Bucaramanga
Lunes 10 de octubre de 2016 - 12:01 AM

Germán Pinzón: el zapatero de las reinas

En el mundo de la moda solo los mejores alcanzan un puesto dentro de la élite. Un oriundo de Charta, Germán Pinzón, no paró de buscar la excelencia hasta lograr que el estilo de sus zapatos alcanzara el cielo: estar en las pasarelas de las reinas. Germán, incluso ha calzado a Shakira.

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

En este cuento de hadas, Germán es el fabricante del zapato que Cenicienta luce para estar perfecta en la fiesta donde conocerá al príncipe. Cada noviembre en Cartagena, cuando su zapato calza los pies de las reinas, Germán es el protagonista de una historia donde, usualmente, el papel del zapatero pasa desapercibido. En su caso, por el contrario, es él quien cuenta la historia.

Germán se ríe mucho y habla rápido. Nació en Charta, Provincia de Soto, Santander, y llegó a los 7 años al norte de Bucaramanga. Tras el fallecimiento de su padre se convirtió en la columna vertebral de sus ocho hermanos y su mamá. Como recuerda poco las fechas, es su esposa y aliada, Luz Marina, quien hace memoria de los premios que han ganado con su calzado, cuándo se conocieron y hasta cómo comenzó su trabajo como zapatero.

“Por medio de la familia va uno aprendiendo. Las empresas de Bucaramanga son de papá, mamá, los hijos, porque como aquí no hay una universidad para aprender a hacer calzado, le toca a uno empíricamente a través de ellos aprender a guarnecer, a escoger los cueros, a clasificar los materiales y qué calibre se usa para zapatilla fina, para zapato de hombre”, comenta Germán.

En agosto de 2003 Germán recibió el premio Cenicienta, otorgado por el comité de Chica y Chico Med en Antioquia. Su zapato fue el más bonito, el mejor diseñado. Digno de vestir el pie de una princesa. Ese día, Germán vivió su propio cuento de hadas.

Érase una vez

Érase una vez un hombre que había luchado durante los primeros 30 años de su vida para ser independiente y salir adelante. Este hombre lo había intentado todo: trabajar en construcción y otros oficios. Sin embargo, su familia se había dedicado siempre a la zapatería, así que fue guarnecedor y estudió diseño de calzado en el Sena. Organizado siempre y conocedor del proceso de hacer zapatos, aseguró el timón de la fábrica artesanal que le había dejado su abuelo a un tío. Pero Germán, inconforme con ser empleado, buscaba por todos los medios independizarse.

Al poco tiempo de iniciada la tarea, reconoció que necesitaba una esposa que lo acompañara en la lucha para destacar en su oficio. Por un tiempo pensó que ninguna mujer aparecería, pero entonces Germán conoció a Luz Marina, el 6 de junio 1991 –ella dice la fecha sin titubear-.

La historia de Germán, hasta ese momento, había estado plagada de obstáculos. Siendo mensajero en una fábrica de calzado para hombre, aprendió a hacerlos. Siguió con el de niño, con el de niña. Estudió diseño en el Sena. En paralelo, trabajó también como maestro de construcción. Germán es perfeccionista, se convierte en el mejor en lo que aprende, pero para finales de los noventa no se decidía a entrar del todo en la industria del calzado. Le faltaba algo, le faltaba un impulso.

“Ya me estaba pasando el tiempo. Ya tenía 30 años. No querían dejarme ir en la empresa de mi tío porque yo sabía de todo, por mi conocimiento. Yo hasta fui solador. Pero llegaba la liquidación en diciembre y le compraba todo a mis hermanos y quedaba otra vez sin un peso. Y yo siempre quise ser independiente. Ya di el salto cuando me dije tengo que buscarme una esposa. Tenía miedo porque no tenía la suficiencia para tener mis hijos, pero pensé que si no conseguía a alguien en ese momento, me iba a quedar solo. Entonces nos conocimos con Luz Marina y ella ha sido una columna muy grande”, cuenta Germán.

Montaron su fábrica en La Victoria. A la mamá le dio duro su independencia, pero Germán tenía que hacerlo. Comenzaron fabricando zapato de niña y parecía sonreírles la suerte: desde CalzaCosta, Barranquilla, les solicitaron un pedido de zapato de hombre. Lo hicieron todo bien, pero el calor costero despegó la suela: 500 pares perdidos, 200 millones de esta época se le fueron como agua entre los dedos.

Después de ese requiebro, Germán y Luz Marina hicieron lo que mejor saben hacer: recuperarse. Viajaron a Cartagena con zapato de niña, que se hace rápidamente y se vende bien. Encontraron allí a los Gómez, dueños de Calzado Bucaramanga. Ellos compraron los 120 pares que llevaban. El de niña era hasta el momento su zapato dorado, pero la zapatilla de dama se impuso. Cuesta lo mismo hacerla, pero vale más al venderla. Había nacido Calzado Paraíso.

Con el tiempo, Germán recibió el premio al mejor calzado para la Chica Med, en octubre de 2003. Con este primer galardón se abrieron las puertas para calzar a las reinas en Cartagena.

De las reinas a Shakira

Luego de un tiempo de calzar a las reinas, gracias a la buena impresión que causó en Alfredo Barraza a principio del nuevo milenio, reconocido en todo el país gracias al premio Cenicienta, Germán vivió un nuevo reto. Los mercados de Venezuela se abrían para él y entusiasmado por el volumen de compra, Germán descuidó a sus clientes en el país. Al romperse en 2008 las relaciones con Venezuela, tuvo que regresar a sus compradores regionales, quienes molestos le recriminaban. Sin embargo, una vez más, como en un cuento de hadas, Germán y Luz Marina renacieron.

Consiguieron una invitación a exponer sus productos en Miami, y a pesar de que le negaron la visa varias veces, Germán persistió. Su zapato fue escogido para ser expuesto en esas grandes vitrinas de la ciudad, sin saber que su compatriota, Shakira Mebarak, se enamoraría de él y se lo pondría. Germán vio en ese momento especial, cuando le dijeron que semejante estrella calzaba su producto, redimidos aquellos días difíciles de los que salió gracias a su talento. El cuento de hadas de Germán va escribiendo un final feliz.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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