Bucaramanga
Domingo 04 de mayo de 2025 - 12:03 AM

Martha, 59 años y un ‘sueño sin límites’

De las veredas a la universidad: la resiliencia de una educadora incansable.

Martha Bastos García
Martha Bastos García

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A sus 59 años, Martha Bastos García es estudiante de tercer semestre de Licenciatura en Educación Infantil en la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB. Nació en Bogotá, pero desde los ocho años vive en Bucaramanga, ciudad a la que llegó junto a su madre y su hermano.

Aunque sufre de baja visión desde muy pequeña, Martha ha demostrado que ninguna limitación física puede frenar un propósito claro: enseñar, aprender y servir de inspiración para otras personas con discapacidad visual.

El camino que la llevó a convertirse en futura licenciada ha sido largo y lleno de obstáculos. Desde muy joven, Martha mostró interés por la educación.

Tras una beca que le permitió ingresar al colegio Nuestra Señora del Pilar, su rumbo cambió cuando se enamoró y se trasladó al norte de Bolívar. Allí, en la Escuela Normal Superior de San Juan Nepomuceno, adquirió su primera formación como docente y se graduó en 1996. Su pasión por enseñar nació entre planeadores académicos y la esperanza de construir un mejor futuro.

Su trayectoria profesional se consolidó en escuelas rurales de difícil acceso, donde llegó incluso a caminar seis horas por trochas para dictar clases. Trabajó en lugares como El Caraño, Las Quebradas y Los Musgos, hasta que una experiencia dolorosa cambió el rumbo de su vida. En 2008, fue testigo del asesinato de tres jóvenes en la vereda Buenos Aires, en El Peñón (Bolívar), hecho que marcó su desplazamiento forzado y su inclusión en el Registro Único de Víctimas (RUV). Con lo poco que pudo salvar, regresó a Bucaramanga con su familia.

Martha: ¡Nunca es tarde para cumplir el año de ser profesional!
Martha: ¡Nunca es tarde para cumplir el año de ser profesional!

Sin embargo, ni la violencia ni la adversidad lograron detenerla. En la capital santandereana se dedicó a enseñar en la Escuela Taller para Ciegos, mientras desarrollaba una experiencia sólida en tiflología, enseñando braille, orientación, tifloinformática y habilidades para la vida. En paralelo, crió a sus seis hijos y trabajó en instituciones como Fundación Progresa y la Secretaría de Educación de Barrancabermeja. Su espíritu incansable la ha convertido en referente de superación y entrega por la educación inclusiva.

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En 2024, Martha pensó en abandonar la universidad por las dificultades económicas. Pero encontró en la directora del programa y sus profesores un apoyo clave para no desistir. Gracias a una gestión con la Gobernación de Santander, obtuvo un contrato para caracterizar a población con discapacidad visual en varios municipios, y hoy cuenta con clases virtuales que le permiten continuar sus estudios mientras trabaja. “Nunca he tenido límites”, afirma con orgullo.

Ahora, a meses de cumplir 60 años, Martha Bastos avanza firme en su sueño de convertirse en profesional. Su historia es un ejemplo de coraje, resiliencia y amor por la enseñanza, y un homenaje vivo al poder transformador de la educación.

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