El pasado 7 de junio la CAS confirmó que el Procambarus clarkii, conocido en Hispanoamérica como el cangrejo rojo, ya está en Santander. Las alertas de la autoridad ambiental, así como de la comunidad científica, se prendieron porque esta especie destruye ecosistemas y es transmisora de enfermedades a los humanos. ¿Cómo llegó? ¿Cuáles son los riesgos? ¿Qué hacer si nos encontramos con uno? Esto es lo que se sabe.

Publicado por: Daniela Puentes Rueda
Después de buscarlo por años en las cuencas del río Suárez, entre Puente Nacional y Barbosa, Santander, los funcionarios de la Corporación Autónoma de Santander, CAS, hallaron al Procambarus clarkii, o cangrejo rojo, a principios de junio, en la represa La Pampa de Villanueva.
Este descubrimiento prendió las alertas de la autoridad ambiental y de la comunidad científica pues se trata de una especie invasora agresiva, y hasta caníbal, que hace daño no solo a la fauna y flora nativa sino a los humanos, pues está confirmado como vector de patógenos. Es decir, la langostilla roja transmite parásitos, hongos, bacterias o virus.
A pesar de parecer una langosta como las que se acostumbra a consumir en Colombia, este crustáceo es peligroso y por sus características invasoras no está recomendado comerlo.
“Es preocupante la presencia de Procambarus en cualquier departamento porque se trata de crustáceos muy agresivos, que suelen confundirse con gambas, langostas o cigalas, y se venden para consumo humano. Aunque en Estados Unidos, de donde vienen, sí se pueden comer, en Colombia lo recomendado es que no se haga porque son bioacumuladores de metales pesados y han sido encontrados en aguas contaminadas. En el país, incluso, está confirmada la presencia del parasito Paragonimus, que se transmite por manipulación y consumo del Procamburus, y que, usualmente, se aloja en pulmones, pero pueden pasar al cerebro”, explica Ada Acevedo – Alonso, Bióloga Carcinóloga con maestría en Ciencias.
Estos animales son unos depredadores agresivos que consumen peces, alevinos de peces, ranas, renacuajos, insectos acuáticos y cangrejos nativos. Estos últimos con una presencia impotante en Santander, lo que deriva la alerta del posible daño de ecosistemas.
“Potencialmente también podrían atacar camarones e incluso, son caníbales. Entonces comen literalmente de todo y comen bastante. Como son agresivos muchas veces lastiman a los animales no para consumo, sino por el nivel de agresividad. También consumen las plantas acuáticas, no las que tenemos como invasoras, como los juncos, el buchón y todas las que crecen en exceso, pero si se comen las que tiene un efecto grande sobre la flora y la fauna acuática”, explicó la experta, miembro de la Comisión para la Supervivencia de las Especies de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Su ingreso
De acuerdo con Jhon Cesar Neita, investigador líder de la colección de entomología del Instituto Humboldt, se sabe que el Procambarus clarkii, una especie nativa del sur de Estados Unidos, fue introducida en Colombia a mediados de la década de los 80.
“Su introducción ocurrió en 1985 cuando fue permitida la expedición de un registro sanitario como especie experimental para cultivo con fines comerciales en el Valle del Cauca. Sin embargo, después de presentarse una fuga accidental de individuos, estos se dispersaron por los municipios de Palmira, Jamundí, Cali, Guacarí, Yotoco y Guadalajara de Buga, y en la cuenca del río Cauca”, explica el experto.
En 2004 fue registrada en la sabana de Bogotá y, desde 2008, en la laguna de Fúquene. En 2012 se dio el primer hallazgo en Boyacá, en la Represa de Chivor. En 2017 fue reportada la presencia de la especie en cuerpos de agua del alto Ricaurte, Villa de Leyva y Boyacá.
Al respecto, César Castellanos, biólogo y docente investigador en biodiversidad de la Fundación Universitaria de San Gil, Unisangil, indica que el peligro de la especie está precisamente en la biodiversidad de Colombia y su falta de estaciones.
“En Estados Unidos su reproducción es controlada por los mismos cambios de estaciones. En invierno no mueren, pero se merma su actividad, lo que se ve reflejado en menor anidación. En Colombia encuentran siempre un clima apto para su fecundidad. Tienen una tasa de supervivencia tan alta como especie que ningún país donde es invasor ha logrado controlarlo”, dijo.
Castellanos cuenta que la primera vez que, como investigadores, tuvieron registro del cangrejo rojo en Santander fue gracias a pobladores de Villanueva que reportaron en agosto de 2022 una especie rara de langosta y que desde entonces han estado realizando trabajo de campo para determinar si efectivamente se trataba del Procambarus clarkii y si ya hizo presencia en otras zonas del departamento.
Según artículos científicos, por ejemplo, esta langosta también ha sido introducida en muchos ambientes a nivel mundial, con excepción de Australia y la Antártida, y en ninguno se ha logrado detener su reproducción.
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