Bucaramanga
Domingo 09 de noviembre de 2025 - 09:25 AM

Un viaje ‘en solitario’ en el moderno bus de Metrolínea

Hay que admitirlo: son muy pocos los ciudadanos que están utilizando los 12 buses duales que llegaron a reforzar el transporte masivo en Bucaramanga. ¿Por qué tanta desconfianza con ese servicio? Vanguardia se montó a uno de esos vehículos y esto fue lo que vio. Veamos:

Cada uno de estos buses padrones tiene capacidad para 80 pasajeros.
Cada uno de estos buses padrones tiene capacidad para 80 pasajeros.

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A mediodía del pasado jueves, un desprevenido pasajero, que no es otra persona que el mismo periodista que escribe esta nota, tomó en el Portal del Norte uno de los modernos buses duales que vinieron a reforzar el renacer de Metrolínea, hoy conocido como el Sistema Integrado de Transporte Metropolitano, SITME. La meta era pasar por el centro de Bucaramanga, en la calle 34 con carrera 15, y luego partir rumbo a Provenza.

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Como suele suceder en ´horas pico’, el tránsito estaba muy pesado: la congestión se veía por doquier, los semáforos del trayecto fallaban y la ciudad se movilizaba en medio de su habitual caos. Sin embargo, dentro del bus, en las sillas para los usuarios, reinaba un silencio casi incómodo: solo había un pasajero, el periodista.

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El motor a gas natural del bus ronroneaba con suavidad. Sí, las sillas relucían, pero permanecían vacías. No había estudiantes, ni trabajadores, ni amas de casa, ni otros periodistas. Solo el conductor, que miraba resignado por el espejo retrovisor: “A veces suben dos o tres más, pero la mayoría del tiempo voy solo”, dice, sin despegar la vista del camino.

Durante el trayecto -de poco más de media hora- el panorama se repitió: vías congestionadas y estaciones desiertas. Las plataformas, que deberían estar llenas de usuarios, mostraban otro tipo de movimiento: muros rayados, vidrios rotos, torniquetes oxidados y polvo acumulado. En algunas paradas, los únicos que parecían habitar el espacio eran los recicladores y las personas en situación de calle.

Para estos 12 buses duales que llegaron a Bucaramanga hace dos semanas, con bombos y platillos, la inversión fue grande y contó incluso con el respaldo de empresas de gas natural. Se prometió que serían el primer paso hacia el renacer del transporte público metropolitano. Pero la realidad contradice el comunicado oficial: el sistema opera casi en solitario, con buses nuevos recorriendo rutas desiertas.

Los usuarios que esperan el bus se exponen al peligro en estaciones que no cuentan con debidas medidas de seguridad. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
Los usuarios que esperan el bus se exponen al peligro en estaciones que no cuentan con debidas medidas de seguridad. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

“La gente ya no confía”, comenta José Manuel Gómez, un usuario en la estación de San Mateo. Y tiene razón. Después de años de malas administraciones y promesas incumplidas, la ciudadanía ha perdido la fe en Metrolínea y sus transformaciones. Las estaciones lucen sucias, inseguras, deterioradas. Muchas carecen de iluminación adecuada o vigilancia, y el desinterés ciudadano se percibe en cada rincón.

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A la desconfianza se suma la confusión. Muchas personas ni siquiera saben dónde conseguir las tarjetas validadoras para pagar el pasaje. Algunos intentan subir con efectivo; otros, frustrados, desisten y optan por alternativas ilegales. El mototaxismo y los carros de aplicación dominan hoy la movilidad popular: son más rápidos, más flexibles y, sobre todo, más baratos.

Por ahora, solo tres rutas del SITME están operando, todas desde el Norte hasta Provenza, con un desvío hacia la Universidad Industrial de Santander. Ninguna llega a Floridablanca ni a Piedecuesta, lo que vuelve el servicio poco útil para la mayoría de trabajadores y estudiantes del área metropolitana. “¿Para qué lo voy a usar si no me deja cerca del trabajo?”, pregunta una pasajera mientras se sube a un transportador pirata.

12 nuevos buses del llamada SITME comenzaron a operar en Bucaramanga. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
12 nuevos buses del llamada SITME comenzaron a operar en Bucaramanga. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

La voz oficial de Metrolínea

El gerente de Metrolínea, Emiro José Castro Meza, asegura que se está trabajando arduamente para recuperar la confianza ciudadana: “Queremos que la gente vuelva a creer en el sistema”, afirma.

Para ello, anunció la entrega de 30 mil tarjetas a estudiantes del Instituto Municipal de Cultura y Turismo y del Instituto de Deportes, con el fin de incentivar el uso del transporte y ampliar progresivamente su cobertura.

No obstante, Castro Meza aclara que, por ley, no se puede establecer la gratuidad del pasaje, salvo que alguna entidad privada lo subsidie. Por eso, desde la gerencia se impulsa la campaña “Tu estación, tu ciudad”, que busca el apoyo de empresas locales para remodelar estaciones y patrocinar los pasajes de sus empleados.

Este es uno de los buses duales del SITME. La imagen fue captada sobre la carrera 15 de Bucaramanga. (Foto: José Luis Pineda / VANGUARDIA)
Este es uno de los buses duales del SITME. La imagen fue captada sobre la carrera 15 de Bucaramanga. (Foto: José Luis Pineda / VANGUARDIA)

Al concluir el trayecto, en la estación de Provenza, el bus donde va el periodista se detiene. Nadie sube, nadie baja. El pasajero periodista sigue en su retorno al centro de Bucaramanga. Los asientos vacíos contrastan con la ciudad que se mueve afuera con sus propios medios, ajena al experimento del SITME. Doce buses nuevos, millones invertidos y una promesa que avanza por las calles casi sin testigos: un sistema de transporte moderno que, por ahora, la comunidad ha decidido no usar.

Para el Gerente de Metrolínea, “el problema no es el sistema. Detrás de cada asiento vacío hay una oportunidad perdida para una ciudad más conectada, más sostenible y más humana. Tal vez sea momento de mirar esos buses que hoy circulan vacíos y preguntarnos si, como comunidad, también hemos dejado pasar el nuestro”.

Hay que decirlo: la sensación de vacío persiste. La movilidad es caótica entre mototaxis, carros y transeúntes apurados; adentro, el silencio del bus refleja una desconexión de una ciudad que no ha logrado reconciliarse con su sistema de transporte. El SITME representa una oportunidad que, por ahora, circula sin pasajeros, esperando que alguien vuelva a creer en la movilidad sostenible.

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