Andenes, vías, parques y puentes hoy son camas improvisadas de personas en situación de calle.

Cuando cae la tarde y la gente comienza a bajar el afán del día a día, una cruda realidad se hace más notoria en Bucaramanga. A la luz intermitente de los semáforos y bajo el resplandor del alumbrado, decenas de personas en situación de calle encuentran en aceras, parques, separadores viales y puentes un lugar para pasar la noche. No se trata de hechos aislados ni circunstanciales, sino de ‘fotografías’ que se repiten por doquier y que hoy despiertan inquietud entre residentes, comerciantes y transeúntes.
Anoche, promediando las 11:00 p.m., en una banca del parque Antonia Santos Centro, José Arturo -nombre cambiado por seguridad- acomoda con cuidado un cartón bajo su cuerpo y se cubre con una cobija desgastada por el uso y el tiempo. “Aquí duermo porque no tengo a dónde más ir”, dice con voz tranquila, mientras señala el andén que se ha convertido en su dormitorio improvisado.

Como él, muchas personas en situación de calle han ocupado espacios públicos que durante el día cumplen funciones muy distintas: zonas de paso, recreación, comercio o encuentro ciudadano. Al caer la noche, estos lugares cambian de rostro. Colchones viejos, bolsas plásticas, carretas, cobijas y restos de comida delimitan pequeños territorios donde el descanso se mezcla con la supervivencia diaria. (Le puede interesar: El mapa oculto de las ollas callejeras)
Las quejas de la ciudadanía no se han hecho esperar. Habitantes de sectores residenciales y comerciantes han elevado su voz ante lo que consideran una situación preocupante.
“Entendemos que son personas vulnerables y merecen respeto, pero esto se nos salió de las manos”, afirma Julio Rodríguez, residente del barrio Alarcón. “Las aceras ya no se pueden transitar con normalidad y el parque del sector amanece convertido en un campamento”.
El Centro de la ciudad sigue siendo uno de los puntos más críticos, pero ya no es el único. Barrios como Alarcón, La Joya, Plaza Mayor, Campohermoso y Cabecera del Llano se han sumado al mapa de zonas donde esta realidad es cada vez más visible. Vecinos de estos sectores reportan la presencia permanente de personas durmiendo en portales, zonas verdes y alrededores de establecimientos comerciales.

En el barrio Bolívar, por citar otro ejemplo, las aceras que bordean varios establecimientos han perdido su función original. “Toda la cuadra se convierte en un dormitorio público”, comenta un comerciante de la zona. “En las mañanas detectamos residuos, olores fuertes y objetos que no son seguros para nadie. Esto no es contra ellos, es un llamado para que alguien haga algo”.

El barrio Campohermoso enfrenta una situación similar. En varias calles, los andenes permanecen ocupados durante la noche y, en algunos casos, buena parte del día. Algunos ciudadanos aseguran que el problema va más allá de la ocupación del espacio público. “Se están creando focos de suciedad y eso afecta a todos, incluso a las mismas personas que viven allí”, señala otro comerciante del sector.
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Cabecera del Llano, un sector exclusivo y tradicionalmente asociado al comercio y a la vida nocturna, tampoco ha sido ajena a esta realidad. Portales de edificios, zonas bancarias y parques se transforman en dormitorios improvisados, generando una sensación de deterioro del entorno urbano que preocupa tanto a residentes como a visitantes.
Por otro lado, uno de los casos que más llama la atención es el del Viaducto de la Novena, donde incluso en plena área peatonal de la estructura han llegado parejas a dormir. Cartones, plásticos y telas delimitan pequeños espacios de intimidad en medio del ruido constante de los vehículos. “Aquí al menos no nos moja la lluvia”, explica una persona en situación de calle mientras organiza con cuidado sus pocas pertenencias.
Esta problemática deja en evidencia condiciones difíciles que afectan tanto a esta población como al resto de la ciudadanía. La ausencia de servicios públicos básicos ha derivado en el uso inadecuado de andenes y zonas verdes como letrinas improvisadas, la acumulación de basuras y la generación de ambientes insalubres que impactan la convivencia y la salud pública.

A ello se suma la percepción de inseguridad que manifiestan algunos ciudadanos. Aunque no todos los habitantes en situación de calle están vinculados a hechos delictivos, la concentración de personas durmiendo en la vía pública genera temor, especialmente durante la noche y la madrugada, cuando disminuye la presencia institucional.
¿Por qué se registra este fenómeno social?

Yani León, experta en temas urbanos, advierte que el problema no puede abordarse únicamente desde el control o el desalojo: “Estamos frente a una crisis social que requiere atención integral”, explica.
“Estas personas necesitan oportunidades reales, atención en salud, procesos de rehabilitación y acompañamiento social que les permita salir de la calle de manera digna”, agrega.
Mientras algunos ciudadanos llevan alimentos, agua o cobijas, otros exigen soluciones inmediatas para recuperar el espacio público. Ambas posturas coinciden en un punto fundamental: la situación actual no beneficia a nadie y exige respuestas oficiales y humanas.
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Esta denuncia ciudadana y periodística no busca señalar ni estigmatizar, sino visibilizar una realidad que se vive a cielo abierto. Las aceras, parques y puentes de Bucaramanga no deberían ser dormitorios, pero tampoco pueden seguir siendo los únicos refugios para quienes han quedado al margen. Urge encontrar un equilibrio entre el respeto por la dignidad humana y el derecho colectivo para una ciudad ordenada y segura para todos.
Voz oficial
Para el Municipio, “la prevención de la habitabilidad en calle constituye uno de los principales retos de la política social”.
En ese sentido, se han logrado avances significativos en la identificación de las causas estructurales y personales que inciden en este fenómeno, lo que ha permitido construir una visión más clara y responsable de la situación de las personas que hoy utilizan el espacio público para pernoctar. Este enfoque parte del reconocimiento de la complejidad del problema y de la necesidad de intervenirlo con acciones planificadas y sostenidas.
La estrategia implementada tiene como propósito realizar una caracterización integral que permita establecer los factores más recurrentes que conducen a la vida en calle, entre ellos el consumo de sustancias psicoactivas, los trastornos de salud mental y las situaciones de violencia o maltrato.
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De manera complementaria, el Municipio desarrolla procesos orientados al fortalecimiento de los vínculos familiares, la promoción de habilidades para la vida y el refuerzo de factores protectores, como herramientas clave para prevenir la exclusión.
Desde un enfoque integral, la prevención de la habitabilidad en calle involucra no solo a las instituciones, sino también a la sociedad en su conjunto, con el fin de reducir el número de personas en riesgo y avanzar hacia una ciudad más justa e inclusiva.
Cabe resaltar que el programa municipal garantiza la atención digna a los habitantes de calle mediante convenios intramurales y extramurales con diferentes instituciones, asegurando el acceso a servicios de acompañamiento, protección y restablecimiento de derechos, en coherencia con el compromiso social del gobierno local.















