Bucaramanga
Sábado 31 de mayo de 2025 - 08:54 AM

Los ciudadanos de a pie, los más perjudicados con el paro de mototaxistas

Ante el paro liderado por los mototaxistas, los ciudadanos comunes y corrientes se vieron obligados a caminar largos trayectos para llegar a sus oficinas. Y es que sin transporte disponible y con las vías bloqueadas, no hubo más opción.

Los bumangueses padecieron tres largas jornadas de taponamientos, enfrentamientos y caos vial. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
Los bumangueses padecieron tres largas jornadas de taponamientos, enfrentamientos y caos vial. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

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“Los ciudadanos de a pie, tras los bloqueos de ayer, no solo se quedaron sin ruedas para movilizarse, también les tocó echar pata”. Con estas palabras, Jacobo González, un residente de Piedecuesta, definió el drama que vivieron él y sus amigos para llegar a su oficina.

Desde muy temprano, los ciudadanos tuvieron que echar a andar sus jornadas, pues los taponamientos, liderados por los mototaxistas, convirtieron las calles en barricadas, pitos y enfrentamientos.

La protesta terminó por inmovilizar no solo a las motos, sino también a buses, taxis y hasta las esperanzas de llegar a tiempo a los lugares de trabajo. El de ayer fue un viernes sin motor, pero con compromisos laborales. Los trabajadores caminaron kilómetros para no perder el día. “Hoy nos tocó gastar más los zapatos”, dijo un mensajero que avanzaba por la autopista como si fuera un atajo.

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Sí, el paro se sintió en los talones y en la rutina de quienes, sin más alternativa, se vieron obligados a caminar largas distancias.

Pero los taponamientos no fueron impedimentos para llegar a los destinos laborales. A falta de ruedas, surgió una red humana que avanzaba al ritmo del sol y la urgencia. Los pasos resonaban más que los pitos, y cada zancada contaba una historia de compromiso con el día a día.

Así, el paro impulsó una reflexión colectiva: ¿quién mueve realmente la ciudad? Ayer, los pies fueron la respuesta.

En un giro irónico del destino, mientras los motores paraban, los pasos hablaron más fuerte que nunca.

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Un paro que detuvo la movilidad, pero que, sin querer, echó a andar una ciudad que aprendió a seguir, aunque sea caminando.

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