Bucaramanga
Martes 09 de abril de 2019 - 12:00 AM

Gente laboriosa que se abre campo en el área y en el país

Este es un sencillo homenaje a nuestros campesinos de Floridablanca, Bucaramanga, Girón y Piedecuesta.

Resistencia, disciplina, dedicación y perseverancia son algunas de las palabras que describen a la gente que está en el campo dedicada al 100% para sacar sus mejores productos, esos que encontramos a diario en nuestra mesa. (Foto: Elver Rodríguez / VANGUARDIA)
Resistencia, disciplina, dedicación y perseverancia son algunas de las palabras que describen a la gente que está en el campo dedicada al 100% para sacar sus mejores productos, esos que encontramos a diario en nuestra mesa. (Foto: Elver Rodríguez / VANGUARDIA)

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Publicado por: Redacción Área Metropolitana

Son nuestros agricultores. Ellos, tan trabajadores y humildes como su bella labor, toman en sus manos los arados y surcan la tierra de las fincas que están en las veredas de los municipios del área metropolitana.

Gracias a sus extensas jornadas diarias, la tierra ‘esculpe’ muchos de los sanos productos que consumimos.

Con el azadón al hombro, con la tierra olorosa por sus cultivos y con el sudor de sus frentes, los cerca de 3.220 labriegos que hay en Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta, nos regalan lo mejor de sus cultivos.

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Hoy evocamos cuatro historias singulares que dan fe de estas palabras. Relatamos la de un campesino que cultivó la exótica fruta del arazá en Santander, la de un labriego que consiguió el singular añejamiento del vino Casa Loma, la de un caficultor que llevó su producción a Canadá y la de un productor de limón tahití que le puso sello de exportación al cítrico.

No en vano dicen que en Santander, vivir en el campo no es obstáculo para crecer, entre otras cosas porque nuestros campesinos han logrado sobreponerse a la adversidad y a la desidia.

Estos altos índices de desarrollo guardan relación con el buen desempeño que tiene la región en la producción de cultivos, permitiendo grandes dividendos para los labriegos y para la comunidad.

Bucaramanga: ‘Mi vereda modelo’

Por: Euclides Kilo Ardila

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Desde su finca El Diviso, Alberto Ayala logró convertir su vereda, Cuesta Rica, al norte de Bucaramanga, en un ejemplo de cultivos para Santander y para Colombia entera. De hecho, el sector rural en donde ha pasado más de 45 años cultivando aguacates y cítricos, acaba de ganar el título de ‘Mi vereda Modelo’.

Él logró demostrar que en nuestra tierra también se puede lograr el mejor sabor del arazá, una fruta que hasta hace unos pocos años crecía de manera silvestre en las selvas amazónicas colombianas.

Ahora Ayala, al lado de sus compañeros labriegos, está fomentando esta exótica fruta de sabor ácido y suave textura, como la de un durazno, en tierra santandereana.

En este trabajo, se unió con el Programa Fe en Colombia y desde sus parcelas comienza a destacar a Santander por la siembra de este producto que, según él, tiene un alto valor nutritivo, ya que contiene proteínas, carbohidratos, grasas, fibra, fósforo, potasio, calcio y vitaminas A, C y B1.

Es más, también logró superar el problema que esta fruta representada, dado que después de recolectada, es lo altamente delicada y perecedera. Por ello, lidera un proceso, que ya cuenta con los avales oficiales, para su industrialización y asegurar un mejor mercadeo.

Él cuenta que con la arazá se pueden preparar postres, paletas, mermeladas, vino, sabajón, bocadillos, néctares, yoghurt y jalea, entre otros productos.

Girón: Limón tahití tiene talla mundial

Por: Íngrid Paola Albis Pérez

El limón tahití, un cítrico duro, grande, jugoso, con un precio favorable y con características que lo vuelven perfecto para exportación, se cultiva en la finca de Alberto Martínez Márquez, ubicada en el sector de El Corregidor, de la vereda Llanogrande, en Girón.

Él es un agricultor de 65 años, aunque no es el único que produce este fruto en la localidad, es de esos campesinos que vale la pena resaltar porque junto con su familia han logrado que cientos de personas tengan en la mesa alimentos frescos, de calidad y con muy buenos precios.

Si bien el sector rural no cuenta con las mejores condiciones, este humilde hombre ha logrado salir adelante y enfrentar todo tipo de obstáculos. Él simplemente es resultado de esa mezcla de perseverancia y disciplina.

Su trabajo incansable por sacarle el mejor provecho a la tierra, lo viene arrastrando como si fuera un legado, pero justamente de ahí es que se ve el tesón y la dedicación de los campesinos y productores del sector rural Girón, quienes hasta hace poco tiempo lograron sacar del país centenares de kilos de limón tahití para comercializarlo en diferentes partes del mundo.

Según lo narrado a Vanguardia, la economía de la familia Martínez Márquez, desde sus abuelos, siempre se ha sostenido de la producción de tabaco, maíz, naranja y limón. Sin embargo, los esfuerzos se concentraron en el cultivo del tahití que es relativamente nuevo si se compara con el tabaco.

En la región, actualmente, este es el cítrico de más abundancia y el que viene generando ‘jugosos’ ingresos. Alberto todos los días tiene una cita infaltable en su finca. Inspecciona minuciosamente la producción, la misma que desde hace seis años saca de Colombia y la cuida como parte de sus tesoros más preciados.

Floridablanca: Finca sostenible

Por: Íngrid Paola Albis Pérez

Fabio Nelson Reyes Bautista y María Estella Barajas, dos florideños por adopción, pensionados y quienes se dedicaron a la actividad cafetera como una forma de estar productivos a sus 62 y 60 años de edad, son los propietarios de la finca Brasil.

Este es un predio que se encuentra en la vereda Rosablanca, de Floridablanca, a 1.400 metros de altura sobre el nivel del mar. De allí, se logró sacar la primera producción de café para Canadá, convirtiéndose hasta ahora en el primer proceso de exportación exitoso en la localidad.

Reyes Bautista jamás se imaginó que en un gremio tan importante iba a sobresalir de la manera en que lo ha logrado. Es más, hoy en día es referente en el Comité Departamental de Cafeteros, además su predio es utilizado para actividades pedagógicas.

Solo en Floridablanca se han contabilizado 400 cafeteros con 520 hectáreas sembradas. Sin embargo, el producto de esta pareja no es cualquiera, ya cuenta con la certificación en Café Especial, tras cumplir los requisitos agronómicos, sociales y ambientales que se exige.

“El año pasado estuve en el Socorro en un concurso de taza y quedé finalista. Unos canadienses que se encontraban allí probaron y compraron el microlote, se lo llevaron y hace seis meses volvieron y negociaron la cosechita de 2018. Hace mes y medio la entregué en costales de 40 kilogramos para que la exportaran”, contó este campesino, quien toda su vida se ha dedicado a la actividad agropecuaria.

Arribaron a tierras florideñas hace más de tres años cuando adquirieron la parcela con un café envejecido. Procedieron con un análisis de suelo, a través del cual lograron efectuar una fertilización adecuada que les permitió aumentar la producción de 17 cargas que se producían en tres hectáreas, a 52 cargas en dos hectáreas. El café es de variedad Castillo en un 90% y el otro 10% está en variedad Colombia amarillo y rojo.

La comercialización de este café, para todos los interesados, se hace a través de la Cooperativa Cafetera del Nororiente Colombiano, Coopecafernor Ltda. Una de sus sedes se encuentra en inmediaciones del parque principal de Floridablanca.

Piedecuesta: Mora de la Loma

Por: Juan Manuel Morales

Javier Lizcano, a sus 40 años de edad, lleva una inmensa responsabilidad sobre sus hombros. Su padre fue quien llevó la primera mata de mora a Piedecuesta, por eso que es considerado en el gremio como el pionero de los cítricos.

Javier no tuvo miedo de asumir la responsabilidad y desde muy niño quiso ser como su padre, un adelantado. “Recuerdo mis primeros pasos rodeado de cultivos de mora. Fui el primer ayudante de la casa. A mis cuatro años ya recogía frutos”.

Pero quedarse en la recolección y comercialización no era el sueño de Javier, así que empezó a crear productos derivados de la mora que también pudiesen venderse.

“Comencé con dulces, postres y jugos. Eran ricos, pero no era innovador, hasta que un día quise probar algo nuevo y empecé hacer un vino de mora”, comentó Lizcano.

Lo que en ese momento parecía una idea más, terminó por convertirse en el sustento de 10 familias que trabajan con el original producto.

“El Vino Casa Loma, hecho en Piedecuesta, se ha convertido en un producto insignia del municipio. Muchos turistas vienen para que sus familias en España, Estados Unidos, Brasil y otros lugares del mundo prueben la calidad de la mora sembrada en nuestra vereda”, afirmó Javier.

Después de 12 años de funcionamiento el Vino Casa Loma produce más de 700 botellas al mes.

Publicado por: Redacción Área Metropolitana

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