Bucaramanga
Lunes 22 de julio de 2019 - 12:00 AM

Mezclas para la vida: así funciona una Central de Mezclas de Medicamentos

Combinar componentes, unir sustancias, dosificar miligramos y más es el trabajo que hacen los químicos encargados de preparar medicamentos específicos para cada paciente en una Central de Mezclas.

Los hospitales y clínicas que no tienen su Central de Mezclas compran los medicamentos ya preparados en diferentes dosis, es decir, tercerizan ese servicio, lo cual sale más costoso. (Foto: Irina Yusseff/VANGUARDIA).
Los hospitales y clínicas que no tienen su Central de Mezclas compran los medicamentos ya preparados en diferentes dosis, es decir, tercerizan ese servicio, lo cual sale más costoso. (Foto: Irina Yusseff/VANGUARDIA).

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Publicado por: Irina Yusseff Mujica

Mira, ellos son los que hacen los medicamentos que van a ayudar a que te cures. Tienen manos de ángel”, le dijo un día cualquiera la enfermera a una paciente de oncología pediátrica mientras estaban en la cafetería del Hospital Internacional de Colombia, HIC.

Le señaló a lo lejos dos jóvenes con bata y luego de acercarse se los presentó. Le explicó que no eran doctores sino químicos farmacéuticos que trabajaban en la Central de Mezclas del Hospital. La pequeña los saludó y les dijo “gracias”.

Juan Esteban Gómez, uno de los químicos y coordinador de la Central, recuerda que ese día, tras el encuentro con la enfermera y la niña, le quedó más claro que su misión va más allá de solo mezclar miligramos de una y otra sustancia hasta lograr dosis perfectas de algún tipo de medicina.

“Nuestra misión es ayudar a salvar vidas, desde aquí abajo”.

La Central

En el sótano 2 del HIC, tras una pequeña puerta que tiene cara de conducir a todo menos a un lugar donde químicos farmacéuticos y regentes de farmacia pasan todo el día preparando medicamentos, queda la Central de Mezclas.

Allí, como si se tratara de un laboratorio con alto riesgo biológico, los expertos en el tema pasan horas dentro de cuartos completamente estériles, acondicionando medicamentos en las concentraciones que cada paciente necesita específicamente.

“No se trata de que nosotros creemos los medicamentos desde cero. No, nosotros tenemos medicamentos y sustancias base y lo que hacemos es que mezclamos y preparamos diferentes concentraciones de ellos, a la medida de cada paciente porque no todos necesitan lo mismo”, explica Juan Esteban.

Al lugar se debe entrar con “traje de mayo”, como los que se usan para entrar a una cirugía, completamente limpio y nuevo, gorro del mismo material que cubra todo el cabello, tapabocas y polainas cubriendo los zapatos. El maquillaje está prohibido así que todas las trabajadoras del lugar están siempre al natural.

No hay nada que no esté esterilizado. El filtro de aire especializado, que retiene partículas y suciedad, se cambia cada cierto tiempo. El sitio, compuesto por varios cuartos (área técnica, bodega, cuartos de mezclas, zona de empaque), huele a limpio todo el tiempo.

Durante más de 10 horas al día, entre las siete y las diez de la noche, seis químicos farmacéuticos y cinco regentes de farmacia trabajan por turnos para que los pacientes oncológicos que están en tratamiento con quimioterapia, los que necesitan recibir nutrición intravenosa y los que requieren antibióticos, reciban sus medicamentos justo a tiempo y a su medida.

“No salimos mucho de aquí, solo durante el almuerzo, pero, aún así, tenemos un vínculo con los pacientes que ni ellos se imaginan. Casi ninguno nos conoce, pero nosotros a ellos sí, sabemos sus nombres, por lo que están pasando y cómo día a día luchan por recuperarse. Hacemos el trabajo siempre pensando en ellos”, asegura el coordinador de la Central.

Trabajo en equipo

Las solicitudes llegan desde Farmacia y se reciben todas en el área técnica de la Central. Cada una, con el nombre del paciente y su necesidad. En ese momento, los químicos farmacéuticos encargados del tema de calidad, hacen una primera revisión en el sistema para asegurarse de que no haya ningún error en la solicitud y de que lo que se solicitó sí sea lo adecuado para el paciente, según su historia.

Cuando todo está chequeado, se alistan los insumos y los medicamentos base y manos a la obra.

Antes de mediodía deben quedar listas todas las jeringas para las quimioterapias que se van a llevar a cabo ese día, con las especificaciones de cada paciente. Los antibióticos, las preparaciones para los pacientes que necesitan nutrición intravenosa, los medicamentos orales y demás van saliendo durante el día, pero siempre con horarios establecidos por las áreas del hospital que hacen la solicitud a la Central.

Dos veces por semana dejan lista una reserva de líquidos estériles, como soluciones salinas, que tanto se utilizan en diferentes procesos médicos y que ellos preparan en tiempo récord.

“Esos días todos nos ponemos a trabajar en eso y en una hora y media podemos sacar hasta 400 salinas”, cuenta Juan Esteban.

En total, cerca de 400 preparaciones diarias y un aproximado de 16 mil al mes se realizan en el lugar.

Granitos de arena

Son las once de la mañana y en uno de los cuartos, completamente cerrado y esterilizado, la química encargada de preparar los tratamientos para quimioterapia ya está “mezcla que mezcla”. Su labor es tan importante como rigurosa. Necesita, además de mucha concentración y habilidad, más protección que los que están afuera.

Usa unos guantes especiales, con doble bolsa protectora y un traje que cubre desde la cabeza hasta los pies. No usa tapabocas sino una máscara con un filtro especial que la protege de algunos gases a los que está expuesta mientras prepara las dosis.

Durante más de tres horas produce entre 50 y 60 medicamentos y durante ese tiempo solo está en contacto con los demás a través de un intercomunicador y una ventanilla por la que entra y sale el material. Cuando hay varias jeringas oncológicas ya listas, ella abre la ventanilla los deja allí en una canastilla y vuelve a cerrar rápidamente. Afuera, quien los recoge, los lleva a un control de calidad y por último al área de empaque, a donde llegan a través de otra ventanilla igual a la del área de mezclas.

Antes de sellar completamente el paquete se hace una última revisión para estar seguros de que la concentración o el tipo de medicamento sí corresponde al nombre que está en la etiqueta. Una vez todo confirmado, se pone en una bolsa naranja, se sella, se vuelve a etiquetar y se pone en una cava pequeña para ser llevado al Sótano 1, la sala de aplicación de quimioterapias.

El mismo proceso, los mismos cuidados y las mismas revisiones de calidad se hacen con las mezclas de los demás medicamentos.

Cuando la auxiliar encargadas de transportar la cava con las dosis un sótano arriba, en uno de esos carritos parecidos a los que se utilizan para la comida, llega a la sala de quimioterapias, el químico jefe de esa unidad se alegra y le dice que la estaban esperando.

Abajo, los artífices de todo, enclaustrados en sus cuartos de mezclas, se imaginan a cada paciente recibiendo lo que necesita y se sienten orgullosos.

“En cada una de esas mezclas, además de los miligramos de sustancias que se necesitan para lograr la cantidad exacta de x o y medicina, va nuestro granito de arena, nuestra energía positiva para cada uno de ellos”.

Publicado por: Irina Yusseff Mujica

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