Recuerdos, para algunos muy gratos y para otros tenebrosos, son los que deja este lote ubicado en la carrera 40 entre calles 42 y 46 de la ciudad. Sus antiguos inquilinos hacen parte de su historia, mientras una nueva etapa está por comenzar.

Publicado por: PAOLA PATIÑO
Una gran hacienda del siglo XIX con un extenso campo que pertenecía a don David Puyana, hace parte del terreno que hasta hace muy poco se conoció como la casa del Diablo. Las historias y mitos que se entretejieron alrededor de este lugar son muchos: Dice una de estas leyendas qye Don David hizo un pacto con el diablo para vigilar a todos sus trabajadores; el diablo le dio un ‘machetazo’ al terreno y lo partió en dos y por eso no se puede construir o simplemente que era un lugar oscuro en donde ‘el Patas’ habitaba.
Ciertas o no, hace cerca 41 años se construyó en este espacio que ocupa la carrera 40 entre calles 42 y 46 un conjunto de casas, pero con el paso del tiempo las viviendas comenzaron a presentar grietas y tuvieron que ser desalojadas. El terreno tenía una falla geológica que hacía inestable el suelo y por lo tanto inhabitable.

Con el tiempo, de las casas solo quedaron vestigios y una en especial se mantuvo lo suficientemente bien como para ser ocupada por 10 años por un grupo de habitantes de calle y recicladores.
Los habitantes de la Casa del Diablo
En semana santa del año 2012, Iván Reina, director y productor general del documental, “Los habitantes de La Casa del Diablo”, decidió ir en busca de esa casa embrujada de la que tantas historias había escuchado con el fin de tomar algunas fotografías.
Detrás de un montón de matorrales, con algo de temor por las advertencias de que lo podrían robar las personas peligrosas que rondaban esta casa, entró con la terquedad que lo caracteriza.
Muy contrario al lugar siniestro que le describían, Reina encontró un sitio tranquilo, con un ambiente rodeado y atrapado por la naturaleza. Tras unos minutos en el lugar, pudo escuchar una voz. No era un espanto, se trataba de ‘Fercho’, uno de los habitantes más antiguos del lugar.
“Con lo que me dijo me bastó para generar muchas dudas y preguntas… pensar a largo plazo en poder crear algo como trabajo de grado, pero una película que hable de la ciudad, de esa intención mía de reivindicar personas o prácticas que se miran con tanto perjuicio…”, cuenta Reina.
A final del 2012 Iván, bogotano de cuna y que ha vivido toda su vida en la capital, volvió a Bucaramanga durante un mes en donde tiene familia, con el fin de investigar y conocer con mayor profundidad qué pasaba en ese lugar que a los habitantes de sus alrededores generaba tanto temor, no solo por los mitos del diablo, sino por los robos y consumo de drogas que denunciaban.
En este tiempo, además de ‘Fercho’, conoció al ‘Gomelo’, al ‘Hippie’, al ‘Diablo’ y al ‘Viejo’, entre otros. En promedio siempre habitaban el lugar 10 personas, algunas permanentes. Así pudo darse cuenta no solo de que se trataba casi que de una familia, sino de personas que soñaban embellecer su casa, que tenían mascotas y que además esperaban que en algún momento la gente les dejara de temer.

“… Cuando yo llegué lo que vi fue personas con sus cuartos, sus cosas, sus mascotas… tenían puertas. No sé, uno empieza a evaluarse y se da cuenta de que ellos dignifican esto y que lo único que quieren es un lugar digno para pasar sus días…”, relata el director del documental.
La mayoría de sus habitantes si bien eran consumidores de estupefacientes, pasaban la mayor parte del tiempo reciclando por la ciudad y llegaban al lugar a descansar.
Pero, ¿qué tan diabólico era este lugar? ¿De verdad se trataba de su casa?
“Este lugar sí tenía una energía bastante pesada. La noche era un momento bastante tenso, les tocaba iluminar con velas y hogueras. En esa dinámica de estar tan confinados en la oscuridad y que los sonidos del bosque que los rodeaba se ponían más fuertes… la casa sí adquiría otra energía… en el tiempo que estuve jamás me asustaron, pero el hecho de que ellos vieran la casa como algo vivo sí cobró relevancia para la investigación y la película…”, comenta Iván.
Para estos recicladores era una extraña relación entre el amor porque la casa les ofrecía un lugar donde pernoctar cada noche, pero al mismo tiempo de temor por lo que decían que allí había pasado, como asesinatos, interrogatorios con torturas, sacrificios. Pues, aunque en el tiempo que estuvo Iván produciendo su película, no vio nada extraño más que unas personas que convivían de manera quizás distinta a la de muchas, no eran unos criminales, pero antes de ellos llegar sí aseguran que ocurrieron cosas muy malas.
“La regla número uno en la casa del diablo, por lo menos en el tiempo en el que estuve, era evitar los problemas. No meterse en líos legales, no encubrir a nadie, si la Policía los interrogaban decían la verdad …”.
El parque
Durante el año 2013 en que se rodó la película, Iván recuerda que la Cdmb iba con cierta frecuencia a limpiar el lugar y como una manera indirecta de decirles que los iban a sacar aunque nunca se les informó formalmente.
“Cuando les dijeron que los iban a sacar fue la noche anterior a la demolición de las casa, como 10 horas antes. Y cuando se los anunciaron, la productora de campo que es bumanguesa… fue la que nos llamó a Bogotá a contarnos y por eso decidimos viajar para estar con ellos y grabar un poco este momento de transformación total...”, recuerda Reina.
Para este cineasta, la comunidad del sector y la ciudad tienen una gran deuda con los habitantes de esa misteriosa casa, porque si bien era necesario el cambio, jamás se les dio la oportunidad social de verlos como personas y no como delincuentes.
“Ese término tan fuerte como es la clase social sigue imperando… al final lo que termina afectando es la dignidad. Tras el desalojo les pregunté, bueno y si no hay casa, ¿cómo se ven fuera de este lugar?, ¿qué van a hacer? Y bueno, ellos eran conscientes de que no era de ellos y si algo les valoré de su estilo de vida, era que era completamente ajeno al apego… valoraban demasiado la amistad que tenían entre ellos”, relata el cineasta.

Desde el año 2014 la Corporación para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb, comenzó el proceso de compra de predios, 30 en total, que ocupaban las 2.5 hectáreas de este lote abandonado.
“Por directrices del director de la Cdmb se buscó recuperar una zona con el fin de agregarle pulmones a la ciudad... Pensamos en un proceso de evaluar el sitio, sus componentes: primero por su ubicación y su relación con elementos del sector. Además que siempre sobre ese predio existe una falla…”, cuenta el arquitecto Cristián Reyes, subdirector de Gestión de Riesgo y Seguridad Territorial de la Cdmb.
Al suelo, por la falla que tiene el terreno, se le debe controlar el agua, tanto interna como superficial, a través de un sistema de canalización y alcantarillado especial.
El parque de La 40, como ya se le conoce y no por su nombre oficial, Carlos Virviescas, cuenta con un sendero ecológico cargado de vegetación, que en gran parte se mantuvo y respetó durante la construcción, así como de nuevas especies endémicas de Santander como la Ceiba Barrigona y diversas orquídeas. Así mismo, tiene un parque infantil, un gimnasio al aire libre para las personas y uno para perros.
“Este sitio se convierte en un nuevo pulmón para la ciudad. Y para nosotros en la siembra y conservación de especies en peligro de extinción de nuestro departamento. Entonces el jardín botánico va a establecer en el parque una colección de árboles, arbustos y orquídeas en riesgo de desaparecer…”, asegura la bióloga Alicia Rojas, profesional especializada de la Cdmb.
Durante un año, después del desalojo a los habitantes de la extinta ‘Casa del Diablo’, ‘Fercho’ y ‘Rosita’ que son pareja, fueron los únicos a los que dejaron vivir en el lote mientras se construía el actual Parque, y hasta ayudaron en la realización del proyecto. El resto, acostumbrados a rebuscarse su vida en la calle, lo siguieron haciendo y pagando noches en pensiones de la ciudad. Su amistad, como suele suceder, tomó caminos distintos.
“Supe que querían construir un parque y conocí esta palabra que le ponen a este tipo de proyectos, y que a mí personalmente me molesta mucho, que es recuperación… pero realmente esto es una mentira. No hay una razón de peso para considerar que derrumbar una casa en ruina, donde vivía gente, sea una recuperación, sino que es una transformación que tenía que ocurrir …”, concluye el director y productor general del documental.
Hoy el lugar esta ad portas de abrir sus puertas con el fin de convertirse en un nuevo escenario deportivo, cargado de naturaleza, de paz y sin duda concluir la historia que por años habitó entre los bumangueses.















