Bucaramanga
Domingo 09 de marzo de 2025 - 10:29 AM

Mogotes, en Santander, tiene un soldado universal peleando en Ucrania

Después de 15 años en el Ejército Nacional de Colombia, el sargento segundo Otoniel Figueroa Figueroa se apartó de las filas, se llevó su entrenamiento y experiencia combativa para ponerlo a disposición de la Guardia Nacional de Ucrania, donde desde hace dos años nadie duerme, por la guerra contra Rusia.

Otoniel Figueroa Figueroa: Una historia marcada por las necesidades y la frustración de un servicio a la patria mal pago
Otoniel Figueroa Figueroa: Una historia marcada por las necesidades y la frustración de un servicio a la patria mal pago

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¡Colombiski, ajústese la reata, coja la M-60 y aliste las cananas con suficiente munición porque salimos!

Era la 1:00 de la madrugada de un gélido día de septiembre de 2024. El sargento segundo Otoniel Figueroa Figueroa trataba de habituar sus poros, acostumbrados al clima primaveral de su terruño (Mogotes, Santander), a las temperaturas congelantes que lo recibieron hace seis meses, a diez mil kilómetros de su casa. Por estos días, en Kiev, la capital de Ucrania, la temperatura está a menos diez grados.

Aún resonaban en sus oídos los aplausos y la imagen de la calle de honor que le hicieron cuando le abrieron las puertas de una casa de fachada familiar, cuyo interior bulle como un regimiento militar. En la tierra de los legendarios cosacos, hace dos años, nadie pega un ojo. La muerte acecha y cae con acento soviético. Tampoco hay instalaciones militares o regimientos a cielo abierto, porque serían presa fácil de los drones de Putin.

—Claro, dígame. La ajusté, alisté todo y hasta pregunté para quién era, para dejarla a la medida.

—¡Para usted! ¡Rápido, vamos al frente, en apoyo!

Hacía apenas cinco días de su aterrizaje en esa extraña ciudad, inimaginada en sus sueños como suboficial del Ejército de Colombia, en cuyas filas robusteció el espíritu combativo, creyendo durante tres lustros que había estado en guerra.

—¡Qué! Esa joda allá es un entrenamiento para lo que he tenido que enfrentar aquí.

El tono santandereano no se ha rendido en sus tímpanos frente a la arremetida del galimatías que solo entienden Volodímir Zelenski y otros 33 millones 600 mil ucranianos que han sobrevivido a la avanzada de los rusos en 730 días de combates, bombardeos...

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Lo que oyó en el parque

Otoniel tal vez jamás había escuchado o referenciado aquel país, aunque sí el Kremlin, que ya oteaba hacia el sur en dirección al mar Negro, analizando el caudal del Dniéper, el río más largo entre Ucrania y Bielorrusia. Con sus 2,287 kilómetros de longitud, es el cuarto río más extenso de Europa y una vía geoestratégica para alcanzar el mar Egeo, pasando por Estambul (Turquía).

Nada de eso llegó a sus oídos desde que se fue de casa a los 14 años en busca de trabajo. Ni cuando validó el bachillerato en el Instituto “El Triángulo” en Bogotá, ni en las fincas donde trabajó, ni en el Chocó, donde raspó coca. Tampoco en la Universidad Manuela Beltrán, donde estudió Criminalística, ni en el Ejército entre 2008 y 2023, donde, además de tácticas militares, se entrenó como enfermero de combate.

Otoniel Figueroa Figueroa sueña con regresar a Santander para supervisar los cultivos de café en la vereda El Caucho; incluso ha pensado que tendrá una marca propia:“Café Slava Mogotes”.
Otoniel Figueroa Figueroa sueña con regresar a Santander para supervisar los cultivos de café en la vereda El Caucho; incluso ha pensado que tendrá una marca propia:“Café Slava Mogotes”.

Este nativo del “Pueblito Jardín” escuchó hablar de Ucrania en el parque principal de su pueblo durante una licencia de salud que le otorgaron tras enfermarse de Chagas por la picadura de un insecto.

—Andaba de licencia porque me había picado un bicho. Veía redes cuando escuché cerca de mí que hablaban de Ucrania. Se me dio por buscar, ver y un día encontré la historia de un amigo que conocía a alguien que ya estaba acá...

Eso bastó para que indagara la distancia, el precio, las posibilidades, las rutas y los contactos para saber cuánto pagaban por ir a combatir.

Y así, en cuestión de días, su currículum estuvo en manos de un coronel de nombre Niko, reclutador de la Guardia Nacional de Ucrania. Aunque aún no lo ha podido saludar, su presencia allá se debe a los movimientos invisibles de ese oficial desconocido, leal a las escuadras que llevan las insignias celestes y amarillas en sus hombros.

Mejor paga y respeto

—No se diga más. Cogí vuelo Bogotá-España-Berlín, Varsovia... Ucrania.

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El miedo se quedó entre el Meta, Tolemaida, el Batallón Galán del Socorro y Nariño.

Lo que ha tenido que ver en la guerra de Ucrania Otoniel Figueroa Figueroa jamás lo enfrentó en Colombia este sargento segundo nacido en las breñas del pueblito jardín de Santander: Mogotes.
Lo que ha tenido que ver en la guerra de Ucrania Otoniel Figueroa Figueroa jamás lo enfrentó en Colombia este sargento segundo nacido en las breñas del pueblito jardín de Santander: Mogotes.

Allá lo recibieron como un veterano de guerra y le asignaron una unidad lejos de los batallones 23, 47 y el Karas, repletos de aliados estadounidenses. Ahora es un ‘Colombiski’ de alto valor que se gana 190 mil grivnas (99,6 pesos colombianos por grivna) por enfrentar la terrorífica tecnología de guerra de Rusia.

—Hummm... donde esto fuera pecho a pecho, les ganábamos. Estamos preparados, pero solo el primer combate acá, de casi 13 horas, fue como los 15 años que estuve allá. Esta sí es la guerra.

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