Bucaramanga
Sábado 07 de noviembre de 2026 - 07:22 AM

Casas para volver a soñar: la gran labor de la Fundación Mujer y Hogar

En alianza con Zurich, Fundación Techo Colombia, UDES sede Cúcuta, Coinversiones, Nacional de Servicios y el Programa de Ingeniería Civil de la UDES, la Fundación Mujer y Hogar transforma las condiciones de vida de familias vulnerables mediante la entrega de viviendas. Esta es la historia:

Construyendo casas, sembrando futuro: más de 25 años de la Fundación Mujer y Hogar.
Construyendo casas, sembrando futuro: más de 25 años de la Fundación Mujer y Hogar.

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Durante más de 70 años, Marcelina Panqueva Flórez guardó un mismo anhelo: tener una casa propia donde vivir tranquila junto a su familia. Desde joven conoció el dolor de perderlo todo. La violencia bipartidista que golpeó a Málaga, Santander, la obligó a abandonar su hogar y empacar su vida en un par de maletas para buscar refugio en Bucaramanga. Desde entonces, le pidió a Dios y a la Virgen un lugar donde pudiera dejarlas definitivamente y echar raíces.

Creyó haberlo conseguido, pero en 2010 una avalancha destruyó su humilde vivienda de tablas en el barrio Brisas de Provenza. La historia parecía repetirse, hasta que la solidaridad le devolvió la esperanza y, años después, pudo ver su casa transformada gracias al acompañamiento de la Fundación Mujer y Hogar y la Universidad de Santander.

La historia de Marcelina representa la de cientos de familias que han encontrado en la solidaridad una oportunidad para comenzar de nuevo. Detrás de cada vivienda recuperada, cada niño que accede a la educación y cada mujer que descubre su capacidad de salir adelante está el trabajo que, durante más de 25 años, ha desarrollado la Fundación Mujer y Hogar.

Omaira Nelly Buitrago Bohórquez, quien está al frente de la Fundación Mujer y Hogar, aparece al lado de las familias Pushaina Uriana y Mancipe Jerez, las cuales se benefician hoy con la entrega de viviendas, tras una actividad que tiene lugar en el barrio Luz de Salvación. (Foto: Byron Pérez / VANGUARDIA)
Omaira Nelly Buitrago Bohórquez, quien está al frente de la Fundación Mujer y Hogar, aparece al lado de las familias Pushaina Uriana y Mancipe Jerez, las cuales se benefician hoy con la entrega de viviendas, tras una actividad que tiene lugar en el barrio Luz de Salvación. (Foto: Byron Pérez / VANGUARDIA)

Liderada por Omaira Nelly Buitrago Bohórquez, esta organización nació con la convicción de que ayudar no es solo atender una necesidad inmediata, sino ofrecer herramientas para transformar realidades y construir un futuro con dignidad y autonomía.

Omayra Nelly Buitrago Bohórquez, quien fuera Mujer Cafam Santander 2025-2026.
Omayra Nelly Buitrago Bohórquez, quien fuera Mujer Cafam Santander 2025-2026.

Su trayectoria ha sido posible gracias a voluntarios, instituciones, empresas y personas que entienden que la solidaridad cobra sentido cuando se convierte en acciones concretas. Esa filosofía sigue creciendo mediante alianzas y proyectos que buscan mejorar la vida de quienes más lo necesitan.

Hoy, jornada solidaria en Luz de Salvación

Donde se construye una casa, también renace la esperanza.
Donde se construye una casa, también renace la esperanza.

“Una muestra de ese trabajo conjunto es la jornada que se realiza hoy, sábado 7 de noviembre, en el barrio Luz de Salvación de Bucaramanga, donde varias familias podrán comenzar una nueva historia bajo un techo digno y seguro”, informó Omaira Nelly Buitrago Bohórquez.

Ella informó que la iniciativa, si bien es liderada por la Fundación Mujer y Hogar, se adelante en alianza con Zurich, Fundación Techo Colombia, la Universidad de Santander (UDES), Coinversiones, Nacional de Servicios y el programa de Ingeniería Civil de la UDES.

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“El propósito es llevar soluciones habitacionales a familias vulnerables de Bucaramanga y la Alta Guajira, demostrando que la unión entre empresas, academia y organizaciones sociales puede convertir los sueños en realidades”, agregó.

Más que entregar viviendas, esta jornada representa el resultado de un esfuerzo compartido, en el que cada aliado aporta conocimientos, recursos y compromiso para responder a una necesidad fundamental: tener un lugar seguro donde vivir. También demuestra que la responsabilidad social puede ir más allá de los discursos y convertirse en oportunidades reales para las comunidades.

Esta iniciativa se suma a un trabajo que no termina con la entrega de una casa. Junto a la UDES, la Fundación Mujer y Hogar desarrolla proyectos como Viviendas Saludables y Espacios Seguros, orientados a ofrecer soluciones habitacionales y mejorar las condiciones de las viviendas entregadas. La experiencia de Marcelina refleja ese compromiso: su casa no solo fue reconstruida, sino que también recibió adecuaciones para hacerla más habitable. Porque transformar vidas significa acompañar a las familias y seguir cerca de ellas después de cumplir el primer sueño.

Más allá de las paredes

Construyendo casas, sembrando futuro: más de 25 años de la Fundación Mujer y Hogar.
Construyendo casas, sembrando futuro: más de 25 años de la Fundación Mujer y Hogar.

“En cada una de estas labores participaron estudiantes del programa de Ingeniería Civil de la UDES, quienes trasladaron los conocimientos adquiridos en las aulas a una experiencia de trabajo con la comunidad”, dijo el profesor de la UDES, José Daniel Ardila.

“Para los estudiantes, la intervención representó una oportunidad de aplicar sus conocimientos en un contexto real. Para Marcelina y su familia, significó volver a descubrir su propia casa”, agregó el destacado docente.

Doña Marcelina aparece aquí junto a los ingenieros solidarios de la UDES y las demás personas que se unieron a esta bella causa de garantizar un techo digno para los más necesitados.
Doña Marcelina aparece aquí junto a los ingenieros solidarios de la UDES y las demás personas que se unieron a esta bella causa de garantizar un techo digno para los más necesitados.

Hoy, a sus 86 años, después de tantas pérdidas, mudanzas y noches de incertidumbre, Doña Marcelina tiene motivos para descansar tranquila. Aquella historia que comenzó con un par de maletas y el temor de no encontrar un lugar al cual regresar hoy tiene paredes pintadas, pisos de cerámica y espacios que su familia disfruta con orgullo. Mientras Marta, su hija, sueña con embellecer la entrada y llenar de flores el jardín, Marcelina contempla lo que esperó durante más de siete décadas: un hogar. Porque una casa no son solo cuatro paredes; es ese lugar donde, finalmente, se puede dejar de vivir con miedo a perderlo todo.

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