Bucaramanga
Viernes 05 de junio de 2026 - 03:26 PM

Cuando Bucaramanga ‘esperó’ al diablo: 30 años del furor por el 666 que sacudió a la ciudad

Tres décadas del pánico del 666: la historia detrás del rumor que conquistó Bucaramanga.

La noche en que todos hablaban del diablo: tres décadas del mito del 666.
La noche en que todos hablaban del diablo: tres décadas del mito del 666.

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Hubo un tiempo en que un rumor recorría Bucaramanga más rápido que cualquier mensaje de WhatsApp, más veloz que una publicación viral y más contagioso que cualquier tendencia de internet. Lo curioso es que en 1996 no existían redes sociales. Sin embargo, durante semanas, la ciudad vivió atrapada por una historia que mezclaba miedo, religión, superstición y morbo: la supuesta llegada del Anticristo.

Registro noticioso de aquel 666, en Vanguardia. (Archivo)
Registro noticioso de aquel 666, en Vanguardia. (Archivo)

Este sábado, 6 de junio, se cumplen exactamente 30 años de aquel episodio que marcó la memoria colectiva de muchos bumangueses. Era el 6 de junio de 1996, una fecha que para algunos no era una coincidencia cualquiera. El día 6, del mes 6, de un año terminado en 6. Para los más alarmistas, la combinación anunciaba la aparición del temido 666, el número asociado en el imaginario popular con la llamada “bestia” del Apocalipsis.

La expectativa creció hasta convertirse en una auténtica psicosis colectiva. Los rumores iban y venían por las calles, los buses, las tiendas y los patios de las casas. Cada persona parecía conocer una nueva versión de la historia. Algunos aseguraban que el fin del mundo estaba cerca. Otros hablaban de señales misteriosas. Y hubo quienes juraban que el diablo había sido visto en una reconocida discoteca de la época, ubicada sobre la vía a Girón.

La supuesta aparición del diablo en Bucaramanga. (Archivo/VANGUARDIA)
La supuesta aparición del diablo en Bucaramanga. (Archivo/VANGUARDIA)

La historia corrió como pólvora. Lo que hoy podría parecer una simple cadena de fake news, en aquellos años adquirió dimensiones sorprendentes. La ausencia de redes sociales no impidió que el relato se expandiera. Al contrario, el boca a boca convirtió cada versión en una verdad aparentemente irrefutable.

El impacto fue tal que centenares de familias acudieron a las iglesias para bautizar a sus hijos. Los registros periodísticos de entonces describieron jornadas de “bautizos al por mayor”, impulsadas por el temor de que la supuesta presencia del mal pudiera afectar a los más pequeños.

Mientras el miedo crecía en algunos sectores, sacerdotes, teólogos y expertos consultados por la prensa local intentaban poner paños de agua fría a la situación. Todos coincidían en un mensaje: no existía ninguna razón para alarmarse.

Explicaban que las interpretaciones sobre el 666 estaban siendo sacadas de contexto y que muchas de las creencias que circulaban no tenían sustento en los textos bíblicos.

Incluso recordaban que el famoso número, mencionado en el Apocalipsis, ha sido objeto de múltiples interpretaciones históricas. Algunos estudiosos señalaban que representaba simbólicamente al Imperio Romano y a la persecución de los primeros cristianos bajo el gobierno de Nerón César, lejos de cualquier anuncio sobre una fecha específica para el fin del mundo.

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También insistían en que la figura del Anticristo no debía entenderse como un personaje que aparecería un determinado día del calendario. Según las explicaciones divulgadas entonces, el término hacía referencia al mal y a todo aquello que se opusiera a los principios cristianos.

Pero la razón tenía dificultades para competir con la imaginación colectiva.

La década de los noventa estuvo marcada por una fuerte fascinación por las profecías, las interpretaciones apocalípticas y las predicciones atribuidas a Nostradamus. Los programas de televisión, las revistas esotéricas y las conversaciones cotidianas alimentaban una atmósfera propicia para que cualquier rumor encontrara terreno fértil.

El diablo en Bucaramanga. (Archivo/ VANGUARDIA)
El diablo en Bucaramanga. (Archivo/ VANGUARDIA)

Así, Bucaramanga vivió durante varios días una de las historias más peculiares de su pasado reciente. Una ciudad pendiente del reloj, esperando que ocurriera algo extraordinario en una fecha cargada de simbolismos.

Pero, nada ocurrió. El 6 de junio de 1996 terminó como cualquier otro día. No apareció el diablo. No llegó el Anticristo. No hubo señales sobrenaturales ni se cumplió ninguna profecía.

Lo que sí quedó fue una anécdota que tres décadas después sigue siendo recordada como uno de los fenómenos de histeria colectiva más llamativos que haya vivido la capital santandereana. Una historia que demuestra que mucho antes de Facebook, X, Instagram o TikTok, los rumores también podían hacerse virales. Y quizá con más fuerza de la que imaginamos.

Disfraz de Diablo, representado por Carlos Niño Bueno. (Archivo / VANGUARDIA)
Disfraz de Diablo, representado por Carlos Niño Bueno. (Archivo / VANGUARDIA)

Nota de la Redacción: ¿Vivió esa época? Escríbanos qué recuerda de ese entonces al correo: eardila@vanguardia.com

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