Se registró un grave hundimiento en la vía a San Vicente de Chucurí. Alcalde del Municipio les hace llamado urgente a las autoridades.

La situación de la vía que conecta a Bucaramanga con San Vicente de Chucurí vuelve a encender las alarmas. Un nuevo y preocupante movimiento de tierra registrado ayer, 29 de abril, en el sector de Náutica dejó al descubierto el progresivo deterioro de este corredor estratégico, vital para la movilidad y la economía cacaotera de la región.
El hecho más crítico se presenta en el punto conocido como Náutica, pasando el puente Tablazo, donde la banca de la carretera cedió de forma considerable. Grietas profundas y un hundimiento cercano al metro de profundidad evidencian la magnitud del daño, aumentando el riesgo para quienes transitan por la zona. (Le puede interesar: San Vicente de Chucurí emite voz de alerta por tramos peligrosos de su carretera principal)
El propio alcalde de San Vicente de Chucurí, Óscar Mauricio Sanmiguel Rodríguez, visitó la zona, hizo un Facebook Live y, a través de ese canal, lanzó una denuncia pública y un llamado urgente a las autoridades departamentales y organismos de gestión del riesgo. “Es un SOS para que nos sentemos hoy mismo con los alcaldes vecinos de Lebrija, Girón, Betulia y San Vicente, junto a la mesa técnica, y definamos soluciones reales a corto, mediano y largo plazo”, advirtió.

¿Qué es lo que pasa con esta vía?
Expertos señalan que , el fenómeno se debe a la saturación del suelo producto de las intensas lluvias de las últimas semanas. “El terreno comienza a contraerse y se generan movimientos abruptos. Las grietas y el desplazamiento del material son evidentes. Si las lluvias continúan, la situación podría agravarse y requerimos maquinaria especializada y materiales adecuados para una intervención efectiva”, señaló el Mandatario.
Mientras tanto, la administración municipal intenta habilitar un paso provisional con maquinaria local, aunque reconoce que no cuenta con todos los recursos necesarios para atender una emergencia de esta magnitud.
Otros sectores afectados

Pero Náutica no es el único punto crítico. Sectores como Peña de Oro Grande, Peña de Oro Chiquito y el kilómetro 2.4 hacia Lisboa presentan condiciones igualmente alarmantes: pérdida de banca, taludes inestables, cunetas deterioradas y constantes derrumbes. En varios tramos, los conductores deben reducir la velocidad al mínimo para evitar accidentes.
La preocupación crece entre los habitantes. Luis Fernando Sánchez, residente de la zona, describe el temor cotidiano: “Uno pasa con el credo en la boca pensando que el carro se dañe”.
Por su parte, el comerciante Adrián Romero advierte sobre el impacto económico: “Nos toca sacar la mercancía por aquí y así es difícil. Cuando llueve, todo es caos”.
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La relevancia de esta vía va más allá de la movilidad local. Por este corredor se transporta más de la mitad de la producción de cacao del municipio, lo que la convierte en un eje clave para la economía agrícola de Santander. Sin embargo, su fragilidad refleja años de intervenciones insuficientes y falta de soluciones estructurales.

Antecedentes
No es la primera vez que ocurre una emergencia de este tipo. En julio de 2020, un derrumbe en Peña de Oro Chiquito bloqueó completamente el paso, obligando a declarar urgencia manifiesta. Aunque desde entonces se han realizado obras como terrazas y reconstrucciones parciales, la inestabilidad geológica de la zona ha hecho que cada invierno borre los avances.
Habitantes como María Teresa Rojas lo resumen con claridad: “Aquí no es que no quieran arreglar la vía, el problema es que cada invierno vuelve y se la lleva. El suelo no aguanta”.
Aunque recientemente se anunció un contrato por 201 millones de pesos para intervenir puntos críticos, la comunidad considera que estas medidas siguen siendo insuficientes frente a la magnitud del problema.
El riesgo es inminente. Sin una intervención urgente y estructural, la carretera podría colapsar en otros tramos, dejando incomunicada a toda una región.
Hoy, más que nunca, San Vicente de Chucurí espera respuestas concretas. La vía no solo conecta territorios, sostiene vidas y economías. Y su deterioro ya no admite más espera.















