En el casco urbano de municipio nadie es propietario del terreno que habita. La única dueña es la virgen de La Candelaria, patrona del pueblo, luego de que las tierras le fueran donadas hace dos siglos. La situación ha generado toda clase de enfrentamientos, desde el no pago de los impuestos hasta la celebración de escrituras públicas sin validez jurídica.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
Cuentan los descendientes de los primeros pobladores de Suaita que cuando los parroquianos se asentaron a la ribera del río Lenguaruco (que hoy pasa en medio de las veredas Vado Real y La Candelaria) y pretendieron levantar sus viviendas, las siete plagas del Antiguo Testamento los atacaron.
Despavoridos, con lo poco que tenían en sus manos, buscaron refugio en las montañas, los árboles y unas cuantas chozas, hasta que un día, en medio del alboroto, llegó la noticia de que ya tenían un lugar seguro y limpio para vivir.
Se trataba de los terrenos que Don Juan Crisóstomo Echeverría, un latifundista de Suaita, quizás motivado por el anhelo de la absolución divina, tal vez conmovido por las cientos de víctimas que dejó la peste o queriendo que se conformara por fin el pueblo que tanto se codiciaba, decidió donar a la virgen de La Candelaria, un 14 de junio de 1810.
Como aseguran algunos de los pobladores, Juan Crisóstomo jamás imaginó lo que esto representaría para la población y mucho menos que dejaría un enorme problema, incluso, mayor y más perdurable que las mismas plagas, pues dos siglos después, a pesar de que Suaita ha crecido, que muchos han pagado por sus casas y las han habitado durante décadas, sus pobladores no son propietarios de los terrenos sobre los cuales han edificado sus viviendas. La única dueña, como lo corrobora la escritura pública de donación, es la virgen de La Candelaria.
“Como decimos por acá, somos dueños del cascarón pero no de la tierrita. Entonces, que nos trasladen la casa para otro lado, porque de por aquí la gente no se va”, comenta Esperanza Camacho, secretaria de la parroquia y habitante del pueblo.
El ‘tejemaneje’ de la donación
Bajo el Acuerdo Municipal número 7 del 20 de marzo de 1904, el Concejo de Suaita, respaldado en una resolución expedida por el Tribunal Superior del Estado de Santander en 1870, le reconoce a la parroquia del municipio “el derecho en todo el terreno de la actual ciudad”.
Desde entonces, al parecer, mediante compraventas –aunque algunos habitantes señalan que lo hicieron por medio de donaciones o diezmos–, la Iglesia le otorgaba a los habitantes del nuevo municipio “el derecho de propiedad” de los terrenos, mediante la celebración de escrituras públicas, en las que las firmaba como representante legal de la Virgen.
Sin embargo, para 2008, la Oficina de Instrumentos Públicos de Socorro, al percatarse de los errores en que se venía incurriendo, decide no otorgar más certificados de libertad y tradición de aquellos terrenos que se encuentran en la propiedad donada por Don Crisóstomo Echverría.
¿Por qué? Tal como lo expresa la escritura de donación, la voluntad del donante era que la virgen de La Candelaria fuera la propietaria de los terrenos, con tan mala suerte que para las leyes colombianas esta no podía ser la dueña del suelo donde se han edificado las casa, ya que no es considerada como persona natural o jurídica, razón por la cual la Iglesia tampoco podía ser su representante legal.
“Desde lo jurídico, si la dueña es la Virgen de La Candelaria, que venga ella y me muestre la escritura de propiedad, y que firme la venta del terreno. Pero esto no se pude hacer. Por eso, como notario, opté por no volver a hacer escrituras donde la parroquia vende a los particulares”, comenta Fernando Sarmiento Herrera, notario único del pueblo.
Como si fuera poco...
El Municipio tenía que recaudar sus impuestos y la solución momentánea fue que, dado que la resolución del Tribunal y el Acuerdo Municipal reconocían como propietaria a la parroquia de Suaita, se tomaron como válidas las escrituras firmadas por la Iglesia de aquellas personas que decidieron “comprarle” a la Curia el terreno. Con esto se entendió legalizada la venta y “globalizadas” las escrituras y se les ha venido cobrando un único impuesto.
Sin embargo, para quienes no hicieron lo anterior, se dio por entendido que seguían siendo dueños de la casa construida y no del terreno donde esta reposa. Entonces, la Oficina de Catastro decidió otorgarle dos cédulas catastrales y acordó con la Secretaría de Hacienda que se cobrara un impuesto global que unificara el avalúo de ambas cédulas.
Algunos aceptaron el pago del tributo, pero otros no. Dicen que no van a pagar el impuesto de un terreno del cual no son dueños, pues la que figura como propietaria es la Iglesia.
“La gente tiene la noción de que se les está cobrando doble impuesto, pero no es así. La Oficina de Catastro tiene su predio dividido en dos, y le asigna a cada cédula catastral su respectivo avalúo”, asegura Alonso Pulido, auxiliar administrativo de la Secretaría de Hacienda.
“Lo que muchos decimos es que se debe pagar el impuesto que corresponde, el del ‘cascarón’ (lo construido sobre el terreno). Si el Alcalde no está de acuerdo, pues que les corra la casa a todos. El Municipio debe mirar qué solución se les puede dar. La idea es que la gente no pierda su casa”, afirma Esperanza Camacho, habitante del pueblo. Tal es el problema, comenta Pulido de la Secretaría de Hacienda, que el alcalde Diego Fernando Porras incluyó el tema dentro del Plan de Desarrollo, con miras a encontrar una solución para poder sanear lo que ocurre.
Y es que de esto no se salva ni el Municipio, pues el inmueble donde funciona la Alcaldía, así como el del Centro Cultural ‘Lucas Caballero’, vive la misma situación: no son propiedad de la Administración Municipal y, por tanto, no cuentan con el certificado de libertad y tradición, necesario para adelantar obras de ampliación y remodelación, las cuales son urgentes y ya están aprobadas por la Gobernación de Santander.
Para el notario Fernando Sarmiento la Alcaldía no ha tenido en cuenta lo que dice el documento de la donación, pues nadie puede explotar estos terrenos. Según el documento una de las condiciones fue:_“Que de ninguna suerte se pueda vender, trocar o enajenar dicha tierra, sino que debe perpetuarse para que su producto o rédito sea en beneficio y culto de Nuestra Señora, y que si lo contrario se hiciera de cualquier modo que se verifique, por el mismo hecho sea revocada esta donación y de consiguiente entren mis herederos o sucesores en el goce y posesión de ella como cosa propia”.
¿Cuál sería la salida? Según Alfonso Pulido, el Municipio podría solucionar el tema desde lo tributario, más no lo relacionado con la propiedad de los inmuebles. Sin embargo, esto no es garantía, pues podría darse un problema mayor en materia fiscal. “Debemos entregar cuentas a los entes de control. Podríamos aplicar la prescripción, cobrar solo los últimos cinco años de impuestos, pero cuando venga el ente de control nos va a preguntar por qué lo hicimos. Esto podría ser un daño Fiscal”, añade el funcionario.
Lo cierto es que 200 años después de que el alma caritativa de Don Juan Crisóstomo Echeverría decidiera donar su vasto terreno a la Virgen de la Candelaria, buscando la redención eterna, aún no logra descansar en paz.
En Suaita no han valido las misas, las súplicas, las oraciones ni mucho menos las fiestas patronales, para salir de este enredo. El pueblo sigue sumido en la historia y muchos, como se comenta en las bancas del parque y las panaderías, viven al mejor estilo del clásico vallenato de Rafael Escalona, ‘en casas en el aire’.
Las ánimas perdieron las tierras
Una situación similar se presentó en el municipio de Concepción, Antioquia. El sacerdote del pueblo, Carlos Andrés Lopera, demandó a las ánimas para poder remodelar la iglesia del lugar, pues el terreno donde se ubica la edificación fue escriturado en 1860 por Nepomucena Osorio, una adinerada mujer, a la “cofradía de las ánimas benditas del purgatorio”.
El cura adelantó el proceso con el fin de habilitar la titularidad de las escrituras y de esta manera recuperar el templo, y así, adelantar los trabajos de remodelación.
Finalmente, en septiembre del año pasado, el Juzgado Primero Civil del Circuito de Rionegro, mediante la sentencia 0151 de 2012, accedió a las pretensiones del demandante y falló a favor del poblado, quien de ahora en adelante figura como su propietario.
La solución
Según Martha Acelas Beltrán, directora de la Oficina de Instrumentos Públicos de Socorro, en Colombia rige para la tradición de los predios el título y el modo. Cuando la parroquia quería vender y se acercaban a Instrumentos Públicos a registrar el trámite, el título que la parroquia citaba como tradición no se encontraba registrado. “Ellos citaban en la escritura de venta una donación perpetua que le hicieron a la Virgen, pero no citaban el número de registro. Por eso, no seguimos con el proceso y lo detuvimos. No se le puede abrir un folio a algo que no existe en registro”, explica la funcionaria.
El abogado Avelino Calderón Rangel, especialista en derecho de familia, las personas que habitan las casas del casco urbano de Suaita deben iniciar un proceso de pertenencia contra personas indeterminadas. “La Virgen de la Candelaria no tiene apoderado, no es de carne y hueso, no es persona legal”, comenta el experto.
Con respecto a esto, Acelas Beltrán agrega que son varias las personas que han adelantado este proceso y las últimas ventas se han registrado como una posesión.
En lo relacionado al impuesto, Calderón Rangel asegura que debería existir un solo impuesto. “Existe solo un impuesto predial sobre la construcción y el terreno en el que se levanta, porque no son independientes. Una vez se haga el proceso de pertenencia esto se aclararía”, explica el jurista.














