Una singular tertulia se vivió el pasado sábado en el Colegio José Celestino Mutis de Bucaramanga, donde la filosofía dejó las aulas para transformarse en una experiencia mágica de medianoche. Estudiantes, padres de familia, directivos y docentes se unieron en torno a la palabra, el arte y el pensamiento, dando vida a una velada inolvidable en la que la educación brilló bajo la luz serena de la luna.

Pocas veces la educación logra lo que consiguió el pasado sábado en la noche el Colegio José Celestino Mutis de Bucaramanga durante una tertulia filosófica y cultural: reunir, en una misma jornada, a estudiantes, padres de familia, docentes y directivos en torno al pensamiento, el arte y la palabra.

Fue emotivo ver, bajo la luz de la luna, cómo los jóvenes del grado décimo transformaron la enseñanza de la filosofía en un espectáculo lleno de creatividad, reflexión y emoción.

El patio central del plantel se convirtió en un escenario de ideas. Velas, luces y una decoración sobria pero simbólica acompañaron la llegada de las familias. No era una noche cualquiera: era el momento en que la filosofía -a menudo vista como una asignatura lejana o abstracta- se hizo vida, canto y expresión.

Desde 2016, esta iniciativa, impulsada por la docente María Inés Castellanos Fajardo, ha buscado resignificar la enseñanza de la filosofía, convirtiéndola en una experiencia sensible e inclusiva.
“La filosofía no solo se enseña, se vive. Cuando un estudiante interpreta a un filósofo, comprende que pensar también es sentir y crear”, asevera la docente.

La razón de realizar el certamen un sábado en la noche no es casual. La docente pensó en los padres de familia, quienes trabajan durante la semana y solo así pueden compartir sin preocupaciones.
Ese detalle, sencillo y profundamente humano, ha permitido que la tertulia se consolide como una de las actividades más esperadas del año, no solo por los estudiantes, sino también por sus familias.

En esta ocasión, 140 filósofos fueron personificados. Cada estudiante encarnó a un pensador, interpretando sus ideas a través de diversas manifestaciones artísticas: poemas, trovas, cuentos, trabalenguas, dramatizaciones y danzas que conectaron la historia del pensamiento con las expresiones culturales contemporáneas. Incluso hubo canciones inéditas creadas por los jóvenes, inspiradas en las ideas de sus filósofos elegidos.
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Las familias, por su parte, no fueron simples espectadoras. Muchos padres participaron en la escenografía, el vestuario o la música; otros, desde las graderías, acompañaban con orgullo y atención cada intervención. Esa integración, poco común en los escenarios educativos, hace del Mutis un ejemplo de comunidad viva.

La rectora Dalgi Esperanza Ortega expresó su satisfacción con el evento, resaltando el valor de pensar en comunidad: “Pensar correctamente redunda en la vida diaria de los estudiantes y sus familias. La filosofía no es solo una materia; es una forma de aprender a convivir, a dialogar y a respetar las diferencias”.
Durante la jornada también se destacó el trabajo en equipo de los docentes David Cáceres, Elizabeth Vesga, Luis Enrique Jaimes, Érika Xiomara Castro y Jacqueline Rodríguez, así como de la licenciada Medarda Lozano, los exalumnos Harold Forero y Arturo Cely, y el padre de familia José Rojas. Todos ellos acompañaron y apoyaron las distintas presentaciones, garantizando que cada detalle brillara con sentido educativo y estético.
El certamen, que se realizó bajo el concepto de “tertulia y cultura”, sobresalió por la originalidad de sus puestas en escena. Cada año, las producciones son inéditas, fruto del esfuerzo y la imaginación de los jóvenes. De hecho, el colegio conserva un valioso archivo audiovisual en su canal de YouTube, “Tertulias JCM – Filosofía José Celestino Mutis Bucaramanga”, donde quedan registradas las memorias de cada edición.

A medida que avanzaba la noche, el aire se llenaba de reflexiones y aplausos. Había algo mágico en ver a un adolescente interpretando a Sócrates o a Simone de Beauvoir, mientras su madre tomaba fotos y su padre asentía con orgullo. Era la filosofía saliendo de los libros para caminar entre la gente, para habitar el presente y salir de las aulas.
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La jornada cerró con una gran ovación. No era solo el reconocimiento a los jóvenes, sino al espíritu que mueve al colegio: el de formar seres humanos críticos, sensibles y comprometidos con su entorno. Porque cuando la educación se vive así —de noche, bajo la luna, entre preguntas y versos— deja de ser una rutina para convertirse en experiencia.
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Desde los espacios de Prensa Escuela de Vanguardia esta iniciativa recibe todo el reconocimiento, no solo por su valor pedagógico, sino por su capacidad de demostrar que la filosofía, cuando se enseña con pasión, puede unir generaciones y transformar comunidades.
En el José Celestino Mutis, una vez más, la razón y el arte caminaron juntos. Y bajo el brillo sereno de la luna, los estudiantes demostraron que pensar también es una forma de amar la vida.
















