El mundo del ejercicio está repleto de ‘reglas’ que se replican sin cuestionarse: cardio versus pesas, edad metabólica o cuánto peso se debe levantar. Luisa Fernanda Mejía, profesional en Cultura Física, Deporte y Recreación, explica por qué moverse con un propósito claro es más importante que seguir una fórmula.

Publicado por: Alejandra Acela
Esta es la premisa que sostiene un entrenamiento con propósito: salir del gimnasio agotado no es, por sí solo, una garantía de resultados. Es un enfoque que le apuesta a la intención por encima de la rutina, cuestionando la idea de que más esfuerzo equivale indiscutiblemente a un mejor entrenamiento.
Para Luisa Fernanda Mejía Iguarán, profesional en Cultura Física, Deporte y Recreación, debe primar la conciencia de un sentido mayor basado en las necesidades del cuerpo e identificando las acciones necesarias para conseguir un resultado real. “Entrenar con propósito es saber por qué estoy entrenando y qué quiero lograr con eso. No se trata simplemente de ir al gimnasio, hacer una rutina y salir cansado”, propone.

Cardio o pesas: un dilema equivocado
Preguntarse cuál actividad es más importante, si el cardio o el entrenamiento de fuerza, es uno de los debates más protagónicos del mundo del ejercicio. Para la especialista, plantear una pregunta así ya parte de un error, pues no existe una respuesta absoluta. “Las dos son importantes, pero la prioridad debe depender de lo que cada persona quiere lograr”, señala.

En ese sentido, si la meta es ganar fuerza o masa muscular, debería darle mayor peso al entrenamiento de fuerza; si busca resistencia cardiovascular, priorizar el cardio; y quien piensa en salud y calidad de vida en general, buscar un equilibrio entre ambos. “Lo más importante es dejar de pensar que todos deben entrenar igual”, agrega.
No obstante, para Mejía, el entrenamiento de fuerza es una de las actividades más subestimadas, confundiéndose frecuentemente como algo exclusivo de quienes buscan ganar músculo. Lejos de esto, se trata de una herramienta de salud que acompaña todas las etapas de la vida: en la juventud construye capacidad física y, con los años, se vuelve indispensable para conservar masa muscular, movilidad y autonomía.
“Esto es especialmente importante en los adultos mayores, porque tener fuerza significa poder levantarse de una silla, subir unas escaleras, cargar algo o simplemente seguir haciendo nuestras actividades del día a día sin depender de otra persona”, afirma.

Entrenar con propósito es entender que no estamos buscando resultados para el próximo mes; estamos construyendo hábitos para los próximos años

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Además, la especialista también desmiente un mito extendido entre las mujeres: que entrenar fuerza las volverá excesivamente musculosas. “El entrenamiento de fuerza bien orientado busca que la persona sea más fuerte, funcional y saludable, no que todos tengan el mismo físico”, aclara.
Algo similar ocurre con la llamada ‘edad metabólica’, un término que permite entender el estado del cuerpo frente a la edad real. Para la especialista, más que perseguir un número, lo importante es qué se está haciendo para mantener el cuerpo saludable: enfocarse en construir una condición física más fuerte, activa y saludable.
Esa misma lógica explica por qué la evidencia científica habla cada vez más del ejercicio como una forma de medicina, pues bien planificado, tiene impacto en el control de condiciones como la diabetes, la hipertensión, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares, además de beneficios en la salud mental y la movilidad. Eso sí, Mejía aclara que el ejercicio no reemplaza un tratamiento médico: así como un medicamento tiene una dosis, el entrenamiento también debe ajustarse a la frecuencia, intensidad y condición de cada persona.

El mito de salir ‘destruido’
Para Mejía, uno de los mitos más dañinos del mundo del entrenamiento es pensar que si no se entrena pesado o no se termina agotado, el ejercicio no sirve. “Cuando una persona está empezando, lo importante no es cuánto peso levanta, sino empezar a generar estímulos en los músculos y aprender a ejecutar correctamente los movimientos”, explica. Querer levantar desde el primer día lo mismo que alguien con años de experiencia, advierte, suele terminar en lesiones o en frustración. “El entrenamiento debe adaptarse a la persona, no la persona al entrenamiento”, resume.
Para quienes quieren empezar a moverse sin lesionarse ni abandonar en el primer mes, su recomendación es no intentarlo todo de una vez: identificar el objetivo, conocer la condición física de partida y construir un plan progresivo y sostenible. “Entrenar con propósito es entender que no estamos buscando resultados para el próximo mes, estamos construyendo hábitos para los próximos años”, concluye Mejía.
Recomendaciones para entrenar mejor
- Identificar el punto de partida:conocer la condición física propia y realizar una valoración inicial antes de comenzar rutinas exigentes.
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- Progresión sobre intensidad:evitar el mito de entrenar hasta quedar exhausto; al principio lo más importante es estimular el cuerpo y aprender los movimientos.
- Acompañamiento y motivación grupal:participar en clases dirigidas facilita la constancia, aporta guía profesional y hace el proceso más dinámico.
- Evitar las comparaciones:respetar el ritmo biológico propio, entendiendo que cada organismo responde y progresa de manera diferente.
Para mayor información: fitnesspeoplecolombia.com















