martes 04 de febrero de 2020 - 2:30 PM

Heladas en Berlín, Santander: Sueños bajo cero

Aunque el frío que azotó al corregimiento de Berlín los primeros días de enero fue inclemente, sus habitantes demostraron ser un ejemplo de resiliencia. A pesar de las afectaciones provocadas, los esfuerzos por salir adelante y trabajar por sus sueños, fueron más fuertes que las extremas temperaturas.

Los primeros días de enero, en Santander, se hicieron virales las fotografías que retrataban los campos y montañas del corregimiento de Berlín, en el municipio de Tona, cubiertos de una fina capa blanca producida por el hielo que había caído por esos días. La postal era tan hermosa que los comentarios sobre la belleza del paisaje no se hicieron esperar, tampoco las comparaciones con algún pueblo de los alpes. Luego de conocer la panorámica, al lugar llegaron cientos de turistas que venían, no solo del departamento, sino de diferentes partes del país, para apreciar aquel espectáculo y tomarse una que otra foto.

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Sin embargo, aquella bonita imagen era también un retrato de la preocupación y la incertidumbre que muchos personajes, los cuales pasaban desapercibidos en las instantáneas, sentían en ese momento.

El color blanco no significaba nada bueno. Para los campesinos que habían estado esperando por más de cinco meses para poder ver los frutos de su trabajo, todo se había vuelto gris, como aquel cielo que envolvía a Berlín.

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“Fue terrible. Perdimos todo lo que invertimos y para recuperarlo podemos tardarnos hasta unos dos o tres años”, dijo David Hernández, uno de los tantos cultivadores afectados.

Un esfuerzo cubierto por el hielo

En corregimientos como Berlín, la mayoría de sus habitantes se dedican principalmente a actividades relacionadas con el campo, como la agricultura. Esto, más que una labor, se ha convertido en una tradición que ha pasado a múltiples generaciones, que han visto en el campo el lugar para sembrar sueños y metas a base de esfuerzo, y que ha sido el eje central del desarrollo económico de la región.

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Allí se cultiva la papa, pero sobre todo la cebolla, alimentos que tardan en germinar hasta ocho meses, y que a veces, cuando atacan las heladas, pueden perderse completamente.

“El cultivo nos da de todo para subsistir, y tenemos lo que Dios nos ha regalado. El que no esté agradecido con el campo, no quiere la tierra. Tengo tres hijas estudiando en la universidad, y es gracias al campo que nos lo ha dado todo”, expresó David.

Según lo relata él mismo, por lo menos habrían 2 mil campesinos afectados por las heladas que se presentaron la primera semana del mes de enero. Hombre y mujeres que invirtieron tiempo, dinero y esfuerzo para subsistir y tener una estabilidad económica.

“Yo tenía papa y cebolla, la pérdida fue casi como de 15 millones, perdí un huerta de cuarenta bultos. La cebolla se ha ido recuperando, pero no sale igual; la papa si quedó totalmente dañada”, contó David.

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Así como él, también se encuentra Belarmino Cote, otro habitante de la zona quien perdió varios cultivos y ahora se está sometido a lo que ofrezcan los compradores y a seguir trabajando incansablemente para recuperarse de la afectación.

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“Aquí nos ‘jodió’ todo. La cebolla sale toda pareja, no la quieren pagar, dice que toca barata. Están pidiendo cebolla buena, barbuda, y la están pagando a 30 mil pesos el bulto, por esta le ofrecen a uno 15 mil”, comentó Belarmino.

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Del mismo modo, la incertidumbre que lo invade sobre su futuro y el de su familia es grande. Por el campo es que subsisten, y ahora que sus hijos entraron a estudiar necesita comprar los útiles escolares, el miedo es que el dinero no alcance.

“¿De dónde saca uno? Nos toca mirar en los bancos, pero está ‘arrecho’ para pagar un préstamo, hace quince días vino el gobierno, pero no ha pasado nada”, dijo.

Y es que, días después de conocerse sobre las heladas, los habitantes coincidieron en afirmar que los gobiernos municipal y departamental se acercaron hasta sus fincas, hicieron un censo y hablaron sobre la ayuda que se podía brindar, pero hasta el momento, aseguran, no ha pasado nada.

Por otro lado, hay personas como Óscar Jaimes, quienes trabajan la tierra para un jefe a quien deben rendirle cuentas y también velar por sus propias familias.

“Así haga el frío que haga, a uno le toca trabajar por los hijos, por la familia, por el cultivo, porque esto no es de uno y toca responderle al patrón”, aseveró Óscar.

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Ambiente helado, personas cálidas

Al año, Berlín tiene una temperatura promedio de 9 grados celsius, lo que convierte en uno de los corregimientos más fríos de Santander, incluso de Colombia. Clima que contrasta con el carácter de sus habitantes, que son personas amables y cordiales, dispuestas a tratar con amabilidad a quien visita sus tierras.

Aunque para algunos puede considerarse un ambiente extremo, la mayoría de los pobladores de este lugar han vivido toda su vida allí y sus cuerpos están acostumbrados a las bajas temperaturas y a los vientos helados que corren por la zona. Sin embargo, heladas como las que se presentaron en los primeros días de enero, solo pueden ser soportadas por personas lo suficientemente cálidas capaces de hacerle frente al inclemente frío.

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Porque, según informó el Ideam, el 4 de enero se presentaron temperaturas de hasta -7,4 grados celsius, afectando no solo los cultivos, sino a las personas.

“Yo he vivido aquí toda la vida. Siempre se han presentado las heladas, pero hace muchos años se sentía como las recientes”, contó Ludy Vanegas.

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Del mismo modo, aunque la mayoría de lugareños asegura que hace varios años no se presentaba este tipo de clima, esto no fue impedimento para que continuaran con sus trabajos. A punta de abrigos, ruanas, guantes gorros y una que otra improvisada calefacción, pudieron lidiar con el clima.

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“En las noches echamos agua caliente en tarritos y así abrigamos la cama, digamos que es una calefacción artificial”, comentó entre risas Ludy.

Así, mientras muchos recibían el año en medio de alegrías y celebraciones, los habitantes de este corregimiento tuvieron que hacerlo abrigados y albergados en sus viviendas. Muchos, como Ludy, elevaban plegarias al cielo con la intención de que no cayera hielo; otros, buscaban soluciones para enfrentar el problema que había traído consigo la capa de escarcha blanca. Esa que atrae a más de uno, que dicen, aviva la belleza y que osa comparar esta región con un digno paisaje tomado de otro país, pero que para sus pobladores, para los hijos de esta tierra es mejor y más bella cuando está como siempre, cuando simplemente es Berlín, el de aquí, el de Santander.

Video: Daniela Puentes Rueda

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