‘Caballeros’ sin armadura ni espada se encargan de proteger las cuencas hídricas que alimentan a Bucaramanga.

¿Alguna vez se ha preguntado qué debe pasar para que, cuando usted abra el grifo, el agua que brota la pueda consumir sin temores?
En las montañas de Soto Norte hay predios estratégicos en los que nacen las joyas hídricas más preciadas con las que cuentan Bucaramanga y el área.

Son cerca de 13.000 hectáreas protegidas, distribuidas en tres distritos denominados Tona, Suratá y Río Frío. Allí nacen los ríos que alimentan al Acueducto Metropolitano de Bucaramanga, amb, y de su conservación depende el mantenimiento del ciclo del agua. Lea también: Así es la nueva especie de frailejón del páramo de Almorzadero de Santander
Precisamente, allí es donde entran en escena los ‘guardianes’ que hacen parte de la estrategia Guardabosques, que adelanta el amb hace más de 40 años.

Se trata de nueve campesinos, habitantes de los mencionados distritos, quienes, según la líder ambiental de la entidad, Silvia Reyes, “son nuestros ‘ojos’ en territorio. Se encargan de vigilar los predios, controlar cualquier tipo de invasión, reparar cercas y reportar cualquier situación que pueda afectar el ecosistema”. Le puede interesar: Las luchas por cuidar el agua del ‘corazón’ de Santurbán que llega a Bucaramanga
Uno de estos guardianes es Sleyder Rodríguez, nacido en Suratá. Aunque no lleva armadura ni espada, sí empuña machete, se desplaza en moto y viste uniforme azul.

“Me gusta cuidar los bosques, caminar para ver que todo esté en orden. Me encomendaron la misión de cuidar predios en Suratá, Matanza y California”, expresó Rodríguez.
Por su parte, Róbinson Estévez prefiere la vigilancia a pie. Revisa que no haya ganado en los predios, que las cercas no se corran y que habitantes de la zona no sustraigan el ‘capote’, una capa vegetal que sirve como abono para el suelo. Hace parte del Distrito de Tona.
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Estévez era maestro de construcción y hace 16 meses se enlistó como guardabosques. Vive con su familia en uno de los campamentos del Acueducto. Su hijo de 15 años le sigue los pasos y quiere ser guardabosques. Vea además: Con robots y cámaras revisan estado de alcantarillas en Bucaramanga
Otro de los integrantes de esta ‘guardia’ es Jhon Jairo Esteban, responsable de vigilar los terrenos cercanos al embalse de Tona.

Las amenazas que debe enfrentar son la pesca ilegal, el turismo en zonas protegidas y las quemas.
El hombre confesó que, en su antigua labor de labriego, adelantó quemas controladas, pero por su cabeza no pasa volver a repetir tal escena. Su pensamiento se tornó protector con el ecosistema.

En su andar por los predios protegidos, estos hombres representan el compromiso silencioso pero firme por el agua, por la vida y por la conservación de uno de los patrimonios naturales más valiosos de Santander.

















