Cuando apenas tenía siete años, comenzó su dependencia a la marihuana y tiempo después empezó a acompañar sus ‘viajes’ con el ‘pegante’. A sus cortos 10 años probó el bazuco y quedó enganchada a él, es más, fue este veneno el que la llevó a vivir en las calles y ‘vender’ su cuerpo solo para mantener su adicción.

Publicado por: Érika Juliana Martínez
Esta joven, a quien llamaremos Angie*, hoy ya tiene 18 años de edad y hace 15 meses tuvo a su pequeño hijo, un ángel que la motivó a dejar de consumir bazuco y la razón por la cual cada día lucha por borrar aquellas vivencias que le carcomen el alma.
Y es que a sus escasos 14 años de edad, comenzó a pasar sus noches y madrugadas en sectores como el parque Antonia Santos, el parque Santander y los alrededores del Hotel Chicamocha a la espera de ‘clientes’ que le dieran $15 mil o máximo $25 mil por tener relaciones sexuales con ellos.
“Todo lo que ganaba era para mí, para el bazuco… estando en la calle una persona que conocí me decía cómo hacer las cosas porque yo no tenía experiencia en eso”, sostuvo.
De acuerdo con Angie*, “al principio, cuando llegaron las menores al parque Antonia Santos, comenzaron a quitarles la clientela a las mayores y por eso se cazaron muchas peleas”.
“Éramos bastantes las que nos hacíamos casi en la mitad del parque a meter ‘pegante’ y esperar que llegara alguien a buscarnos. Todas teníamos entre 13 y 15 años… algunas de ellas siguen en la prostitución”, aseguró.
Sobre sus ‘clientes’, la joven no dudó en afirmar a Vanguardia Liberal que la mayoría eran taxistas: “paraban ahí, nos subíamos al carro y nos llevaban a otro lado… a veces los taxistas no pagan hotel sino que se tienen relaciones en el mismo taxi”.
Sin embargo, otros se les acercaban al lugar en motos, las contactaban por celular o las llamaban al hotel donde sabían que las niñas se quedaban.
Una de esas noches, recuerda Angie, luego de salir del hotel en busca de bazuco, dos hombres la abordaron y le ofrecieron venderle droga, pero “después del ‘pase’ me pusieron un cuchillo en el cuello y me violaron”.
Esta situación la llevó a huir a Bogotá, donde su vida tampoco fue fácil. Se internó en la calle del Bronx o la ‘L’, donde siguió consumida por el bazuco, ‘perico’, ‘pepas’, marihuana y ‘pegante’.
Durante dos años, Angie se prostituyó en la capital del país, hasta que por una sobredosis se enteró que estaba embarazada: “tenía tres meses de embarazo. Desde entonces dejé el bazuco pero sigo consumiendo marihuana… a veces me dan ansias pero mi hijo es quien me mantiene”.
Aunque Angie asegura que en ningún momento fue víctima de explotación, pues “yo quise prostituirme por mi ansiedad al bazuco y nunca tuve que rendirle cuentas a nadie”, miembros del Programa Zona Afecto enfatizaron que tanto este caso como el de otros niños que dicen tener o no proxenetas corresponde a un tipo de explotación sexual infantil.
Sectores identificados
1 Parque Centenario y Antonia Santos: señalados como los de mayor ‘presencia’ de niñas, niños y adolescentes en actividades de prostitución callejera.
2 Parque San Pío: Presencia de explotación sexual comercial masculina propiciada por una demanda también masculina. Es un punto de contacto y de encuentro. Los clientes explotadores no se quedan en el sector.
3 Zona Rosa: sitio de alta presencia de clientes que buscan ‘servicios sexuales’. En este sector los clientes tienen fama de tener mayores recursos económicos.
4 Guarín Morrorrico: se ha identificado prostitución cerrada y ‘exhibición’ de niñas matizada por la venta de caramelos y chicles que se ofrecen a los transportadores de carga pesada.
5 Zona norte: se han identificado niñas, niños y adolescentes en la carretera hacia la costa atlántica, esperando a transportadores de carga pesada a quienes al parecer ofrecen sus ‘servicios’ sexuales. También se presentan taxistas y carros piratas que recogen a las adolescentes en distintas horas del día.
6 Sector de la UIS: la explotación sexual no es tan explícita. Se presenta mayormente la modalidad de pornografía infantil debido a la proliferación de sitios de internet y videojuegos no formalizados.
Latente y en crecimiento
No es suficiente salir a la calle y visitar los sitios conocidos popularmente por el ‘comercio’ sexual que allí se vive noche tras noche. Para encontrarse a algún niño o niña siendo explotado sexualmente o ejerciendo la prostitución se requiere ser un cliente más y saber lo que busca para satisfacer sus deseos.
Sus ‘favores sexuales’ no son ofrecidos en las esquinas y menos ante la mirada de muchos, sino que la oscuridad y clandestinidad son los mejores aliados de esta práctica, contemplada por la legislación colombiana como un delito.
Aunque las cifras de menores vinculados a la explotación sexual son inciertas, algunas organizaciones sociales de la capital santandereana, así como investigadores universitarios no dudan en asegurar que se trata de un delito que evoluciona con el paso de los días ante la creciente demanda de este tipo de servicios.
Y es que si bien varias leyes establecen condenas de mínimo 14 años de prisión a quienes den información o promuevan la explotación sexual y una pena de hasta 32 años para quienes compren sexo con menores de edad, el comercio sexual con niños es una realidad latente y sobre todo en crecimiento.
De acuerdo con algunas organizaciones que trabajan por la protección de los derechos de la infancia, en la capital santandereana se han detectado casos, como en el norte de Bucaramanga, en los cuales las chicas están obligadas a atender un determinado número semanal de clientes. Las contactan por celular y en caso de que no cumplan con la meta una persona se encarga de visitarlas y golpearlas.
Formas de vinculación
Estas son algunas de las razonas por las cuales los menores terminan siendo víctimas de la explotación sexual:
- Resultado del proceso de calle.
-‘Enganche’ en sitios públicos como centros comerciales.
- Inducción por novios, amigos, vecinos o compañeros de colegio.
- Presión directa de padres y madres.
- Ofertas engañosas de amistad o trabajo a través de internet o de prensa.
- Secuestro, amenazas de muerte o lesiones.
- Reclutamiento forzado por grupos armados ilegales.
voces de expertos
Naya Gutiérrez
Coordinadora del Proyecto Zona Afecto
“Algo común en los casos de explotación sexual es que la mayoría de estas historias están marcadas por abandono en la familia, desprotección del Estado y abuso sexual.
Se habla de explotación sexual cuando se presenta una vulneración de derechos… circunstancias que hacen que se conduzca a esa situación por lo que el estado debe generar escenarios de protección por las implicaciones y daños sicológicos, afectivos y familiares que se generan.
Las niñas y niños entran a ese mundo por amistades, el de la esquina, de quienes les dicen que pueden ganar más plata vendiendo su cuerpo y otras veces motivados lamentablemente por sus padres. Hay familias que flexibilizan la sexualidad de sus hijos en aras de situación económica.
Es posible que haya redes que crean territorios y formas de operar que hacen que todos los actores generen ganancias para sí. La niña que se encuentra en explotación callejera es la que menos gana en ese comercio.
Raquel Méndez Villamizar
Docente investigadora de la Escuela de Trabajo Social de la UIS, líder del grupo de investigación Población, Ambiente y Desarrollo.
“Bucaramanga, por su condición de municipio receptor de población en condición de desplazamiento ha visto muy incrementada la problemática de explotación infantil.
La situación está asociada principalmente a sectores en los que desafortunadamente no hay condiciones dignas de vida y donde se ha generalizado que es una posibilidad de ingresar recursos a la familia. Lamentablemente, en algunos casos, vemos que las niñas cuentan con la aprobación y el apoyo de sus padres.
Muchas de las niñas o niños que están en explotación sexual han tenido alguna vivencia de violencia sexual previa y que no fue resuelta terapéuticamente, lo que hace que identifiquen que su cuerpo es objeto y fácilmente accede a cambio de algo.
Hemos identificado cuatro modalidades de explotación sexual comunes en Bucaramanga:
1. La utilización para la prostitución: hay un proxeneta o explotador comercial que puede cobrarle por pararse en una esquina a cambio de darles seguridad o proxenetas muy explotadores que administran los recursos que reciben las niñas y niños.
2. Trata: hay una condición particular, es que hay una captación de la persona. La trata también se presenta dentro del mismo municipio, cuando el niño o niña es llevado de un barrio a otro y son sometidos a la voluntad de otra persona.
3. Pornografía: para videos principalmente: los comercializan en algunos lugares.
4. Turismo: no es muy común en Bucaramanga, pero se presenta en algunos casos”.













