre quise conocerla. Ahí comenzó mi pasión porque encontré en las orquídeas un mundo mágico como fotógrafo, especialmente en este género. La orquídea miniatura que lleva mi nombre tiene la flor de 4 mm a 5 mm”, cuenta Andrés, un joven santandereano apasionado por la fotografía y la naturaleza.
Su Lepanthes davidii vive en su hábitat, entre la humedad del bosque, en esos rincones donde lo diminuto suele pasar desapercibido. Llegar hasta ella implica embarcarse en una aventura, detenerse, observar y disfrutar de la naturaleza. Ese viaje es el regalo completo.
“Mi interés por la fotografía de orquídeas nació por mi padre”, explica. Robinson Galindo ha descrito más de 26 especies nuevas para Colombia. Su trabajo ha aportado a los listados del país y ha permitido reconocer especies que antes no tenían nombre.

Las orquídeas de Colombia son flores que no crecieron para adornar el mundo, sino para demostrar de lo que la naturaleza es capaz cuando decide rozar la perfección.

Un ‘pedacito’ de la naturaleza que viaja a todas partes
La fotografía apareció como una forma de guardar un recuerdo de cada encuentro. Cada imagen que Andrés captura conserva algo más que una forma o un color. Es la prueba de que una especie sigue intacta en su entorno. Permite llevarla a otros espacios sin desprenderla de su origen.
De esta manera, una orquídea puede habitar el bosque y, al mismo tiempo, recorrer el mundo: a través de una fotografía. Llegar a salas de exposición, a grandes pantallas y a las redes sociales. Hacer parte de registros que alimentan bases de datos científicas. Y, no menos importante, despertar el interés de quienes nunca han estado frente a la inmensidad de la naturaleza.
Publicidad
“Mi pasión eran los herpetos, especialmente las serpientes; me mantenían vivo. Las orquídeas me enseñaron que estamos en un país biodiverso, con muchos colores y aromas”, porque hasta en ese aspecto no deja de sorprender la naturaleza. Hay unas orquídeas que huelen a carne en descomposición; esto ocurre porque sus principales polinizadores son moscas. Esto le permite a la naturaleza demostrar, una vez más, que no porque algo sea extraño no puede ser espectacularmente bello.
Andrés no es biólogo, pero desde pequeño sus padres, ambos biólogos, le enseñaron el amor y respeto por la naturaleza, y lo que la fotografía le ha enseñado, desde que tenía 15 años, es incalculable.
Le recomendamos leer: Viaje al fondo de una foto: así es como Andrés Galindo defiende la biodiversidad con su lente
“Las orquídeas de Colombia las hace especiales porque tenemos muchos ecosistemas en el país y muchos tipos de suelo; además, Colombia cuenta con más de 3.800 especies y aproximadamente entre 1.200 y 1.400 especies endémicas. Una parte muy importante es la geografía, ya que contamos con las tres cordilleras de los Andes, junto a páramos, bosques nublados, selvas amazónicas, valles secos y costas”.
Publicidad
Andrés también cuenta que hay orquídeas que desafían la lógica. Hay unas que parecen insectos, monos o hasta zapatos.
“Gran parte de las orquídeas colombianas son epífitas: crecen sobre los troncos y ramas de los árboles sin ser parásitas. Obtienen agua de la lluvia, la neblina y la humedad del aire, contribuyendo al equilibrio de los bosques”, agrega.
Andrés encontró en el género Lepanthes su propio universo: orquídeas miniatura con flores que obligan a detener la mirada y centrar todos los sentidos en la pequeña inmensidad del universo.
“Siempre he querido transmitir un poco de todo: conservación, conciencia, belleza y ciencia; que todas las personas conozcan lo que tenemos en nuestro entorno”, comparte Andrés, quien siempre sale equipado con determinación, respeto y el deseo de dejarse sorprender por quienes aparezcan frente a su lente.
Publicidad
“Muchas veces pasamos por alto cosas que parecen insignificantes: una flor, un hongo, una roca, una mariposa o hasta una hormiga. No nos detenemos a observar lo que tenemos en nuestro país”. Por eso, él trabaja por mantenerse con el kilometraje en cero, para que todas las salidas sean como aquella vez en la que se encontró con una Lepanthes golondrina: regresó totalmente fascinado por las formas y colores.
En Santander hay más de 700 especies de orquídeas, de las casi cuatro mil registradas en Colombia, según el reporte del Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia.

Fotografiar para conservar
Cada imagen documentada aporta información. Registra la presencia de una especie, su estado, su entorno. Se convierte en evidencia que puede ser utilizada por investigadores, autoridades y plataformas científicas.
“En muchos casos, una fotografía es el primer paso para despertar el interés de científicos, autoridades y ciudadanos por proteger un territorio”, explica Andrés.
El trabajo de su padre da cuenta de ello. Descubrir una nueva especie implica un proceso largo. No basta con encontrarla. Es necesario verificarla, compararla y analizar sus características. Detalles como el color, la forma o los pétalos marcan la diferencia.
“No se podría realizar sin un equipo con amor por la causa, porque esto no tiene ninguna retribución económica”, dice.
La fotografía se convierte en el registro, la evidencia y la herramienta de divulgación. Permite que una especie sea vista sin ser removida. Por ello, también debe practicarse con total responsabilidad.
“No debe incentivar la extracción de orquídeas de su hábitat ni revelar ubicaciones precisas de especies altamente vulnerables, pues esto puede favorecer el tráfico ilegal. El verdadero valor de una fotografía no está en obtener una imagen exclusiva, sino en contribuir a que esa especie continúe existiendo en la naturaleza”, advierte Andrés Galindo Rey.
Andrés ha recorrido distintas regiones del país con su cámara. Cada una le ha dejado aprendizajes distintos. El Pacífico colombiano, dice, lo ha sorprendido por su biodiversidad. “Todas las regiones tienen una belleza única, pero para mí es una de las regiones que más me ha cautivado”, señala.
Santander es considerado uno de los territorios con mayor diversidad de orquídeas en Colombia, gracias a la variedad de pisos térmicos y ecosistemas que hay en el territorio. Es el quinto departamento con mayor número de especies de orquídeas.

Compartir esta pasión con su familia, hablar de especies, reconocerlas, entender cuáles son medicinales, cuáles hacen parte de la alimentación y cuáles sostienen los ecosistemas “es una de las cosas más gratificantes que me ha dado la vida”, dice.
“Conservar las orquídeas de Colombia no es una tarea exclusiva de científicos o autoridades; es una responsabilidad compartida. Como ciudadanos, el mayor aporte que podemos hacer es proteger los ecosistemas donde nacen y viven estas especies. Esto significa rechazar la compra de orquídeas extraídas ilegalmente del bosque, apoyar viveros que las reproduzcan de manera sostenible, respetar los senderos en áreas naturales y nunca remover una planta de su hábitat”.
No todos tendremos la posibilidad de visitar los rincones mágicos de la madre tierra, pero ello no puede justificar la forma en la que conseguimos acceder a un ‘trozo’ de ella.
Pero sí podemos verla a través de los ojos de alguien más. Andrés, por ejemplo, compartió con Vanguardia estas orquídeas para que nos maravillemos y nos dejemos conquistar por la forma y el color que encuentra la naturaleza para darnos un regalo.
“Me gustaría que mis fotografías hicieran que las personas se detuvieran por un instante y volvieran a mirar la naturaleza con asombro. Que entendieran que cada orquídea, cada ave y cada paisaje cuentan una historia irrepetible, y que su verdadero valor no está en lo extraordinarias que se ven, sino en el privilegio de que aún existan”.

























