En cada paso, en cada giro y en cada saludo, los excombatientes recordaron en el desfile patrio que la historia no solo está en los libros: también camina entre nosotros.

En medio del sol brillante que acompañó la mañana del 20 de julio, los aplausos no se hicieron esperar cuando un viejo Willys, modelo 1940, apareció en la carrera 27 de Bucaramanga, entre la calle 56 y el Mesón de los Búcaros. A bordo iba Humberto Joya, excombatiente de la Guerra de Corea, con el rostro curtido por los años, pero el espíritu intacto.
Al volante, Clemente Galvis Acuña, presidente de la Familia Willys de Colombia, conducía con orgullo su vehículo, como si cada giro del timón fuera un homenaje a la historia y la memoria.

El desfile conmemorativo por los 215 años del Grito de Independencia no solo rindió tributo a la patria, sino que abrió un espacio para quienes un día empuñaron las armas en su nombre.

Junto al primer Willys avanzó otro, esta vez de un verde intenso que brillaba bajo el sol. Allí, en posición firme y mirada serena, iba Clemente Quintero, también veterano, quien no ocultaba su emoción al ver ondear la bandera entre la multitud.

La carrera 27 se convirtió en un corredor de nostalgia y gratitud. La gente se agolpaba en los andenes, ondeando pañuelos y celulares, grabando videos y recuerdos. Muchos se acercaban al paso de los Willys con la reverencia con la que se observa a los héroes. Y es que lo eran. Cada arruga en sus rostros narraba una historia y cada insignia en sus uniformes contaba una batalla.
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“Este vehículo no es solo un carro antiguo, es un símbolo de esperanza y resistencia”, dijo Galvis Acuña, mientras señalaba el emblema de la Familia Willys. “Lo hemos preservado para recordar no solo a quienes lo condujeron en combate, sino a todos los que han defendido nuestra libertad”.

Detrás de ellos marchaban más de 2.500 personas, entre tropas activas, reservistas y cuerpos de apoyo. Organizado por el Ejército Nacional, a través de la Quinta Brigada, el evento reunió a miles de santandereanos que se volcaron a las calles para rendir tributo. La música marcial, los uniformes impecables y las maniobras sincronizadas emocionaron al público, pero nada se comparó con la presencia de aquellos veteranos que, con su sola existencia, reescriben cada año el verdadero significado de la palabra patria. ¡Fue un majestuoso desfile!

















