En la sección de ‘Bucaramanga, Ayer y Hoy’, conozca el renacer de la pileta que marcó una época en el corazón de la ciudad.

En nuestra capital santandereana, a veces sin notarlo, solemos pasar por rincones que guardan nostalgias y recuerdos. Uno de ellos, en particular, nos roba más de un suspiro a quienes tuvimos la oportunidad de recorrer el centro en los años setenta.
Hablamos de la Fuente de Agua de Colseguros, situada en la esquina de la calle 36 con carrera 15, una pileta que atesora memorias, historias y emociones de otras épocas.

Dicha alberca, inaugurada el 9 de diciembre de 1973, vuelve a ser protagonista en nuestra sección periodística Bucaramanga Ayer & Hoy.

Su nacimiento hizo parte de una época en la que el urbanismo de los setenta transformaba el centro de la ciudad a un ritmo vertiginoso.

En ese panorama, la antigua sede de Radio Bucaramanga, propiedad de doña Pola Bautista de Sorzano, quedó destinada a desaparecer. A cambio de ceder el terreno, ella recibió el piso 15 del entonces flamante proyecto: el edificio Colseguros, considerado por muchos el inicio de los “cielos rasos” de Bucaramanga.
En su diseño, obra del arquitecto Mario Pilonieta y ejecutado por la Constructora Martínez Villalba y Compañía Limitada, se incluyó la mencionada pileta de agua, que pronto se convirtió en un ícono urbano. Allí, entre chorros y reflejos, generaciones enteras guardamos recuerdos imborrables. (Le puede interesar: Recuperan la tradicional fuente de Colseguros)

Uno de los testigos más entrañables de esa época es don Agapito, veterano fotógrafo que durante años se apostó con su cámara y un caballito de palo para inmortalizar la sonrisa de los niños cada domingo.

Para muchos bumangueses, esa fuente es también la memoria de una infancia retratada en blanco y negro, con pantalones cortos y globos de feria.
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Sin embargo, como tantos símbolos urbanos, la fuente atravesó su propio viacrucis. En 2006 estuvo a punto de desaparecer, reemplazada por un bar móvil que pretendía darle un aire moderno al entorno del Metrolínea, el hoy fallido Sistema de Transporte Masivo, que comenzaba a reformar la citada troncal.

El proyecto del bar-café, aunque se adoptó, hizo que la pileta quedara literalmente seca y olvidada por más de 16 años. El abandono solo terminó cuando el comité de administración, bajo el liderazgo de Ovidio Mantilla, emprendió su restauración.
Gracias a esa iniciativa, y a una inversión de $25 millones ejecutada por Ingeniería OKANA S.A.S., la fuente renació en 2022. Hoy, nuevamente viva, limpia y segura, no solo embellece el centro de Bucaramanga, sino que también devuelve a la ciudad un pedazo de su memoria colectiva.

Cada chispa de agua que salta en su pileta no es solo decoración: es el eco de un tiempo en el que Bucaramanga vibró con cada murmullo sereno de esta fuente, que en cierta forma describe la belleza de la cotidianidad del centro de mi ciudad.














