sábado 14 de diciembre de 2019 - 8:00 AM

Donar movilidad para educar, la razón que impulsa a la Fundación Mica Sonrisas

Desde hace cinco años la fundación Mica Sonrisas ayuda, a través de la donación de bicicletas, a que niños de zonas vulnerables de Colombia lleguen a sus colegios de forma ágil y segura.
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Para que los niños de algunas zonas vulnerables del país puedan llegar con facilidad a sus colegios, los integrantes de la Fundación Mica Sonrisas se ponen “la 10” todos los días.

Desde muy temprano Víctor Julio González, creador de la fundación, y su equipo se reúnen a preparar las campañas necesarias para financiar las expediciones a la Guajira y otros departamentos.

Mica surgió hace cinco años, con la premisa de capturar, por medio de una cámara, las sonrisas de las comunidades vulnerables. Luego se volcó a donar movilidad para asegurar que los niños que viven en puntos apartados puedan ir a las escuelas a educarse.

“Nosotros luchamos por mejorar la genética educativa en Colombia. Las personas que invierten en nuestro proyecto reciben a cambio mejores compañeros de trabajo, vecinos y ciudadanos. Ese es el poder transformador de la educación”, afirma este hombre con corazón de acero.

La organización se mantiene gracias a las donaciones que empresarios, iglesias y personas de buen corazón le hacen. Unas veces más que otras, según dice su fundador, se hace difícil el recaudo pero siempre alcanzan a cumplir todas las metas.

Las instalaciones se ubican en calle 23 # 12- 52 de Bucaramanga y tienen una apariencia peculiar. Sobre las paredes reposan máscaras, manillas, cámaras, bicicletas y estantes cargados con recuerdos del trabajo que han emprendido durante los últimos años y que ha permitido que miles de pequeños se acerquen a la educación. También cuentan con un almacén donde guardan como “un pequeño tesoro” las bicicletas que les donaron para entregar en las próximas expediciones.

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1.000 bicicletas, el gran reto

Entre las miles de historias que Víctor Julio almacena de las 20 expediciones que ha realizado con la fundación resalta la de un niño Wayuu, quien por su historia se quedó inmortalizado en su memoria.

El joven, que no sobrepasaba los ocho años, llegó agotado a su escuela, pues había caminado durante dos horas desde su hogar. Pese a que el director de la fundación había escuchado sobre este tipo de situaciones con anterioridad, verlas de cerca lo sacudió.

“Lo primero que hice fue pensar en la bicicleta que tenía guardada debajo de mi cama desde hacía cinco años. Después, cuando íbamos en carretera, les propuse a mis amigos traer en la próxima expedición no solo esa bicicleta, sino mil más. Ahí empezó un nuevo reto”, comentó el creador de la organización.

El trabajo para llegar a la meta no fue sencillo. En los tres primeros meses y después de interminables campañas tan solo habían recolectado 50 bicicletas, de las cuales muchas estaban en malas condiciones.

La situación dio un giro inesperado cuando llamaron a la gente a que grabara un video diciendo “Carlos Vives, déjanos tu bicicleta”, con la canción “La Bicicleta” de fondo. Después de un tiempo en redes sociales la iniciativa llegó a oídos del cantante, quien no dudó en apoyarlos.

“Después de que Carlos hizo un video mencionando el proyecto, la curva de las bicicletas que nos donaron subió mucho. También se unieron a la campaña otros artistas como Jorge Celedón, Riaño y Peter Manjarrés. Al final teníamos más de 1.300 caballitos de acero guardados en la bodega”, contó Víctor Julio.

De todo el material recolectado y tras un proceso de selección y arreglo quedaron solo 500 bicicletas en buenas condiciones. Eso sí, algunas como ‘Frankenstein’, con un pedal de una, una cadena de otra, una pieza nueva y otra vieja.

La campaña duró aproximadamente un año. Al final, en la entrega participaron 12 voluntarios que obtuvieron como recompensa cientos de caras sonrientes y la ilusión de un futuro mejor.

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¿Cómo es una expedición?

Antes de llevar agua, alimentos o bicicletas a un lugar, los voluntarios de la fundación hacen una visita previa. En ella conocen a la comunidad y a los niños que se beneficiarán.

Después de explicarles el proyecto, los estudiantes de la zona hacen una manilla con chaquiras y adquieren el compromiso de cuidarlas hasta que la fundación regrese, que es dos meses y medio después.

“Cuando el día de la expedición llega y emprendemos el viaje los voluntarios experimentan cómo el clima, la geografía y el ambiente cambian... a veces el choque para ellos puede ser duro porque se encuentran con niños que caminan dos horas o más para ir al colegio o poder conseguir una libra de arroz o arvejas”, cuenta el creador de la fundación.

Grandes avances

La fundación se ha convertido en la mano amiga de quienes le apuestan a la educación y tienen pasión por ayudar. En las expediciones los voluntarios han recorrido varios departamentos y han donado bicicletas, sillas de ruedas, prótesis, alimentos, agua y hasta útiles escolares.

“Después del proyecto de las 1.000 bicicletas decidimos diseñar una que contara con una parrilla para que los niños pudieran ir a recolectar agua o llevar a un amigo. Actualmente, las personas pueden pagar un costo por ellas y donarlas”, dice un soñador que está cumplimiento sus metas.

Mica Sonrisas está llena de sueños, los más grandes son construir puentes sobre las quebradas que dificultan el acceso a las escuelas y arreglar las vías de los lugares más apartados.

A estos se le suman transformar la bicicleta en una herramienta vital para el transporte de los estudiantes de los sectores vulnerables.

Para llevar a la realidad este último sueño la fundación empezará dotando con “caballitos de acero” a todos los jóvenes de dos instituciones educativas en la Sierra Nevada de Santa Marta y la Guajira.

Si usted desea contribuir a esta causa social puede alistarse como voluntario, ser embajador en redes sociales, patrocinar una bicicleta o convertirse en un inversor. Las donaciones las puede hacer a través de Rappi, en el icono fundaciones, y en Bancolombia en la cuenta de ahorros 302-937109-50 que está a nombre de Mi Cámara Sonrisas.

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