Mientras algunos departamentos han logrado aplanar ligeramente la curva, otros como Santander tuvieron un brote tardío y apenas están llegando al pico de contagios. Conozca en este informe un comparativo de cómo ha evolucionado el virus en las diferentes regiones del país.

Publicado por: Unidad de Datos
Si algo ha mostrado la pandemia del COVID-19, es que las cosas pueden cambiar en cuestión de días y los esfuerzos y sacrificios de varios meses se pueden echar a perder en un abrir y cerrar de ojos.
Santander, por ejemplo, tuvo cifras relativamente bajas de contagios por cuatro meses y en las últimas semanas surgió un brote con más de 9.000 casos acumulados y un promedio de 20 a 25 muertes diarias.
Por el otro lado, departamentos que al inicio de la pandemia estaban en alerta roja por brotes tempranos como Amazonas o Meta ahora tienen una relativa calma, aunque con la incertidumbre de que en cualquier momento se puede dar un resurgimiento del virus.
De acuerdo con el ministro de Salud, Fernando Ruiz, la cifra de casos tiene una conducta diferente en cada ciudad y departamento, por lo que el ‘pico de contagios’ llegará en momentos diferentes. De la misma forma, el comportamiento de la ‘curva de contagios’ ha sido distinta en cada una de las regiones.
Bogotá, Valle del Cauca y Nariño, por ejemplo, han visto que el virus ha tenido un crecimiento continuo y la tasa de contagio no se ha desacelerado en los más de cinco meses de pandemia.
Además, mientras que en territorios como La Guajira, Atlántico y Bolívar más del 75% de los casos ya se han recuperado, en otros como Antioquia, Caquetá o Santander tienen entre un 50% y un 65% de casos aún activos.
Ante esta situación, Vanguardia presenta en esta edición, a través de la Unidad de Datos, una comparación de la evolución del virus en cada uno de los departamentos.
Los que han tenido brotes de COVID-19 tardíos
Algunas regiones tuvieron una tasa de contagios relativamente baja en los primeros tres o cuatro meses, cuando la cuarentena fue más estricta, pero en las últimas semanas la aparición de nuevos casos se ha disparado exponencialmente, poniendo en crisis sus sistemas de salud por la falta de unidades de cuidado intensivo (UCI).
Es el caso de Santander, donde el primer contagio se registró el 17 de marzo y hubo un aumento moderado de casos hasta inicios de julio, cuando se acumulaban unos 800 casos en cuatro meses.
Luego de esto, la curva creció hasta alcanzar los 9.608 casos reportados (con corte a 15 de agosto). Es decir, los contagios se multiplicaron por 12 en solo un mes y la ocupación de camas UCI ya supera el 90%, lo que tiene al departamento en alerta roja.
Algo similar se dio en Antioquia, donde hubo un registro de casos relativamente bajo hasta la primera mitad de julio. Pero en las últimas semanas los contagios se dispararon y ahora afectan en promedio a 1.000 personas diarias. Esta región es ahora uno de los nuevos focos del virus en Colombia.
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Lo mismo pasó en Caquetá, cuyo ascenso constante se ha dado desde finales de julio y se incrementó en lo que va de agosto. En ese periodo de tres semanas se han sumado cerca de 2.200 casos. Un dato notable si se observa que entre el 28 de abril (cuando se dieron los primeros contagios) hasta inicios de julio solo se presentaba un caso cada diez días. En este departamento, el 66% de casos aún están activos.
Los que empezaron mal, pero han mejorado
Por otro lado, en los mismos meses, algunos departamentos han mostrado indicios de un aplanamiento en sus curvas de contagios.
Amazonas, por ejemplo, presentó una situación crítica desde sus primeros contagios entre abril y mayo.
Sin embargo, el aumento de casos diarios logró estabilizarse en los primeros días de junio y se redujeron de un máximo de 176 diarios (entre mayo 17 y 18) a menos de 30. Además, cerca del 91% de los pacientes ya se han recuperado (el mejor en esta estadística a nivel nacional).
Por otro lado, pese a que en Chocó no se ha visto una reducción de casos diarios tan evidente, al observar los datos de contagios es posible notar un cambio en la curva a partir del 23 de julio.
Aun así, ha pasado poco tiempo desde esta reducción diaria para precisar si se trata de un aplanamiento o de una disminución temporal que, de no ser atendida con las correspondientes restricciones y medidas departamentales, podría volver a aumentar.
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Las regiones que han tenido rebrotes
Meta, por su parte, ha experimentado varios cambios en su curva de contagios. Desde el 21 de abril hasta el 9 de mayo tuvo un crecimiento pronunciado en sus casos, en gran parte por el brote en la Cárcel de Villavicencio.
Posteriormente, a mediados de junio logró controlar la propagación de la enfermedad, tendencia que siguió hasta el mes de julio.
No obstante, para el 18 de ese mes, el aumento se reinició gradualmente y desde los primeros días de agosto se ha dado un nuevo brote de contagios que ha alcanzado hasta 200 casos diarios.
Las regiones que no han tenido respiro
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Mientras tanto, lugares como Bogotá, Atlántico, Córdoba, Magdalena y Nariño han tenido un comportamiento continuo y constante de casos desde que llegó el COVID-19 al país.
En otras palabras, el virus en cinco meses aún no se ha desacelerado en esas regiones, a pesar de que en ciudades como la capital del país se han implementado medidas como cuarentenas estrictas por localidades o zonas.
Atlántico es un caso a destacar, pues pasó de cerca de 3.000 casos a más de 30.000 en menos de dos meses a mediados de año, con una mayor concentración de contagios en Barranquilla. Si bien cerca del 78% de los pacientes ya se han recuperado, aún es un foco importante del virus en el país.
Los departamentos mejor librados, hasta ahora
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Solo algunos departamentos pequeños como Vichada, Guainía y San Andrés, entre otros, han logrado pasar estos cinco meses sin grandes brotes del virus. Quindío, Caldas y Boyacá también han tenido tasas bajas de contagios.
Si algo han mostrado estos cinco meses de pandemia es que es imposible predecir el comportamiento de la curva de los contagios en los departamentos, especialmente porque factores como la desobediencia social y el incumplimiento de las medidas de prevención y bioseguridad son determinantes y le abren la puerta a nuevos brotes del virus.
En otras palabras, advertir que en un mes o dos meses se va a aplanar la curva puede no ser exacto y generar falsas expectativas. En Bogotá, por ejemplo, tras cinco meses de haber llegado el virus no se ha podido aplanar la curva.
De igual forma, así el virus esté controlado en una zona, en pocos días se puede generar un brote, incluso en los departamentos que lograron controlar el virus de forma efectiva (como ocurrió en Meta).
En zonas urbanas grandes como la capital del país también es claro que es más complejo controlar el comportamiento de la enfermedad.
Por esto, en algunos casos las autoridades están retomando las medidas que se aplicaron cuando se registraron los primeros casos, haciendo un control focalizado de los sectores donde hay más riesgo de contraer el coronavirus.
En Santander por ahora no se han implementado estas restricciones más duras, pero la presión que hay contra el sistema de salud por la falta de UCI y la alta tasa de contagios y pacientes que requieren hospitalización apuntan a que esta posibilidad en cualquier momento se podría dar.

















