Tres médicos nos relataron cómo es luchar contra el COVID-19 en una UCI. En medio de reanimaciones e intubaciones de pacientes transcurren sus agitados turnos.

Publicado por: Claudia Isabel Delgado
Detrás de las estadísticas que día a día se conocen sobre el comportamiento del coronavirus en Santander, está el esfuerzo y los testimonios de cientos de profesionales de la salud que en cada jornada entregan lo mejor de sí para ganarle la batalla al temible Sars-CoV-2.
Enfermeras, médicos generales, especialistas, auxiliares y terapistas respiratorios, desde el primer caso confirmado de coronavirus en Santander, le ponen el pecho a la pandemia en cada una de las UCI que tiene el departamento.
Tras siete meses de arduo trabajo, de turnos extras, noches sin dormir, llegadas tarde a casa e incluso de no ver a sus familias, el personal médico ha logrado salvar la vida de muchos pacientes con el virus, pero también ha tenido que ver cómo se le escapa de las manos la de muchos otros.
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En cifras, actualmente Santander registra un total de 35.981 casos, de los cuales 5.253 están activos, 29.283 recuperados y 1.458 lamentablemente han fallecido.
Un área de mucha adrenalina
Con pandemia o sin ella, las Unidades de Cuidados Intensivos son las áreas más delicadas y por ende especializadas de un centro médico. Allí se atienden a aquellos pacientes que padecen enfermedades graves o muy complejas y que requieren un cuidado vital.
Carlos Eduardo Ibarra, es el Subgerente de Servicios Médicos del Hospital Universitario de Santander, HUS, y encargado de toda la ruta covid. Según describe, en el área de cuidado intensivo siempre se experimenta adrenalina.
“Es un área donde estamos con pacientes muy críticos, tenemos que hacer reanimaciones, procedimientos de intubación, entre otros. Es una zona de mucho movimiento, el trabajo allí no es nada relajado”, manifiesta.

Con la llegada del coronavirus el trabajo no cambió, se multiplicó. “Lo único que ha cambiado de la forma en la que trabajamos es que ahora debemos usar elementos de bioseguridad y que los pacientes con el virus se centralizaron en una unidad especial para ellos, pues todos tienen más o menos las mismas características en cuanto a su patología, la ventilación mecánica, la complicación pulmonar... Pero sigue siendo la misma adrenalina”.
En el HUS, por turno en la unidad de pacientes con COVID-19 trabajan entre 20 y 25 personas. De 22 camas disponibles para los pacientes graves, hoy hay 18 ocupadas.
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Reynaldo Ignacio Plata, es el Coordinador Médico de la UCI adultos de la Clínica Chicamocha y se ha dedicado por 26 años a trabajar con pacientes en estado crítico.
En este centro médico de Bucaramanga, y gracias al plan de expansión, se llegaron a tener 43 camas para pacientes covid, en tres UCI diferentes, además de las ya asignadas para otras patologías. En este momento hay 41 disponibles para seguir atendiendo a aquellos que se compliquen por la enfermedad.
“Han sido cuatro meses de trabajo agotador, de pasar revista todos los días a tres UCI covid, de tomar decisiones importantes, de evaluar diagnósticos, de llegar muy tarde a casa y de alejarme de toda mi familia por su seguridad. A mi madre hace aproximadamente seis meses no la veo”, relata.
Una situación similar vive Carlos Eduardo Ibarra. En febrero fue la última vez que pudo visitar a su mamá, desde entonces pasa los días entre el hospital y su casa, luchando porque cada vez sean menos vidas las que se pierdan y cuidándose al máximo para no contagiarse.
“Al principio de la pandemia tuvimos crisis de personal porque muchos adquirieron el virus, tuvimos que hacer turnos dobles y horas extras para cubrir las incapacidades, fue un gran esfuerzo, pero con el paso de los días aprendimos a cuidarnos más y la cantidad de colegas con el virus ha disminuido”, menciona Ibarra.
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“Esta enfermedad es una lotería y uno se la puede ganar en cualquier momento, no le tengo miedo sino respeto, me cuido para no contagiarme, pero podría darme. Cualquiera se puede morir de coronavirus, por eso es importante seguir manteniendo las medidas de protección, de hecho me da más miedo salir a la calle, que venir a trabajar al hospital”, agrega.
Enfrentar la muerte, lo más difícil
Todos los pacientes con COVID-19 que ingresan a la UCI y que requieren ventilación mecánica tienen un estado de salud delicado, por ello el esfuerzo del personal médico es sobredimensionado, pues se trata de ganarle una carrera a la muerte.
Según explica Héctor Meléndez, jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica Foscal, tener un ventilador conectado al paciente con sedación consciente o completamente dormido depende de la gravedad de la enfermedad.
“Quienes requieren soporte ventilatorio es porque están muy graves y uno como médico tiene que comandar la respiración. Generalmente están muy sedados y con muchos medicamentos, lo que hace que para la mayoría sean días de no recuerdo”.
Además, señaló que los que despiertan hacen el llamado síndrome de abstinencia o delirio por la droga, que tiene mucho que ver con el tiempo que han estado hospitalizados.
“El covid no respeta edad, sexo o comorbilidad, para nosotros como médicos es impredecible saber si un paciente se va a salvar o va a morir. Lo más difícil sin duda es dar malas noticias. Algo que impacta es ver al amigo o el colega en cuidado intensivo y lo que definitivamente derrumba ver que por más esfuerzo es imposible hacer algo más y que el paciente fallezca”, refiere Meléndez.
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Pensamiento que comparte el Coordinador Médico de la UCI de la Clínica Chicamocha, para quien lo más complejo de afrontar han sido las muertes súbitas.
“Nos ha dejado un sinsabor que un buen número de pacientes que hemos tenido listos para trasladar a la habitación o a su casa, presenten complicaciones de un momento a otro, al punto de fallecer en muy corto tiempo. Esta es una enfermedad traicionera, cuando creemos que están superando el problema, llega lo inesperado”.
Menciona además que la obesidad, la hipertensión o diabetes han sido las enfermedades que más han afectado el éxito de la estabilidad de los pacientes con el virus. “Hay pacientes de edad con comorbilidades que han salido adelante y pacientes muy jóvenes que han fallecido”.
Para el médico Ibarra lo más complicado de esta pandemia ha sido ver familias enfermas en la UCI.
“En un momento tuvimos tres personas de la misma familia y dos fallecieron, es duro ver que una familia se destruye por esta enfermedad. Es frustrante saber que como médico das todo de ti y entregas el máximo para que los pacientes se recuperen, pero a veces no se puede, lamentablemente la mortalidad en los pacientes UCI es alta, uno quisiera hacer más, pero a veces no hay salidas”, expuso.
También hay recompensas
Pese a las duras batallas que deben librar médicos y pacientes contra el coronavirus también hay momento para las buenas noticias y para sentir la satisfacción del deber cumplido.
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“En nuestro caso nos ha ido bastante bien, la gran mayoría de los pacientes han salido adelante y eso nos llena de alegría. Ver salir a un paciente que ha luchado 20 o 30 días es gratificante”, cuenta el médico Plata.
Caso similar se registra en la Foscal, donde la mayoría de los pacientes que ingresan a la Unidad de Cuidados Intensivos se salvan.
“Para nosotros el personal de salud tiene prioridad, si llega algún colega enfermo lo atendemos inmediatamente, porque un médico puede llegar a atender hasta a 50 pacientes y si se muere queda en vilo esa atención. Hemos tenido colegas muy graves que han logrado salir bien de la UCI, y es bastante satisfactorio. Recibir mensajes, llamadas o visitas de agradecimiento de los pacientes o de los familiares es el pago por nuestro trabajo”, menciona Meléndez.
Según las estadísticas mundiales, la mortalidad en una UCI es del 70 %, sin embargo en la Clínica Foscal se ha mantenido entre el 40 % y el 50 % gracias al trabajo en equipo de todo el personal, que va desde el camillero hasta el especialista de más alta calificación.
No bajar la guardia
Para estos tres médicos intensivistas, que han vivido en primera fila la dura realidad del coronavirus y han tenido que ver como muchas familias se desintegran por la enfermedad, ningún esfuerzo en la UCI por salvar vidas es mayor al autocuidado.
“Debemos seguir manteniendo las medidas, el distanciamiento, evitar aglomeraciones, usar elementos de protección. Aunque la gente está cansada por el cierre de muchos lugares de ocio debemos pensar en el bienestar de los más vulnerables, de nuestra familia, de las personas mayores. Debemos protegernos al máximo o aislarnos de las personas que están en riesgo y salir solo a lo necesario”, recomienda Carlos Eduardo Ibarra, subgerente de Servicios Médicos del Hospital Universitario de Santander, HUS.
“El virus está aquí y por todas partes. Lo que más sentido tiene es cuidarnos y cuidar a los demás. Las medidas de precaución todos los días las repetimos, es un tema de responsabilidad”, refiere Reynaldo Ignacio Plata, coordinador Médico de la UCI de la Clínica Chicamocha.
“Hay que seguir cuidándose, no sabemos cuándo va a terminar todo esto y podemos tener rebrotes. Es cuestión de responsabilidad personal, las UCI siguen llenas y seguirán así si no le ponemos más atención”, finalizó Héctor Meléndez, jefe UCI de la Foscal.













