La Lonchería la 36 fue mucho más que un negocio: fue punto de encuentro, sabores entrañables y recuerdos que todavía despiertan nostalgia entre varias generaciones de bumangueses.

Bastaba con mencionar su nombre para que, casi de inmediato, regresara a la memoria una tarde cualquiera en el Centro de Bucaramanga: el encuentro con los amigos, la pausa después del trabajo, una conversación sin afán o aquella reunión de estudio que, tarde o temprano, terminaba alrededor de algo rico para comer.
Hablamos de Lonchería La 36, aquella que durante tantos años ocupó la esquina de la calle 36 con carrera 13, en pleno corazón de la ciudad. Allí comenzó una historia que, con el paso del tiempo, dejó de ser solamente la de un negocio para convertirse en parte de la memoria de varias generaciones de bumangueses.

Su fundador, Juan Pablo León, fue un santandereano entusiasta, echado pa’lante, quien supo entender a la gente y, sobre todo, crear un lugar al que siempre se quisiera regresar. Fue un sitio de onces y meriendas casero y cercano a la gente.

¡Y vaya que lo consiguió! Durante varias décadas, la Lonchería la 36 fue la reina de las cafeterías del Centro de Bucaramanga. Por sus puertas pasaron estudiantes, trabajadores, familias, comerciantes, amigos y enamorados. Allí se dieron cita quienes buscaban un descanso en medio del trajín del día, quienes tenían algo que conversar y quienes, simplemente, querían sentarse a disfrutar de esos sabores que parecían sencillos, pero que tenían algo especial.

Porque el secreto de este negocio no estaba únicamente en sus recetas. Estaba también en el cariño con que se hacían las cosas. Los tradicionales buñuelos, los panes de yuca, las almojábanas, los pasteles de carne, las empanadas de pollo acompañadas de aquel ají que muchos todavía recuerdan, la avena, el kumis, el masato y tantas otras delicias terminaron convirtiéndose en pequeños símbolos de una época. Todo bajo una frase que resumía la esencia del negocio: “Nuestros productos del horno al paladar”.

Pero quienes conocieron la Lonchería la 36 saben que había algo más. Estaba la atención, la cercanía, la sonrisa, el saludo familiar y esa agradable sensación de entrar a un lugar donde uno no se sentía simplemente un cliente, sino alguien conocido, alguien que hacía parte de la casa.

Fanny Yanet León, hija de don Juan Pablo, recuerda que aquella fue una empresa profundamente cercana al bumangués y que una de sus grandes claves fue precisamente saber atender al cliente.
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Su hermano, el artista Juan Carlos León, conserva también la imagen de una lonchería que terminó convirtiéndose en paso obligado para quienes transitaban por el Centro. Era difícil caminar por aquellos alrededores sin escuchar una frase que se volvió casi una cita: “Nos vemos en La 36 con 13”.

Y así, lo que comenzó en la calle 36 No. 13-02 fue creciendo. El éxito llevó a la familia a abrir otros establecimientos en Cabecera, La Rosita y Cañaveral. Las onces dejaron entonces de ser solamente en aquella recordada esquina del Centro para convertirse en una empresa netamente santandereana, reconocida y querida por miles de personas.

Tal vez por eso hoy cuesta hablar de la Lonchería la 36 simplemente como un negocio. Porque hay lugares que, con el paso de los años, terminan mezclándose con la vida de una ciudad. Se quedan en las fotografías, en las conversaciones familiares, en las historias de quienes alguna vez estuvieron allí y, sobre todo, en la memoria.

Después llegó la pandemia. Desde 2020, como ocurrió con tantos negocios, la historia comenzó a atravesar tiempos difíciles. Aquella inesperada sacudida cambió rutinas, costumbres y formas de encontrarnos, y la Lonchería La 36 también sintió el golpe de una época que dejó profundas huellas.
Pero, este negocio se quedó en la memoria de quienes alguna vez se sentaron en sus mesas, en el sabor que todavía alguien puede recordar, en el olor de un buñuelo recién hecho, en una almojábana caliente, en un vaso de avena, en aquel masato, y también en esa pregunta que, de vez en cuando, aparece cuando se habla del viejo Centro de Bucaramanga: “¿Se acuerda de la Lonchería la 36?”
Y entonces regresan los recuerdos. Regresa el amigo con quien se compartían las onces, el compañero de oficina, la novia de aquellos años, los compañeros del colegio, las tardes de conversación, las diligencias por el Centro, las pausas en medio del trabajo, el buñuelo que parecía saber mejor porque se comía allí, en medio del movimiento, las voces y el bullicio de aquella Bucaramanga de otros tiempos.
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Hoy, cuando miramos hacia atrás, entendemos que la Lonchería La 36 no solamente alimentó a los bumangueses: también alimentó una época. Por eso, recordarla es también rendir homenaje a don Juan Pablo León, a su visión, a su entusiasmo y a la capacidad que tuvo para convertir una esquina en un punto de encuentro de toda una ciudad. Es recordar, además, a esa gran familia que estuvo detrás del negocio y a tantos trabajadores que pusieron sus manos, su dedicación y su cariño en cada producto y en cada atención.
Porque hay sabores que se olvidan y hay otros que se quedan para siempre. La Lonchería La 36 pertenece a esos recuerdos que todavía tienen sabor. Y si usted llegó hasta aquí, queremos preguntarle algo: ¿qué recuerda de La 36? ¿Qué era lo que más le gustaba? ¿Con quién iba? ¿Qué pedía? ¿Qué historia guarda de aquellas tardes en las que esta lonchería fue, sin discusión, una de las grandes reinas del Centro de Bucaramanga? Cuéntenos al correo eardila@vanguardia.com

Tal vez su recuerdo sea también el recuerdo de muchos otros. Porque mientras alguien pueda evocar aquella esquina, aquellos sabores, aquellas conversaciones y a las personas que hicieron posible esta historia, La 36 seguirá teniendo un lugar en el corazón de Bucaramanga. Y de pronto eso será, al final, lo más bonito que pudo dejar ese negocio: no solo el sabor de lo que vendió, sino la nostalgia de todo lo que allí vivimos.















