Bucaramanga
Martes 24 de marzo de 2026 - 04:55 PM

Vivir con lo que alcanza, el rostro de la pobreza en el área metropolitana de Bucaramanga

Esta crónica periodística retrata hogares marcados por la necesidad y el sacrificio constante, y, en conjunto, revela el rostro menos visible de la pobreza en el área metropolitana de Bucaramanga, donde la vulnerabilidad persiste.

¿Cómo es el panorama de la pobreza en el área metropolitana de Bucaramanga? (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)
¿Cómo es el panorama de la pobreza en el área metropolitana de Bucaramanga? (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)

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William Antonio Pérez Rodríguez se levanta todos los días antes de que el sol termine de colarse entre los techos del humilde barrio Pantano, en la Comuna 5 de Bucaramanga. Su predio, ese que él mismo levantó con ladrillos y paciencia, está marcado como el rancho # 5 de la carrera 7 occidente. Allí, entre el olor a pegante y a cuero viejo, transcurre su vida.

Esta es la humilde casa de William Antonio Pérez Rodríguez, un residente en el barrio Pantano de Bucaramanga. Él dice que se la “rebusca” y que, gracias a lo que sabe de zapatería, ha podido sacar adelante a su hogar. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)
Esta es la humilde casa de William Antonio Pérez Rodríguez, un residente en el barrio Pantano de Bucaramanga. Él dice que se la “rebusca” y que, gracias a lo que sabe de zapatería, ha podido sacar adelante a su hogar. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)

Nunca ha tenido un trabajo estable. Lo dice sin drama, como quien ya hizo las paces con la incertidumbre. Por eso convirtió una esquina de su vivienda en una zapatería improvisada: un banco de madera, herramientas desgastadas y una hilera de zapatos que esperan turno para ser remendados. Ese es su sustento. Lo que gana al mes no alcanza ni al salario mínimo, pero es suficiente -o al menos eso intenta- para sostener su hogar y tenderle una mano a su hijo.

William Antonio Pérez Rodríguez.
William Antonio Pérez Rodríguez.

Tiene 40 años y una frase que repite con la naturalidad de quien no conoce otra opción: “me la rebusco”. Cuando escucha hablar de cifras, de informes de pobreza, no se incomoda. No siente vergüenza. Sabe, con la certeza que da la experiencia, que hace parte de esa larga lista de bumangueses que viven entre el día a día y entre lo que entra hoy y lo que se necesita mañana.

Conozca las cifras del informe de pobreza en el área metropolitana de Bucaramanga. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)
Conozca las cifras del informe de pobreza en el área metropolitana de Bucaramanga. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)

Su historia no es una excepción. Es, más bien, una puerta de entrada. Y es que en Bucaramanga y su área metropolitana, la pobreza no siempre aparece en los grandes titulares. Se esconde en casas como la de William Antonio, en calles donde el trabajo no tiene contrato y en hogares donde el tiempo se reparte entre sobrevivir y cuidar. Es una pobreza que no solo se mide en dinero, sino también en ausencias: educación incompleta, empleos inestables y oportunidades que nunca llegan.

Johanna Cárdenas, directora del programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos.
Johanna Cárdenas, directora del programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos.

A mitad de esta radiografía aparece la voz de quienes han intentado ponerle números a esa realidad. Johanna Cárdenas, directora del Programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, lo explica como quien ha visto las cifras repetirse hasta volverse rostro:

Estadísticas sobre pobreza
Estadísticas sobre pobreza

“Este informe lo que busca es entender la pobreza más allá del ingreso. No es solo cuántas personas son pobres, sino por qué lo siguen siendo. Cuando uno cruza los datos, encuentra que las carencias se acumulan: falta de educación, informalidad laboral, sobrecarga de cuidados. Todo eso se hereda, se queda en las familias”, revela Cárdenas.

El llamado Informe Especial de Pobreza, elaborado con microdatos de la Gran Encuesta Integrada de Hogares del DANE y la metodología de Cuadrantes de Pobreza del Departamento de Prosperidad Social, propone mirar el problema desde dos dimensiones: lo que entra al bolsillo y lo que falta en la vida cotidiana. Ese cruce, dice Cárdenas, permite dimensionar el verdadero tamaño del problema.

Pobreza en el área
Pobreza en el área

Según ella, “los números, cuando se aterrizan, dejan de ser abstractos y nos ayudan a entender mejor la dimensión de la pobreza”.

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Pobreza en el área metropolitana: historias marcadas por la incertidumbre. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)
Pobreza en el área metropolitana: historias marcadas por la incertidumbre. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)

En el área metropolitana de Bucaramanga, cerca de 57 mil personas viven en pobreza multidimensional. De ellas, 41.600 también son pobres en términos monetarios. Es decir, 7 de cada 10 personas que enfrentan múltiples carencias también tienen ingresos insuficientes. No solo ganan poco: viven con privaciones acumuladas en educación, salud, empleo y condiciones de vida.

Pobreza en el área metropolitana.
Pobreza en el área metropolitana.

William Antonio encaja ahí sin saberlo. O tal vez sabiéndolo demasiado bien. La informalidad laboral, por ejemplo, supera el 95 % entre quienes viven en esa pobreza bidimensional. Es decir, casi todos -como él- trabajan sin garantías, sin estabilidad, sin una red de protección. El ingreso depende del día, del cliente o de la suerte.

A eso se suma la poca formación académica de la población más humilde. Más del 83 % de la población en pobreza tiene bajos niveles educativos. Es un dato frío, pero explica mucho: sin educación, las opciones laborales se reducen, los ingresos se estancan y el ciclo se repite. En los hogares más golpeados, más del 70 % de los jefes y sus parejas no superan la educación media. Así, la pobreza no solo se vive: se hereda.

Pobreza en el área metropolitana de Bucaramanga.
Pobreza en el área metropolitana de Bucaramanga.

Pero hay otro rostro, menos visible, que el informe revela con claridad: el de las mujeres. El 38% de las jefas de hogar en pobreza bidimensional son madres cabeza de familia. Cargan con la responsabilidad de generar ingresos y, al mismo tiempo, sostener el cuidado del hogar. Muchas trabajan -cuando pueden- en la informalidad: el 100 % de las jefas y el 88 % de las hijas ocupadas lo hacen sin contrato.

Pobreza cotidiana: sobrevivir entre lo que entra hoy y falta mañana. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)
Pobreza cotidiana: sobrevivir entre lo que entra hoy y falta mañana. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)

En esos hogares, el tiempo también es una forma de pobreza. El 31 % de las jóvenes dedica hasta siete horas diarias al cuidado de niños pequeños sin recibir pago. Aunque el 30 % logra acceder a educación superior -muy por encima del 5 % de los hombres-, solo el 38 % consigue empleo. El resto queda atrapado en una rutina que no cotiza, no paga ni suma experiencia.

En el barrio Pantano, estas cifras no se leen: se viven. Se ven en los hijos que dejan el colegio para trabajar, en las madres que no duermen lo suficiente, en los hombres que, como William Antonio, inventan oficios para no quedarse quietos. Se escuchan en conversaciones cortas y se leen en cuentas que no cuadran.

Pobreza en el área urbana: historias que permanecen invisibles. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)
Pobreza en el área urbana: historias que permanecen invisibles. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)

El informe también señala algo que no se puede medir con facilidad: la falta de una estrategia metropolitana articulada para enfrentar la pobreza. Hay esfuerzos, sí. Pero no bastan. No cambian la estructura. No rompen el ciclo.

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Porque la pobreza, como la vida de William Antonio, es una suma de factores que se entrelazan: ingresos bajos, educación limitada y trabajos informales. Y mientras esos elementos sigan reforzándose entre sí, las cifras -por más diagnósticos que existan- seguirán teniendo rostro.

William Antonio Pérez Rodríguez.
William Antonio Pérez Rodríguez.

Al final del día, William Antonio cierra su pequeña zapatería casera. Cuenta las monedas, organiza los zapatos que entregará mañana y apaga la luz. Afuera, Bucaramanga sigue su ritmo. Adentro, en esa casa hecha a pulso, la pobreza no es una estadística: es una rutina que comienza de nuevo al amanecer.

Testimonio de una mujer cabeza de familia

La pobreza en el área metropolitana de Bucaramanga. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)
La pobreza en el área metropolitana de Bucaramanga. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)

Marina Sánchez, una madre cabeza de familia del barrio Transición, dice que ella experimenta la pobreza más allá de las cifras: “Aquí no es solo que falte la plata, sino que también nos faltan muchas otras cosas, como oportunidades de estudio o un trabajo digno”.

“Muchos trabajamos en lo que salga, en la calle, rebuscándonos, porque conseguir un empleo formal es casi imposible. Yo he visto que casi todos los que estamos en esta situación vivimos de la informalidad. Además, muchos no pudimos estudiar lo suficiente, y eso nos cierra puertas”.

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“Para nosotras las mujeres es todavía más duro. Muchas somos cabeza de hogar, como yo, y nos toca solas con los hijos, respondiendo por la casa y también saliendo a conseguir el sustento”.

“Y lo más difícil es que casi todas trabajamos sin contrato, sin seguridad, sin nada fijo. Así estamos la mayoría de las mujeres en estos hogares, las hijas y también las mamás. A veces uno siente que por más que luche, no avanza, porque todo está en contra. Pero igual, uno sigue, porque toca, porque los hijos dependen de uno y no hay otra opción que seguir adelante”.

“Y súmele a eso que todo cada día está más caro. La comida, los servicios, el arriendo… todo sube, pero lo que uno se gana no alcanza. Hay días en que toca escoger entre pagar una cosa u otra, o rendir la comida como se pueda para que todos coman. Yo vivo preocupada, haciendo cuentas todo el tiempo, viendo cómo estirar lo poquito que entra, y aun así muchas veces no alcanza”.

“Pero a pesar de todo, una no pierde la esperanza. Yo, como muchas mujeres aquí en el barrio Transición, sigo luchando por mis hijos, para que ellos sí puedan estudiar y tener más oportunidades que las que tuve yo. Sueño con que las cosas cambien, con tener un trabajo estable, con vivir un poco más tranquila”, puntualiza.

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Cinco recomendaciones del programa Cómo Vamos

Aún se respira mucha pobreza en Bucaramanga. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)
Aún se respira mucha pobreza en Bucaramanga. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)

El Programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, basado en el diagnóstico de la respuesta institucional y la caracterización socioeconómica de los hogares en la capital santandereana, Floridablanca, Girón y Piedecuesta, sugiere las siguientes líneas de acción:

  • 1. Dada la “inexistencia de articulación metropolitana”, identificada en el diagnóstico, es imperativo recomendar la creación de una instancia técnica de coordinación entre los cuatro municipios. Esta oficina o mesa de trabajo debería estar a cargo del Área Metropolitana de Bucaramanga para que, en su misionalidad institucional, brinde apoyo técnico a proyectos conjuntos contra la pobreza que trasciendan los límites administrativos, reconociendo que la movilidad laboral y el acceso a servicios de la población pobre es de carácter metropolitano.
  • 2.  Establecer un “marco de navegación” común con estrategias claras y metas unificadas para evitar la dispersión de esfuerzos locales.
  • 3.  Para mitigar la “atención fragmentada” y la dependencia exclusiva del SISBEN IV, se hace necesario desarrollar una infraestructura de datos que permita la interoperabilidad entre los sistemas de salud, educación y vivienda (por ejemplo) de Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta.
  • 4.  Validar y complementar la información nacional con registros administrativos locales para identificar hogares con múltiples privaciones simultáneas que hoy quedan fuera del radar institucional por errores de registro en programas nacionales. De igual forma, buscar activamente a esta población para que esta no quede fuera de la oferta institucional.
  • 5. Se recomienda tomar el Marco de Lucha contra la Pobreza Extrema de Bucaramanga como un referente técnico para la región, incentivando a Floridablanca, Girón y Piedecuesta a incluir metas de resultados específicas frente a la pobreza monetaria y multidimensional en sus instrumentos de planeación.

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