Muchos de nuestros lectores expresan preocupación al encontrarse con personas en situación de calle en diferentes vías, pero también reconocen que el fenómeno requiere soluciones humanas, acompañamiento institucional y acciones que permitan brindar oportunidades.
Durante los últimos días, nuestros lectores nos han enviado fotografías de personas en situación de calle que han sido observadas en distintos sectores de Bucaramanga. Las imágenes reflejan una realidad que muchos ciudadanos encuentran a diario en calles, parques, esquinas y andenes: hombres y mujeres que enfrentan condiciones de extrema vulnerabilidad.

Lo que aparece ante los ojos de quienes recorren la ciudad es una problemática visible que, pese a su permanencia, continúa generando preocupación. Son personas que deambulan durante el día buscando un lugar donde permanecer o sentirse protegidas y que, al caer la noche, convierten cualquier rincón disponible en un sitio para descansar. (Lea además: Preocupación en Cabecera por aumento de habitantes en situación de calle)

Los andenes, separadores y otros espacios públicos terminan siendo refugios improvisados para quienes no cuentan con un hogar. Allí pasan horas e incluso días, en algunos casos marcados por el consumo de sustancias psicoactivas, el abandono y otras circunstancias que profundizan su situación de vulnerabilidad. Algunos ciudadanos también denuncian que estos mismos espacios, además de convertirse en dormitorios improvisados, son utilizados como sanitarios, una situación que, según afirman, afecta las condiciones de salubridad y la convivencia.

Varios bumangueses que enviaron las fotografías expresaron su preocupación por el impacto que esta realidad tiene en la ciudad. “Uno entiende que son personas que necesitan ayuda, pero también es evidente que esto le da un mal aspecto a la ciudad. Hay sectores donde ya es difícil caminar por los malos olores y porque algunos hacen sus necesidades en plena vía pública”, comentó un habitante del centro.
Otra ciudadana señaló: “No se trata de rechazarlos, sino de que reciban atención. Las calles no pueden seguir siendo el dormitorio y el baño de nadie”.

Cada persona que vive esta realidad tiene una historia que no siempre conocemos. Detrás de un rostro, una cobija sobre el suelo o una bolsa con sus pertenencias hay alguien con recuerdos, experiencias, dificultades y una dignidad que debe ser reconocida. La situación de calle no puede reducirse únicamente a una imagen de abandono, pues se trata de un fenómeno social complejo que requiere respuestas integrales desde diferentes instituciones.
Para quienes transitan diariamente por estos lugares, encontrarse con personas durmiendo en los andenes o permaneciendo durante largas jornadas en las calles genera interrogantes sobre la ciudad que habitan y sobre la capacidad de las autoridades y de la sociedad para atender esta problemática. Al mismo tiempo, algunos ciudadanos consideran que la ocupación permanente del espacio público y las condiciones en las que este queda afectan la percepción del entorno urbano y la calidad de vida de quienes viven o trabajan en esos sectores.
Publicidad
La presencia de personas en situación de calle plantea retos relacionados con la convivencia, la salud pública, la seguridad y el uso adecuado de los espacios comunes. No obstante, abordar esta realidad exige hacerlo desde una perspectiva humana, evitando la estigmatización y entendiendo que detrás de cada caso existe una historia que merece ser escuchada y atendida.

Estos registros gráficos no buscan señalar ni juzgar a quienes aparecen en ellos. Su propósito es visibilizar una situación que hace parte del día a día de la ciudad, recoger las inquietudes expresadas por la comunidad y promover una reflexión sobre la necesidad de fortalecer los programas de atención, rehabilitación, acompañamiento y recuperación de oportunidades para esta población.
Las calles y los andenes cuentan muchas historias. Algunas hablan de exclusión, pobreza y abandono; otras reflejan la preocupación de ciudadanos que piden recuperar el espacio público y mejorar las condiciones de convivencia. Ambas realidades hacen parte de un mismo reto que requiere respuestas integrales, sostenidas y con sentido humano.

















