Bucaramanga
Domingo 23 de septiembre de 2012 - 02:04 PM

"Yo me gané el Baloto”

*Natalia Leal es una mujer como cualquier otra. Pertenece a la clase media colombiana. Es divorciada, no ha tenido hijos y actualmente tiene una relación. Es veterinaria y trabaja en su propio negocio. Quienes la conocen dicen que es una mujer espiritual y muy generosa.

Es el sueño de millones de colombianos. Acertar los seis números de la lotería más grande del país y volverse multimillonarios. ¿Qué se siente ganarse el Baloto y cómo cambia la vida? Vanguardia Liberal conoció a una de las ganadoras de este sorteo, que aunque afirma que fue una bendición, también la hizo alejarse de lo que más amaba en la vida. (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
Es el sueño de millones de colombianos. Acertar los seis números de la lotería más grande del país y volverse multimillonarios. ¿Qué se siente ganarse el Baloto y cómo cambia la vida? Vanguardia Liberal conoció a una de las ganadoras de este sorteo, que aunque afirma que fue una bendición, también la hizo alejarse de lo que más amaba en la vida. (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: DIANA GIRALDO MESA

Pero pocos, muy pocos, saben que esa mujer, que vive sin ningún lujo y que tiene deudas como cualquier colombiano, se ganó hace 7 años, cuando tenía 24, la lotería más grande del país: el Baloto. Esta es su historia.

Seis mil millones para cambiar la vida

“El Baloto estaba en 6 mil 750 millones. Yo me lo gané con mi novio. Llevábamos seis meses saliendo y se nos había vuelto costumbre comprarlo. El escogía tres números y yo otros tres; siempre lo hacíamos así.

Nos habíamos ido de paseo a celebrar el día de la madre en un pueblito donde vive mi mamá, allá lo compramos; pero él se devolvió para la ciudad y yo me quedé en la casa con mi mamá. Como estábamos celebrando el día de la madre, todo el mundo estaba allá, los tíos, los primos, mis hermanas, todos. Varios de mi familia habían comprado el Baloto, por eso todos estaban pendientes del sorteo. Yo no tenía el billete, porque con el billete se había quedado mi novio, pero me acordaba de los números.

Entonces empezaron a salir los números y yo ¡ay, ese lo hice!, ¡ay, ese lo hice!, ¡ay Dios, ese lo hice!, Yo estaba en silencio, no le decía nada a nadie. Salió el cuarto número y yo dije, ¡Dios, me lo voy a ganar! Y en el quinto número el corazón se me empezó a acelerar, tú haces fuerza y piensas ¡puede ser, puede ser! Yo estaba callada y me empecé a poner blanca, fría. Y terminó el sorteo y pensé ¡Me lo gané, Dios mío, me lo gané! Pero no dije nada. Tú no crees, además no tenía el billete para comparar. Tú te has imaginado mil veces qué harías, cómo sería, pero cuando realmente pasa ese momento  tú dices ¡no, no puede ser verdad! Es súper complicado describirlo.

Empecé a llamar a mi novio y el a mí al tiempo. No nos entraba la llamada, hasta que por fin hablamos y le dije: ¡cogimos el Baloto! El no había visto sino el final del sorteo y me dijo: ¡dime los números! Fueron el 08, 09, 12, 30 37 y 39. Y el gritó ¡nos lo ganamos! ¡Nos lo ganamos! Yo no decía nada, era como estar soñando. No lo crees. Él me decía sí sí, nos lo ganamos. No podíamos hablar mucho, colgué y le dije a mi hermana: creo que me gané el Baloto. Ella me abrazó, me dijo que bacano y no dijimos nada. Me fui a la cama y no dormí en toda la noche. La verdad, no dormí en muchos días. Así como cuando estás preocupado no duerme, cuando estás tan feliz tampoco, empiezas a pensar qué vas a hacer.

Despertar siendo millonario

Al otro día mi novio madrugó y se fue a preguntar a un expendio si había caído el Baloto. Le dijeron sí, cayó por allá en un pueblito. Todo el mundo en el pueblo decía que ahí había caído el Baloto, y yo que me moría. Duré en shock como tres días.

El sorteo fue el sábado. El domingo le conté a mi mamá y se puso a llorar. Nosotros éramos una familia de clase media educada, yo era profesional, nunca había sido pobre, pero jamás había sido rica. Estaba feliz, pero también con mucho temor, porque, por ejemplo, no me quería ir de la ciudad. Quería seguir mi vida normal, pero es imposible.

El lunes llamamos y dijimos: creemos que tenemos el billete ganador, ¿qué hay que hacer? Hay que llamar a un número y ahí te dan una cita con una persona. Esa persona verifica los números y que el billete sea verdadero. Lo pasan por una máquina y todo. Tu especulas todo el tiempo, ¿qué hacemos? ¿De aquí para dónde salimos? Te da miedo que la gente se dé cuenta. Lo primero que te dicen es que le cuentes al menor número de personas posible. Los de Baloto tienen la plata en un banco y ellos te dicen: ‘si usted quiere se puede llevar su plata, pero si no, nosotros lo asesoramos para que no se la lleve toda. Quédese aquí con total confidencialidad’. Ellos te hacen todo el portafolio de inversión, porque claro, también ganan mucha plata administrando ese dinero.


Nos contaban de muchos casos que a los dos o tres años de ganarse el Baloto, a las personas las habían invadido los impuestos, porque se ponen a comprar una gran cantidad de cosas que luego no tienen cómo mantener y pagar. O nos contaron también de una persona que pidió que le entregaran toda la plata y nunca volvieron a saber nada más de ella. Nos advirtieron de lo importante de no dar ‘mucho visaje’. Y eso fue lo que tratamos de hacer, mantener un bajo perfil.

Uno no está preparado

En ese momento tú piensas que es muchísimo dinero. Luego te das cuenta de que si no lo sabes manejar, se va muy fácil. Mi afán era no enloquecerme, yo no quería cambiar mi vida. Puede que no era como ahorita, que son más de 100 mil millones de pesos, pero en ese momento para mí seis mil millones eran demasiado. Tenía 24 años, era mucha, mucha plata.

Lo primero que hice fue pensar en mi sobrino. Era un bebé y tenía un problema de salud. Ganarnos esa plata en ese momento fue una bendición, porque pudimos hacerle todo lo que necesitaba, si no hubiéramos tenido ese dinero, no hubiéramos podido hacerlo.

Tú siempre piensas en que quieres ayudar a todo el mundo. Nosotros le contamos a muy poquitas personas: mi mamá, mis hermanas y una tía, que era la de más plata de la familia, entonces al principio decíamos que todas las ayudas eran de ella. Luego yo puse mi empresa y empezó a crecer muy rápido, porque le invertí mucha plata en equipos. A todos les metí el carretazo de que era mi novio el que tenía plata y el que me ayudaba. Pero es muy difícil ocultar eso.

Tú no estás preparado para manejar tanto dinero. Yo ahorita digo, ‘yo no haría esto así, lo haría de otra manera’. Pero en ese momento cometí muchos errores, el principal, invertir en negocios que no conocía. Hicimos una empresa familiar, una clínica de estética, y le metimos la plata de la vida. Pero la gente cuando la plata no es de ellos, no les duele.


Perdimos mucho dinero en muchas cosas. La clínica se quebró. Pero hice todo lo que planeé: pagar las deudas, comprar una casa, invertir en un negocio, seguir estudiando. Lo primero que compré fue una casa para mi familia. Para que el niño que estaba enfermo pudiera estar ahí sin problema. Me volqué en mis sobrinos, yo les pagaba todo, el colegio, las vacaciones, la ropa, todo.

Y también me compré una casa divina en el mejor lugar de la ciudad. Pasé de vivir en estrato tres a vivir en estrato seis.

Y se rompió la burbuja

La plata te da poder y cuando tienes poder quieres que las cosas se hagan a tu manera. Yo quería ayudar a todo el mundo, pero bajo mis normas. Si tienes poder empiezas a manipular. Entonces dices, se hace así porque yo digo. El ego es una cosa muy complicada. Tanto dinero te aumenta las cosas: tanto lo positivo como lo negativo. En lo positivo, soy súper generosa, entonces quería que todo el mundo estuviera bien. Pero también soy súper controladora y quería manejarlo todo. Llegó el momento en el que todo el mundo se cansó. Nadie más quería que yo lo mandara.

Mi hermana era mi mano derecha, ella manejaba todo, me hacía todo. Yo pagaba todo. Hasta que llegó un momento en que me dijo: ‘me voy a vivir a Estados Unidos’. -¿Por qué?- ‘porque usted le está dando a mis hijos una vida que yo no puedo pagarles. Yo no quiero que ellos digan todas las oportunidades me las ha dado mi madrina y mi mamá no me ha dado nada’. Cuando ella me dijo eso, se me acabó el mundo. Me quedaba sin ella, me quedaba sin mis niños. Ahí piensas ¿de qué vale todo esto si te quedas sin lo que más quieres? Yo viví dos años en una burbuja de cristal, con todo perfecto: plata, protección, estatus, reconocimiento profesional, mi esposo. Y luego todo se fue.

Mi hermana viajó y yo me separé. La empresa se quebró. Con mi esposo nos habíamos casado año y medio después de ganarnos el Baloto. El Baloto fue lo que nos unió y lo que nos separó. Porque cada uno quería hacer una cosa y la plata te da mucha libertad. Así que empezamos a discutir, principalmente por las malas inversiones.

Yo quise tener a toda mi familia en esta burbuja, pongamos esto juntas, vivamos juntas, y terminamos asfixiándonos todos en esa misma burbuja. Presté mucha plata y no me pagaron. Solo mis verdaderos amigos, los que estaban antes  y estuvieron después, fueron los que me pagaron.

El ahora

Hace dos años me fui a Canadá, porque quería estudiar inglés. Ahí me separé. Le dije a mi esposo: ‘me voy contigo o sin ti’. Y me fui sin él. Habían pasado cuatro años después de haberme ganado el Baloto, ya no tenía tanta plata como antes. Antes de irme cerré mi empresa, así que estaba viviendo de la plata. Y si no produces, te la comes. Tenía que volver y pensar en algo para tener un ingreso fijo, así que me devolví y volví a montar la empresa. Me bajé de la nube.

Mi vida hoy es normal. Tengo mi empresa, trabajo, tengo deudas, tengo más patrimonio que deudas, pero no tengo la plata que tenía antes, aunque tengo más de la que tenía antes de ganarme el Baloto.

Tengo mi casa, otra casa, la empresa; tengo mi carro, me puedo ir de vacaciones. La casa que compré para mi familia quedó sola, porque todos se fueron, así que la arreglé y en el primer piso puse mi negocio y en el segundo hice mi apartamento. Estoy pensando en irme a vivir en una casa grande. Ya sé del negocio de finca raíz, así que aparte de mi empresa, estoy con esto de la finca raíz,
A veces compro el Baloto. ¿Quién no quiere ganarse 100 mil millones de pesos?  Todo el mundo siempre quiere tener más de lo que ya tiene. Además, ya aprendí. No cometería los mismos errores.
*Nombre cambiado a petición de la fuente

Publicado por: DIANA GIRALDO MESA

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