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Lunes 24 de agosto de 2026 - 02:18 AM

Las mujeres que heredaron el cuidado de las iguanas en el Malecón de Girón

Cuando Iguanamán dejó de ir al lugar, las iguanas del Malecón de Girón se quedaron esperando quién las cuidara y alimentara. Dos mujeres decidieron ocupar ese vacío y hoy llegan cada día con frutas, pan y una tarea que ya sienten como propia.

Dos mujeres decidieron alimentar a las iguanas del malecón y terminaron convirtiéndose en las guardianas de un legado que nació años atrás. Foto: Marco Valencia
Dos mujeres decidieron alimentar a las iguanas del malecón y terminaron convirtiéndose en las guardianas de un legado que nació años atrás. Foto: Marco Valencia

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El sol cae sobre las piedras del Malecón de Girón y el aire huele a plátano maduro asado. Hay un rumor de escamas arrastrándose entre la maleza, un chasquido seco de colas que se mueven despacio, casi con pereza, como si el tiempo allí transcurriera distinto.

Las iguanas del Malecón de Girón van apareciendo una a una, cual reloj que marca la hora, todas a la espera del cariño que sus dos protectoras les manifiestan con su comida favorita.

Dos mujeres decidieron alimentar a las iguanas del malecón de Girón y terminaron convirtiéndose en las guardianas de un legado que nació años atrás. Foto: Marco Valencia
Dos mujeres decidieron alimentar a las iguanas del malecón de Girón y terminaron convirtiéndose en las guardianas de un legado que nació años atrás. Foto: Marco Valencia

Entre la gente que pasea con sus perros, los turistas que van a probar la famosa fritanga de la Villa de los Caballeros de Girón, dos mujeres caminan con bolsas cargadas de fruta picada. Nadie las presentó ante una cámara ni les puso un cargo oficial. Simplemente, un día, decidieron quedarse.

Janeth García hoy se dedica principalmente a las labores de su hogar y cuida un pequeño vivero. Pero desde hace dos o tres meses su rutina incluye una parada obligada junto a las iguanas del malecón.

Las iguanas del Malecón de Girón son alimentadas por dos mujeres que todos los días les llevan frutas.
Las iguanas del Malecón de Girón son alimentadas por dos mujeres que todos los días les llevan frutas.

Llegó a ese lugar, dice, tan pronto se enteró de que el hombre conocido como Iguanamán ya no estaba. Los animales, acostumbrados a que alguien apareciera con comida a determinadas horas, pasaron varios días buscando sin encontrar nada.

“Los animalitos ya están acostumbrados a que alguien los esté cuidando”, pensó Janeth, y ese pensamiento bastó para convertirla en su cuidadora, un compromiso que no ha fallado ningún día.

Las iguanas del Malecón de Girón son alimentadas por dos mujeres que todos los días les llevan frutas.
Las iguanas del Malecón de Girón son alimentadas por dos mujeres que todos los días les llevan frutas.

Un menú que sale de la finca

Cada mañana, Janeth recoge lo que su propia tierra le da. Banano y plátano maduro cosechados en su finca, que ella misma pica antes de repartir. A eso le suma lo que consigue en el camino: ahuyama y zanahoria que unos vecinos con tienda le regalan, lechuga y repollo que a veces compra, fresas, mangos, duraznos, manzanas y aguacate.

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Nunca falta el pan de dos mil pesos, ese gesto pequeño y fijo que repite sin excepción. Según cuenta, el legado de Iguanamán no fue solo alimentar, sino sembrar conciencia.

Las iguanas del Malecón de Girón son alimentadas por dos mujeres que todos los días les llevan frutas. Foto: Marco Valencia
Las iguanas del Malecón de Girón son alimentadas por dos mujeres que todos los días les llevan frutas. Foto: Marco Valencia

Hoy varias personas más se acercan con comida, algo que antes no ocurría con la misma frecuencia que se hace ahora, garantizando así el alimento de estos grandes reptiles de cola larga y llamativos colores.

A pocos metros, otra historia se teje con hilos parecidos. Yasmín Milena Galvis Gélvez lleva cinco meses en esta labor, aunque su vínculo con el lugar viene de más atrás. El cuidador original, un hombre llamado Albeiro, a quien conocían como ‘iguanamán’, era amigo de su esposo.

Cuando él quedó sin recursos para sostener el negocio de venta de tintos, la pareja decidió comprárselo. No hubo un cheque ni una transacción bancaria. Hubo una alcancía, llenada moneda por moneda, de quinientos y mil pesos, hasta reunir lo necesario para seguir alimentando a las iguanas del malecón.

Las iguanas del Malecón de Girón son alimentadas por dos mujeres que todos los días les llevan frutas. Foto: Marco Valencia
Las iguanas del Malecón de Girón son alimentadas por dos mujeres que todos los días les llevan frutas. Foto: Marco Valencia

Las iguanas que reconocen una mano

Milena habla de sus protegidas casi con nombres propios, como quien enumera a los miembros de una familia extendida. Lolito, Barbarito, Pepito y Guacho son los que se le suben encima sin dudar.

Ella no usa guantes y sus manos lo demuestran, marcadas por pequeños arañazos que asume como parte del cuidar de estos agradecidos animales. Reciben la comida directamente en la palma: melón, mango y papaya que Milena y su esposo compran con ahorros propios y con lo que otros visitantes aportan.

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El ritual que tiene horario fijo: nueve de la mañana, once y tres de la tarde, con una media hora adicional que usan para la limpieza diaria del espacio donde viven, dejarles agua y pan, que también saben que les gusta.

Dos mujeres decidieron alimentar a las iguanas del malecón de Girón y terminaron convirtiéndose en las guardianas de un legado que nació años atrás. Foto: Marco Valencia
Dos mujeres decidieron alimentar a las iguanas del malecón de Girón y terminaron convirtiéndose en las guardianas de un legado que nació años atrás. Foto: Marco Valencia

Milena documenta todo en una página que administra ella misma, con videos donde las iguanas trepan por sus piernas como si supieran exactamente a quién pertenece esa mano que nunca falta.

Cuando el día amanece soleado, dicen quienes las conocen, las iguanas del malecón no esperan. Corren directo hacia los brazos que aprendieron a reconocer, los mismos que un día llegaron a llenar un vacío que nadie más quiso ver.

Las iguanas del Malecón de Girón son alimentadas por dos mujeres que todos los días les llevan frutas. Foto: Marco Valencia
Las iguanas del Malecón de Girón son alimentadas por dos mujeres que todos los días les llevan frutas. Foto: Marco Valencia

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