Una emprendedora santandereana apuesta por convertir el aceite de cocina en jabones y velas sostenibles. Su objetivo es contribuir al cuidado del agua y promover la economía circular en Santander.

Cuando el aceite que queda después de freír alimentos en los hogares de los santandereanos llega a manos de Yuly Forero Pedraza empieza otra historia.
Yuly Forero, administradora ambiental y de los recursos naturales y líder de Cultivando Vida, apuesta por respetar el ciclo de la naturaleza. Por ello, incursiona en la elaboración de jabones y velas con el aceite que se usa en las cocinas de nuestro departamento, pues tiene un gran valor a la hora de ser reciclado. Y si termina en el lavaplatos puede traer grandes consecuencias.
Para hacerse una idea, un litro de aceite puede llegar a contaminar 1.000 litros de agua. No almacenarlo y tirarlo indiscriminadamente puede contaminar aún más las aguas residuales, y terminar siendo un agravante para la salud pública y ambiental.

“Lo que más nos motivó a incorporar economía circular dentro de lo que hacemos como Cultivando Vida es el tema de que en la economía circular se imitan los ciclos perfectos de la naturaleza donde todo se aprovecha y nada se desperdicia”.
Ese concepto marcó el camino, pues ella quería dejar atrás el modelo donde nos acostumbramos a extraer, utilizar y desechar sin pensar en lo que queda.
Por ello, la forma correcta de disponer de él es almacenarlo en botellas vacías y limpias y llevarlo a un punto de recolección.
En Cultivando Vida, un negocio verde que trabaja en pro de la sostenibilidad, arrancaron con la recepción de ese aceite de algunas familias y restaurantes de la ciudad. “Debe ser solamente aceite vegetal”, aclara Yuly.
Para garantizar que pueda ser procesado y a partir de ello fabricar jabones, es necesario verificar que no este haya sido mezclado con agua y que no tenga señales de deterioro extremo. “A veces está muy quemado o huele un poco mal, entonces, eso no lo podemos trabajar”.
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Pero en general, son muchos los litros de aceite que pueden ser transformados y que, por desconocimiento, terminan contaminando.
Cuando el aceite llega en buen estado, realizan el filtrado, explica Yuly. “A veces algunas personas ya nos lo entregan totalmente filtrado, pero hay que asegurarse de retirar impurezas y restos de comida”, agrega.
Desde marzo, Cultivando Vida han recolectado más de 150 litros.

¿Cómo convertir el aceite usado en jabones y velas?
Todo ocurre gracias a la saponificación, un proceso químico que permite formar los jabones.
Una vez filtrado, en algunos recipientes agregan romero, lavanda, hierbabuena o estragón, con el objetivo de que el aceite absorba los aceites esenciales de las plantas.
Después preparan la solución con hidróxido de potasio. Las proporciones debe ser precisas: 70 % aceite y 30 % de los demás materiales.
“El aceite deja de ser aceite y el hidróxido de potasio deja de ser hidróxido de potasio para transformarse en jabón, esa es la magia de la química. También agregamos algunos ingredientes naturales como esencias, a algunos les ponemos colorantes vegetales naturales o ‘toppings’, para que puedan tener esa capacidad exfoliante”, señala.
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La mezcla se vierte en moldes que también son reciclados: cajas, vasos de cartón o envases.

Yuly aclara que los jabones necesitan 30 días de curado antes de usarse. Son piezas pensadas para la limpieza en el hogar. Tienen la capacidad de quitar grasa y sustituyen detergentes convencionales. “Estos procesos donde se hacen estos detergentes generan un alto impacto en la naturaleza”.
Cultivando Vida también elabora velas. Yuly cuenta que la idea nació al revisar las velas de uso común. “Las velas están hechas de parafinas y este no es un producto natural, sino que es extraído de petróleo. Entonces, al quemarla también puede contaminar”.
Con eso en mente buscaron otra ruta. Mezclaron el aceite usado con cera de soya. El resultado sorprendió incluso a quienes participaron en las primeras pruebas. “Las personas no creen que una velita pueda oler tan rico, sabiendo que uno de los productos principales es un aceite por donde pasaron cosas como pescado o chicharron”.
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Una parte esencial del proceso que lidera Cultivando Vida son los talleres. Allí explican cómo fabricar jabones y velas en casa. Muchas personas llegan con su frasco de aceite y empiezan a ver ese residuo desde otra perspectiva.

“Es importante que las personas empiecen en sus casas a recolectar este aceite, a dejar de botarlo en los desagües”.
Para Yuly, todo está alineado con el propósito inicial. “Este proyecto se articula directamente con nuestra filosofía, pues nosotros buscamos siempre promover prácticas ambientales sostenibles, educar a las comunidades y hacer un aprovechamiento responsable de los recursos”.
Cada litro de aceite que no llega al agua evita impactos sobre la fauna, la flora y los acuíferos. Esta alternativa además disminuye el uso de jabones industriales, muchos de ellos fabricados a partir de sustancias que afectan los ecosistemas.
Yuly admite que no se trata de una técnica nueva. “Hace un montón de años las abuelas hacían también estos mismos jabones”. Lo que cambia hoy es la intención de cerrar ciclos y evitar que un residuo siga su curso hacia los desagües.















