Historiadores y amantes del arte se preguntan qué paso con la estrategia cultural que se conoció como Arte Búcaro.

Hace 22 años, Bucaramanga floreció de metal y color. En zonas como la carrera 33, la calle 36 y parques aparecieron, imponentes, 25 árboles metálicos de tres metros de altura y 250 kilos de peso cada uno. No eran simples esculturas: eran piezas únicas, intervenidas por pintores y artistas de renombre, quienes decidieron devolverle el arte al pueblo y vestir de creatividad a la ciudad.
La iniciativa, bautizada como Arte Búcaro, fue promovida por la Fundación Femdas, con el respaldo del Despacho de la Primera Dama de la época.
Cada artista recibió un árbol metálico con la forma de un búcaro -esa especie frondosa que da nombre a la ciudad- y lo transformó en una obra singular. Durante varios días, las esculturas engalanaron la Plaza Cívica Luis Carlos Galán, antes de ser distribuidas por diferentes rincones de Bucaramanga.
El proyecto tenía un doble propósito: acercar el arte a la gente y recaudar fondos para programas sociales en favor de personas de escasos recursos. Los artistas cedieron sus derechos de propiedad para garantizar que las piezas pudieran ser adquiridas por empresas privadas y, con ello, financiar las obras benéficas. Era un pacto entre arte y solidaridad.

Nombres como Guillermo Espinosa, Jorge Mantilla Caballero, Máximo Flórez, Dina Atashaian, Orlando Morales, Jorge Iván Arango, Augusto Vidal, Efraín Saldaña, Ricardo Alipio Vargas, Óscar Martínez, Clemencia Hernández, Esther López, Adolfo Cifuentes, Alirio Rangel, Elberto Pinto, Pablo Rincón, César Chaparro, Luz Helena Meza, Orlando Castellanos, Carlos Alberto González, William Guarnizo, Rito Emel Patiño, René Ortiz, Guillermo Gómez y Hernando Nossa formaron parte de este sueño colectivo, coordinado artísticamente por Efraín Saldaña.
Pero hoy, más de dos décadas después, el panorama es desolador. Arquitectos e historiadores, como Antonio José Díaz Ardila, se preguntan qué pasó con estas obras o dónde están.

Vanguardia, en un recorrido hecho por la ciudad, detectó tres de esas obras: la primera, la que se encuentra bien conservada en la Puerta del Sol, cerca a Cajasán; la segunda, la que existe en el Parque San Pío, la cual ha sido objeto de actos vandálicos; y la tercera, la que sobrevive a los trabajos de remodelación del Paseo España, en la carrera 26 con calle 35, en inmediaciones del edificio Comfenalco. Del resto, el silencio y el olvido son las únicas respuestas.

El deterioro, la desaparición y, en algunos casos, el abandono de estos árboles artísticos son una herida abierta para la ciudad. No solo se trata de la pérdida física de esculturas que formaban parte del patrimonio urbano, sino de un síntoma claro de la poca cultura cívica y del deficiente manejo que las autoridades han dado al cuidado de ese tipo de bienes culturales.
Publicidad

Le puede interesar: Arrancó transformación de muros en ‘galerías’ de arte en Bucaramanga
Lo que fue un homenaje al búcaro y un gesto de reconciliación entre el arte y el ciudadano común, terminó reducido a una anécdota que pocos recuerdan. Y, sin embargo, aquel proyecto probó que Bucaramanga podía ser una galería viva, abierta a todos, donde la belleza estuviera al alcance de una caminata.
Hoy, al recorrer la ciudad, queda la pregunta flotando en el aire: ¿volveremos a ver a Bucaramanga vestida de arte, o seguiremos dejando que la memoria de nuestras mejores obras se oxide en el olvido?

















