Domingo Cáceres, quien fuera un reconocido jefe de Redacción de Vanguardia en los años 70 y 80, falleció en la mañana de ayer. Este es un sencillo homenaje póstumo a un gran periodista que dejó su huella en la historia de Vanguardia.

El periodismo santandereano despide a uno de los hombres que, desde la Sala de Redacción, ayudaron a escribir una parte importante de la historia de Vanguardia Liberal, hoy Vanguardia. Domingo Cáceres, periodista, jefe de Redacción y redactor de temas internacionales, falleció a los 91 años, dejando tras de sí varias décadas consagradas al oficio de informar y el recuerdo de una generación que aprendió periodismo entre noticias, cierres, máquinas de escribir y páginas de periódico.
Natural de Bucaramanga, Cáceres perteneció a aquella vieja guardia de empíricos que se formaron en el ejercicio diario de la profesión, cuando las facultades de Comunicación y Periodismo todavía no tenían el protagonismo que alcanzarían años después. Su universidad fue la Redacción: las noticias, la reportería, la lectura, los cierres de páginas y esa exigencia permanente de entregar al lector un periódico bien escrito, bien editado y, sobre todo, responsable.

Durante los años 80 fue uno de los jefes de Redacción de la otrora Vanguardia Liberal, donde se convirtió en una de las figuras visibles de aquella sala editorial que reunió a reconocidos periodistas de la época. Allí dejó su sello, con el rigor de quien conocía profundamente los secretos del periodismo impreso y entendía que cada palabra tenía un peso, cada noticia una responsabilidad y cada página un compromiso con los lectores.
Fue, ante todo, un hombre de oficio. De esos periodistas que sabían que una noticia no terminaba cuando se escribía, sino que había que revisarla, contrastarla, editarla y volver sobre ella hasta encontrar la mejor manera de contarla.
En junio de 1987 ingrese a la sala de redacción de @vanguardiacom (@Vanguardia_ ) me atendió Don Domingo Cáceres un hombre de baja estatura con un constante tabaco piedecuestano encendido. Como Veleño, venía referenciado por Plinio Eduardo Silva Marín. La tarea, ser corresponsal… https://t.co/1Y8epnm2Gy
— Angel Alirio Moreno Mateus (@AlirioMoreno) August 27, 2026
Su experiencia y conocimiento fueron parte de una época clásica de Vanguardia, cuando el periódico se construía alrededor de una Redacción en la que la práctica cotidiana era también una forma de aprendizaje.
Por su oficina pasamos algunas de las primeras generaciones de periodistas formados profesionalmente en las universidades. Cáceres recibió en Vanguardia a los primeros egresados de Periodismo de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB, y de otras instituciones del país. Su presencia coincidió así con uno de los momentos de transformación de la profesión: el encuentro entre aquella generación que había aprendido el oficio en las salas de Redacción y la nueva camada de periodistas que comenzaba a llegar con formación académica.

Su retiro, a comienzos de los años 90, marcó también un simbólico período de transición. Con la salida de hombres como Domingo Cáceres comenzó a cerrarse una etapa de la Redacción tradicional y a abrirse otra, protagonizada por profesionales que llegamos de las aulas universitarias. Pero las nuevas generaciones encontramos en aquellos veteranos una escuela que difícilmente podía caber en un salón de clases.
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El ‘duro’ de las letras del barrio La Joya
Más allá de la Redacción, de los titulares y de las páginas de Vanguardia, estaba Domingo Cáceres, el hombre. Un bumangués que durante muchos años vivió en el barrio La Joya de Bucaramanga, donde también construyó parte importante de su historia personal y familiar.
Quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo no solo recordamos al jefe exigente y conocedor de su oficio, sino también a un ser humano sencillo y generoso. Fue una gran persona, de esas que dejan una huella que va mucho más allá de las responsabilidades que desempeñaron y de los cargos que ocuparon. Por eso, recordarlo hoy no significa únicamente hablar del jefe de Redacción o del periodista de temas internacionales, sino también del hombre que supo ganarse el aprecio y el respeto de quienes compartimos con él distintas etapas de la vida.
Después de dejar el periódico, se dedicó a cumplir otro de sus grandes sueños: vivir en su finca de Chocoíta. Allí encontró la tranquilidad que había imaginado después de tantos años de periodismo, lejos de los afanes de los cierres y de la permanente carrera contra el reloj que caracteriza a una sala de Redacción.

Habían quedado atrás cuatro décadas de vida profesional dedicadas al periodismo. Comenzaba entonces otra etapa, más pausada, en la que pudo disfrutar de su finca y de esa vida sencilla que había soñado mientras ejercía una profesión que, para él, fue mucho más que un trabajo.
Y entre las imágenes que permanecen de aquel Domingo Cáceres de la Redacción hay una que siempre nos acompañó a todos: su inseparable tabaco. En aquellos años esa era una escena habitual en las salas de Redacción.
Don Domingo, como lo llamábamos los periodistas de ese entonces, solía estar acompañado por ese pequeño ritual, que terminó haciendo parte de la estampa de un periodista de otra época. Recordarlo con su ‘chicote’ es también recuperar, con afecto, una imagen de aquellos tiempos en los que las redacciones tenían sus propios personajes, costumbres y maneras de vivir el oficio. Es una forma de traer a la memoria al hombre detrás del periodista.
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El próximo 16 de octubre, Domingo Cáceres cumpliría 92 años. Se marcha apenas unas semanas antes de esa fecha, pero deja una historia que no termina con su partida.
Queda su nombre en la memoria de Vanguardia y del periodismo santandereano. Queda la huella de un profesional riguroso, conocedor de los universos del periodismo impreso y perteneciente a una generación que hizo de la experiencia, la disciplina y el amor por el oficio su principal escuela.
Pero queda, sobre todo, el recuerdo de un buen hombre. De un ser humano que supo construir afectos, que compartió conocimientos y que dejó una marca en quienes tuvimos la fortuna de cruzarse con él en la vida y en el ejercicio del periodismo.
A su esposa, Josefa A. Prada, y a sus hijos Ronald, Elizabeth, Diana (q. e. p. d.) y Karen, expresamos nuestras más sentidas condolencias y nuestra solidaridad en este momento de dolor.
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Con Domingo Cáceres se va uno de los hombres de aquella Redacción que hoy ya es memoria. Una Redacción de puertas abiertas, de largas jornadas, de páginas que se cerraban contra el reloj y de periodistas que hicieron escuela sin proponérselo. Hoy, al recordarlo, solo queda decir gracias por el oficio, por la enseñanza, por los años compartidos y gracias, especialmente, por haber hecho parte de una historia que también se escribió con su nombre. Paz en su tumba.

Nota de la Redacción: La sala de velación es en la Funeraria Los Olivos, en la carrera 31 No. 52A-16. Las exequias se cumplen a las 3:00 p.m. de hoy en la Parroquia San Roque y en el Parque Memorial Jardines La Colina.















