La vía Palenque–Zipaquirá es más que un corredor lleno de huecos: es un reflejo del olvido estatal y un escenario donde surgen voces que merecen ser contadas. Conozca la historia de Liber Guerrero.
En Barbosa, Santander, el dulce aroma de la guayaba se respira en cada esquina. Allí, en pleno corazón de este municipio reconocido por su tradición panelera y frutera, Liber Guerrero le ha dado vida a un sueño de infancia: la fábrica de bocadillos La Isabella.
El negocio abrió sus puertas en 1996, cuatro años después se registró formalmente como fábrica. Desde niño, Liber imaginaba tener su propio taller de bocadillos. Su padre fue comerciante de guayaba, pero nunca llegó a tener una fábrica. Él, en cambio, creció fascinado por el perfume de la fruta y decidió que ese aroma lo acompañaría toda la vida.
El camino no fue fácil. Junto a su esposa Isabella, de ahí el nombre de la fábrica, empezó con un pequeño local donde distribuían productos de otras fábricas de la región. Poco a poco, descubrieron que la idea tenía futuro y dieron el salto al lugar en el que hoy producen, venden y mantienen viva la tradición santandereana.
En La Isabella se prepara el tradicional bocadillo veleño en todas sus versiones: con arequipe, con mora, con coco, con achiras, con manjar de leche y en múltiples combinaciones que hasta parecen infinitas.
El producto estrella son los “tumes”: el clásico bocadillo veleño de guayaba y azúcar, acompañado de una capa de manjar de leche que lo hace irresistible para locales y turistas. También venden helados artesanales de arequipe con arándanos, guanábana con arándanos, maracuyá con arándanos y otros más.
Gracias a la fábrica, Liber logró sacar adelante a sus hijos, quienes ya son profesionales. A su alrededor, un pequeño equipo sostiene el negocio: cuatro personas en el área de producción, dos en ventas y una secretaria que organiza la parte administrativa. La empresa también ha crecido con otros locales en Barbosa, dice con orgullo.
Pero no todo ha sido dulce en el camino de Liber. El mal estado de la vía Palenque - Zipaquirá ha sido un obstáculo constante. Le ha retrasado la llegada de insumos, y distribución de sus productos pero, sobre todo, ha limitado la llegada de turistas.

“Toda mi vida he escuchado promesas para arreglar la vía, pero se han quedado en palabras. De un kilómetro a otro siempre hay un hueco grande o un hundimiento en el asfalto”, enfatiza.

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Aun así, su visión sigue siendo optimista. Para él, La Isabella debe convertirse en legado para sus hijos, una tradición que se herede con la misma fuerza con que él heredó el amor por la guayaba.
Por su tienda han pasado extranjeros de todos los rincones del mundo, viajeros que, entre carreteras irregulares y paisajes montañosos, siempre hacen una parada en Barbosa para llevarse el sabor del bocadillo veleño. Familias enteras lo buscan generación tras generación, confirmando que la historia de Liber no solo es la de un negocio, sino la de una tradición que se resiste a desaparecer.













