Bucaramanga
Lunes 29 de agosto de 2016 - 11:00 AM

El Rugby quiere cambiar vidas en Bucaramanga

Siguiendo un claro ejemplo, el de Nelson Mandela, que logró a través del deporte unir a un país dividido por el color de la piel, César Pinilla, junto a un grupo de amigos con los que jugaba rugby en la universidad, pretenden hacer lo mismo pero con los jóvenes privados de la libertad por diversos delitos.

El Rugby quiere cambiar vidas en Bucaramanga
El Rugby quiere cambiar vidas en Bucaramanga

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Publicado por: PAOLA PATIÑO

En un ambiente amplio, al aire libre, rodeados de caballos, patos y vegetación, 18 jóvenes que viven en La Granja de Hogares Claret entrenan, cinco días a la semana rugby. Lo hacen desde hace un mes.

Los que se encuentran en este lugar, conocido como La Granja, son los jóvenes que debido a su buen comportamiento y al proceso de reeducación que llevan en la Casa de Menores, en donde son recluidos los adolescentes que han cometido delitos graves como homicidio o extorsión, entre otros, fueron privilegiados con unas mejores condiciones y mayores oportunidades de un nuevo comienzo.

Y es esta oportunidad la que César Pinilla Orejanera, un abogado y jugador de rugby, quiso aprovechar tras trabajar algunos años con el Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil, para crear un equipo de este deporte, pues en su experiencia laboral pudo darse cuenta de la cantidad de falencias del sistema, entre las que están los pocos programas de reeducación que ofrece el Estado.

Por ejemplo, en el caso de los jóvenes que están en la Casa de Menores, no tienen acceso a la universidad, a menos que se la paguen ellos mismos y solo ven un módulo de carpintería. Ah, y de vez en cuando los dejan jugar en una cancha de microfútbol. De resto, cero alternativas, por lo que la violencia y los delitos sexuales son los que mandan la parada al interior de estos lugares.

“… Vine a Hogares Claret y observé que había problemas de convivencia, de agresión y pensé en el rugby como una alternativa de aprendizaje de algo distinto, para que aprendieran algo que yo adquirí con este deporte, ser una mejor persona… Hogares Claret hace un esfuerzo muy grande por mantener a estos chicos bien, pero no depende de ellos, las instituciones no se comprometen, por ejemplo el InderSantander o Inderbú no van a ofrecer programas de deportivos…”, explica Pinilla Orejanera, aclarando que en el caso de La Granja, también les ofrecen equinoterapia.

Pero iniciar, como cualquier cosa en la vida y más de este tipo de ideas, le costó mucho. Al principio obtuvo muchos sí e interés de varias personas e instituciones, sin embargo a la hora de hacer el proyecto una realidad, solo obtuvo el apoyo de la Defensoría del Pueblo, entidad para la que trabaja, y de sus amigos del equipo de rugby.

“Cuando me reuní con los egresados de la UIS, con quienes jugamos rugby les conté lo que quería hacer y que ni las ligas, ni el Icbf, ni el Sistema de Responsabilidad Juvenil me ayudaron. Así creamos esto con base en personas y no instituciones…”.

De esta manera, solo con su distintivo de funcionario de la Defensoría (una palomita) y una idea clara del proyecto que quería formar para los jóvenes, se acercó a los Hogares Claret para hablar con su directora, Clara Díaz Lizarazo, quien acogió la idea. Y arrancaron.

La hora del juego

Son las 5:00 pm y bajo un oscuro cielo piedecuestano que anuncia la lluvia, un grupo de nueve jóvenes corren por la improvisada cancha de tierra y pasto que tienen en la finca.

El balón pasa de mano en mano y en una especie de juego de ponchados comienzan el entrenamiento que dirige Carlos Chacón, entrenador y jugador de rugby del equipo Los Toros de la UIS.

“Cuando uno llega a la universidad, de otro pueblo sin conocer a nadie, este deporte lo acerca a una a otra familia y le enseña la importancia de contar con otras personas…”, cuenta Chacón, quien reconoce que iba predispuesto a encontrarse quizás con un grupo de jóvenes rebeldes y retadores, que no le iban a hacer caso, por lo que iba a ser muy difícil enseñarles. Sin embargo y en contra de todo estigma, halló un montón de niños que solo querían jugar, divertirse y alejarse de su realidad.

“Esto no es unos ‘manes’ bruscos ahí golpeándose. No. Esto tiene otro contexto y es enseñarles a estas personas que el rugby puede ser su estilo de vida y la filosofía de no dejarse tumbar y si pasa, pues deben levantarse y seguir adelante”, aclara el entrenador.

Aunque llevan solo cerca de un mes entrenando, ya Chacón observa en sus pupilos talento y ganas para aprender y ser, por qué no, parte de un equipo de rugby que represente al departamento en competencias nacionales.

El equipo

Hace 29 meses Fernando* está en La Granja y aún debe esperar siete meses para quedar en libertad. Aunque no conocía el deporte, espera por medio de él, como el resto de sus compañeros, tener una oportunidad para hacer algo nuevo en su vida.

“Uno aprende  a levantarse de los errores, uno aprende  a trabajar en grupo, se divierte y sale de la monotonía diaria…”.
El resto de sus compañeros, quienes por alguna lesión o excusa decidieron no entrenar hoy, los observan, se ríen con las caídas y los ‘tackles’, una jugada del deporte en donde se tumba a su oponente y se defiende la posesión del balón.

Algunos con guayos, otros en tenis de tela y otros más descalzos corren animadamente detrás del balón, como lo hiceron en su niñez o en el tiempo en que estuvieron fuera de este lugar.

Tras unos minutos de juego suena el pito y el balón se detiene para darle paso al estiramiento. Circuito y ‘tackles’ es lo que van a hacer hoy. Unas cuantas vueltas en el piso, corren y ‘tacklean’ un saco de boxeo.

Todos se ven motivados, concentrados y como algo poco común en ellos, obedientes. No les importa la tierra o sangre que ya tienen algunos por las caídas, siguen entusiasmados. Las caras de dolor se confunden con la risa que provoca la cara en tierra de sus compañeros.

Otro de los que ese día juegan es Carlos*, de 21 años, quien está desde hace tres privado de la libertad por haber asesinado a una persona. Aún le hacen falta cuatro años para salir y en todo el tiempo que ha estado lejos de casa, además de terapias y uno que otro taller, jamás había tenido la oportunidad de practicar un deporte, por lo que asegura que liberar tanta adrenalina lo aleja de la agresividad.

“Pues a mí siempre me ha gustado la adrenalina, las actividades de contacto. Me gusta caerme y levantarme porque así es en la vida, muchos totazos pero hay que seguir. Me gustaría llegar lejos con este deporte, a ver si el día que salga seguimos o no. Me ayudaría mucho a salirme de tantas cosas que uno vive en la calle”.

Su compañero, Alberto*, un menudo joven de 19 años, quien está desde hace 34 meses privado de la libertad por el delito de extorsión, tiene sueños mucho más grandes, por lo que no duda que por medio del rugby puede llegar a darle glorias a su país.  

“No soy muy bueno que digamos, pero estoy tratando de dar lo posible… Y si Dios quiere poder brindarle triunfos a Colombia como lo que pasó en los Olímpicos”, dice Alberto* a quien le hacen falta 14 meses para salir.

Son las 6:00 pm y el entrenamiento ha acabado. Un círculo se arma en medio de abrazos, unas cuantas palabras del entrenador y las manos se unen junto a las voces y al unísono gritan “¡Fénix!...”. Sí, así decidieron llamar al equipo, pues como el ave mitológica, esperan resurgir de sus cenizas.

“Entrar de una realidad en la que tu libertinaje es el que manda a llegar a un encierro de cuatro paredes es duro. Saber que estás lejos de la sociedad y de los que amas… La primera vez pensé qué juego tan duro, pero cuando comenzamos el entrenamiento ¿sabe qué?, es muy fascinante… este deporte es una enseñanza de fe, de esperanza, de saber que no todo está perdido. Siempre hay una oportunidad de alcanzar los sueños y eso es lo que vemos al final de la cancha de rugby…”, comenta Pedro*, un joven de 21 años a quien aún le quedan dos años de condena. Pese a haber cometido un homicidio, ni su aspecto, ni su manera de hablar, reflejan a alguien agresivo y en cambio, si se ve muy tranquilo, en medio del dolor que le ha causado una mala decisión.

El sueño continúa

Y es que, entre los 14 y 16 años un menor puede cometer 50 delitos y jamás va ser privado de la libertad, a menos que incurra en homicidio, extorsión y delitos sexuales. Mientras que los mayores de 16 años, y siempre y cuando la pena prevista sea mayor de 6 años, deben recibir una medida intramural.

Es por esta razón que ahora la labor, o mejor el sueño de Pinilla es replicar esto con los jóvenes “más problemáticos” del Sistema Penal Juvenil que se encuentran en la Casa de Menores y que son, en su mayoría, ya mayores de edad, pues la ley dice que deben cumplir su sentencia hasta los 25 años en este lugar.

“Estoy absolutamente seguro que el deporte canaliza a los chicos… El ejercicio como transformación social es una cosa que históricamente ha funcionado. Mandela acabó el ‘apartheid’ uniendo al país en torno al rugby y se hicieron campeones mundiales… Si estos chicos salen a sus comunidades diciendo, vengan, vamos a darnos en una cancha y que ese sea el único campo de violencia, sus delitos se van a acabar…”, concluye con la energía y positivismo con los que siempre habla Pinilla, un abogado que abraza a sus clientes y tiene una esperanza intacta, en medio de tantos casos que maneja, que las cosas siempre se pueden hacer mejor y que dentro de toda persona siempre hay un buen ser humano.

Publicado por: PAOLA PATIÑO

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