Bucaramanga
Domingo 31 de agosto de 2014 - 12:01 AM

Lo que nos hace santandereanos

La guabina, nuestras frases, la comida, el terreno agreste. Todas estas características nos identifican a donde quiera que vayamos. Así somos los santandereanos de pura cepa.

El Río Fonce con sus aguas rebeldes se convierte en la atracción de propios y extranjeros, que vienen a disfrutar de la aventura y el derroche de adrenalina.
El Río Fonce con sus aguas rebeldes se convierte en la atracción de propios y extranjeros, que vienen a disfrutar de la aventura y el derroche de adrenalina.

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Publicado por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL

Durante estos 95 años que han transcurrido desde que otro de los símbolos del santandereano nació, nos hemos ido identificando en todo el país como esa raza fuerte que no se rinde ante la adversidad.

Vanguardia Liberal en sus 95 años ha demostrado así mismo  que la pujanza y el temple así como la guabina, el bocadillo, el Cañón del Chicamocha y el aprovechamiento de una tierra difícil, nos han hecho sobresalir entre las demás regiones del país. Todos estos símbolos nos representan y cada uno de ellos es una muestra más de lo que significa ser santandereano.

Kola Hipinto hasta con mogolla

Santandereano que se reconozca fácilmente en otro departamento pregunta por la Kola Hipinto. O por “la rojita” como los abuelos llamaban a esta gaseosa con gran contenido de dulce y gas. Desde su creación hace 82 años en las fábricas de Don Hipólito Pinto, se convirtió en la bebida que acompañaría un suculento ‘piquete’ santandereano. Y es la bebida perfecta para lograr el famoso refajo, que no es lo mismo si lleva otra gaseosa.

Luchando por el cabrito

Cómo no podía el santandereano, acostumbrado a lo fuerte, escoger para comer un animal cuyo hábitat exige un máximo esfuerzo para quien quiere cazarlo: el cabro. El cabrito se hace buscar, hasta estrategia hay que ponerle si se lo quiere alcanzar. El cabro y la pipitoria son las comidas más ricas de Santander. Luego de luchar se le da alcance al que se convertirá en uno de los platos típicos de esta tierra. Muy apropiado para ejemplificar el caracter del santandereano, que siempre va por lo más alto, escalando lo que tenga que escalar.

Tan dulce como el amor

El bocadillo veleño es lo más anhelado por el santandereano que está lejos. Para la vida dura un buen dulce, para la tierra agreste un bocadillo. Ni los chinos que todo lo copian, lo hacen y lo venden, han podido con la clave del dulce santandereano, porque la paciencia para prepararlo es propia del nacido en estas tierras que sabe disfrutar, luego de que tanto ha luchado. El sabor viene de la guayaba y de la preparación artesanal. Y esta es la clave que contiene a ese sabor dulce en su justa medida para un santandereano.

El gran cañón

Hablar de las bravas tierras de Santander es hablar no solo del Río Fonce, el Gallineral y ese paso por San Gil, sino del que es considerado el segundo más grande cañón del mundo, el majestuoso Cañón del Chicamocha.

Una carta de presentación de la tierra árida de Santander. Muchos han dicho que el temple del santandereano no solo es propio de la gastronomía fuerte del departamento, sino de sus tierras secas, amarillas, desérticas, de este gran accidente geográfico que enamora a los visitantes y que se convierte en símbolo del santandereano. Sus dos kilómetros de profundidad y sus vientos lo convierten en parador turístico de locales y visitantes.

El geniecito de las mujeres: bravas, muy bravas

¿Y usted si es así de brava como dicen? Que las santandereanas planchan con la mano, hace parte de los dichos sobre las mujeres de este departamento. Usted sabe que es brava para trabajar, para sacar a sus hijos adelante y para aportar desde su profesión al desarrollo de su departamento. Y esa fama de bravas es herencia propia de  mujeres de Pinchote y Socorro como Antonia Santos o Manuela Beltrán.

Golpeado, fuerte y moviendo las manos

No están ajustando cuentas ni “alegando”, solo son dos santandereanos hablando, aunque a simple vista parecieran discutiendo. Los extranjeros se asombran por el volumen en la voz y por el constante manoteo. Y esa conversación viene acompañada del ‘Dígame’, cuya última vocal se prolonga como si le aparecieran signos de exclamación para que no quede la duda del poder de convicción sobre aquello que se habla. Y a la jerga se le suma el “toca”.

Guabina Veleña: el lamento de un pueblo

La Guabina es un lamento ancestral de la algodonera santandereana. Es una narración dolida de la dura vida en su tierra, de los amores y desamores, de sueños y de esperanzas, de algo que no sabe hacer la nacida en estas tierras: conformarse. La santanderana solo sabe afrontar la vida luchándosela. La Guabina tiene su cuna en Puente Nacional, en la provincia de Vélez. Sus letras son pícaras y fuertes. A calzón quita’o expresan el lamento popular por una vida mejor, por encontrar el amor sincero.

Santander al extremo

En estas tierras agrestes donde parece que no hay más paisaje que la tierra que corre seca por el Chicamocha, se empezó con el rafting canotaje hace 18 años y a partir de allí las altas montañas e indomables ríos son los atractivos turísticos más apetecidos de la región para darle rienda suelta a la adrenalina.

La textura de Santander

La textura no podía ser menos: el cultivo del fique se ha convertido en patrimonio ancestral de la tierra santandereana. Todavía mueve la economía de municipios como Charalá, Mogotes, Villanueva y San Joaquín y su forma de trabajarlo pasa de generación en generación contando los secretos que sacaron adelante a esta tierra dura.

Hasta concurso tiene la Hormiga Culona

De abril a junio salen de sus madrigueras para aparearse. Y afuera las esperan los campesinos de Barichara, San Gil, Curití y otros municipios de Santander con sus costales a cuestas para esquivar a machos y obreros que protegen a la hormiga culona.

En Barichara hasta concurso hay para el mejor recolector de este famoso insecto. Esta abultada hormiga se asocia con la fisonomía de muchas santandereanas caderonas. Y cada vez se hace más gourmet, pues ha sido inspiración de salsas para acompañar platos tipo fusión. Ahora saben también a queso o limón. Pero santandereano que se respete la seguirá prefiriendo tostada, en vasija de barro, con sal y como pasabocas después de un buen trago.

El cabro y la pepitoria acompañados de una tradicional Kola Hipinto. Son nuestra comida insigne.
El cabro y la pepitoria acompañados de una tradicional Kola Hipinto. Son nuestra comida insigne.

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Campesina santandereana
Campesina santandereana

Publicado por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL

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