A través de la percusión, el piano, el clarinete, el saxofón y varias voces melódicas pero potentes, los integrantes de la agrupación Notas de Luz quieren mostrarle al mundo cómo ser ciego no es un problema sino una oportunidad de aprender a ver no solo a través de los ojos.

Publicado por: Redacción Vanguardia
Antes de empezar con los instrumentos, el ‘profe’ Walter, como le dicen los alumnos, les dice que hay que afinar el oído, que se pongan de pie.
- “Cuando yo haga un sonido, ustedes lo imitan, ¿listo? Primero lo hago yo, ustedes escuchan y lo repiten tal cual. Uno, dos, tres...”, les da indicaciones.
El ‘profe’ aplaude dos veces y espera. Ellos lo hacen. Luego zapatea, golpea las palmas con sus piernas, chasquea los dedos y al final combina todo.
Los alumnos, jóvenes en condición de discapacidad visual igual que él, lo imitan enseguida, como si ya tuvieran grabados en su cabeza los sonidos y la forma en que se producen. No se equivocan.
- “Es fácil, cuando uno no puede ver, aprende a hacerlo de otra manera, por medio de otras cosas. La música, los sonidos, las voces, el propio cuerpo, son nuestra forma de ver”, explica Geraldine Sanguino, de 19 años.
Ella, la ‘dura’ del timbal y la tambora no solo es estudiante en la clase de Walter sino que además es su compañera en Notas de Luz, agrupación músico vocal conformada por personas en condición de discapacidad visual de la ciudad.
Geraldine, Walter y once más, entre niños, jóvenes y adultos, pertenecen a la Escuela Taller Para Ciegos, Etaci, la cual les ha brindado no solo herramientas para salir adelante y desenvolverse en la vida, sino la oportunidad de hacer y compartir música a través de la agrupación.
Con batería, timbal, congas, tamboras, bongoes, organeta, piano, saxofón, trompeta, clarinete, dos voces principales y dos coristas, los integrantes de Notas de Luz dan cátedra de cómo disfrutar la vida y seguir los sueños más allá de las adversidades.

El profesor que dio vida a ‘notas de luz’
Con 15 años de edad, Hernán Gómez llegó a la Escuela Taller en el año 1983 por un tumor en el cerebro que le quitó la visión. En búsqueda de alguna posibilidad educativa y de formación para poder adaptarse a su nueva condición, allí encontró el apoyo que necesitaba, además del incentivo que despertaría su interés por la música.
“Me conecté desde el primer instante con la institución por su inclinación hacia la formación artística, nunca antes había tenido contacto con un instrumento, al llegar aquí fue lo primero que me pusieron a hacer, inicié con el piano y al aprender a interpretarlo quedé encantado” expresa Hernán entusiasmado.
Para Hernán, ese proceso integral del arte combinado con los otros aprendizajes como el sistema braile, el sentido de orientación y movilidad, junto con el apoyo psicológico, le permitió rápidamente desenvolverse.
Se sentía listo para salir de nuevo al mundo
Sin temores, y con total convicción, salió de la Escuela y terminó sus estudios secundarios. Continuó aprendiendo de música de manera empírica, lo que fue dotándolo de experiencia y le permitió emprender en el campo musical debutando en orquestas y minitecas.
“Cuando quedé ciego me atormentaba pensando en qué haría con mi vida, en qué podría trabajar, cómo podría conformar un hogar, pero creé mi pequeña empresa de música, trabajé en distintos eventos musicales para varias empresas de la ciudad, me casé y tengo un maravilloso hijo”.
Hernán dice que no es fácil pasar de un mundo visual absoluto a una oscuridad inquietante y temerosa, es más bien una oportunidad para mirar al interior de uno y usar la fuerza interior. “Yo he podido vivir una vida absolutamente normal, debe depender de uno mismo aceptarlo y asumirlo porque en la gente hay muchos estigmas, no entienden que simplemente es otra condición y ya”, ratifica.
20 años después de salir de la Escuela, en el año 2007 Hernán volvió para hacer parte de la junta directiva, con una idea de incentivar el factor musical que distingue a la Escuela y tener una fuente de representación y beneficio para la Institución. Con cuatro integrantes, una percusión menor, maracas y panderos, fundó ‘Notas de luz,’ agrupación musical que potenciaría y visibilizaría la labor social de la Institución.
Con el paso de los años, la agrupación fue creciendo, conforme llegaron más jóvenes que en medio de la oscuridad encontraron en la música un refugio para sentir que pueden dar y ofrecer más de sí mismos. ‘Nota de luz’ se convirtió en la razón misma de la Escuela Taller para Ciegos. Actualmente forman parte 13 niños y jóvenes que han tenido la oportunidad de participar de varios encuentros musicales, de invitaciones y foros para hablar, cantar y sobre todo deleitar con su destreza para los instrumentos.
‘Notas de luz’ es el ejemplo de que todo es posible. Esta agrupación, a partir de la música, logra visibilizar la superación, además de ofrecer una reflexión de que las dificultades hacen parte de la vida. Total, como dice el profe Hernán: “las cosas más sublimes se hacen con los ojos cerrados”.
La discapacidad es una etiqueta
La alegría, el entusiasmo y el goce en estos chicos al tocar sus instrumentos, transmiten una conexión al unísono que es digna de admirar. Ratifica el poder que tiene la música para unir vibras. No hay impedimento o discapacidad para ellos, al escucharlos uno se focaliza en su talento y en su vocación.

“A mí me preguntan qué tan difícil es para un ciego aprender a tocar un instrumento, yo trabajo con niños y jóvenes que no solo son ciegos, tienen discapacidades múltiples, de hecho en la agrupación hay varios con esa condición, precisamente lo valioso de este tipo de formación que ofrecemos para ellos, es potenciar esos otros sentidos, nos sirve para afirmar nuestro sentido de autonomía, de autoestima”, cuenta el profe.
Esta agrupación significa todo y más para estos niños y jóvenes. El profesor Hernán sembró en ellos esa chispa y pasión por la música que los caracteriza al momento de interpretar. Su ardua preparación es con el fin de visibilizar no su discapacidad, sino su vocación.
“Notas de luz es de las cosas más importantes que he hecho, ellos son como mis hijos, como esa semilla que yo sembré, los vi crecer, les compartí mis conocimientos, pero ya la cosecha les corresponde a ellos, porque han visto el resultado de sus progresos y el beneficio”.
La clarinetista de ‘Notas de Luz’
En la Escuela taller para ciegos todas las historias merecen ser contadas, cada niño, joven y adulto ha atravesado duros momentos. En desafortunadas circunstancias han perdido su visión y otros han nacido con la condición.
Lady Lucila Flórez tenía tan solo seis años, su mamá trabajaba como empleada doméstica en una casa familiar y vivían junto con su hermano mayor. Un 18 de diciembre al mediodía, un cruel hecho intencionado que no iba para ella, le arrebató la visión. Al jefe de su mamá lo habían amenazado, y ese artefacto explosivo iba dirigido a su familia.
“Ese día yo estaba con mi hermano y el hijo del señor, estaba jugando con ellos, era mediodía y les dije que olía a pólvora, ellos me dijeron que saliera a revisar, como era pleno diciembre salí a mirar pero no vi a nadie por ahí, cuando voltee la mirada vi un paquete de papas en el contador de gas, y sobresalía una mecha, en ese momento ellos también salieron, cuando mi hermano cogió la bolsa y empezó a botar chispas, a él le dio miedo y lo que hizo fue soltarla, ahí estalló”, relata Lady.
Del impacto su hermano quedó ciego de un ojo, al hijo del jefe de su mamá le cayeron esquirlas lo que le ocasionó heridas de primer y segundo grado en los brazos, pero a Lady las esquirlas le cayeron directamente a los ojos.
En un intento por recuperar su visión, los médicos le remitieron un trasplante de córnea que le devolvió parcialmente la luz pero al cabo de seis meses volvió a quedar ciega, esta vez sin ninguna otra esperanza de volver a ver. Aunque otro dolor más fuerte llegaría a su vida y opacaría toda intención de aceptar y salir adelante.
“Cuando mi papá falleció, fue otro duelo que me dolió más, lo que me estaba pasando a mí fue menos importante que el dolor de perder a mi papá, fue más dura esa aceptación que quedar ciega”, dice Lady.
Parte del duro proceso de que un niño quede ciego, es también para los padres, que deben lidiar y ajustar todo el entorno y el apoyo para esa nueva condición de sus hijos. Así fue para la mamá de Lady, quien angustiada, empezó a buscar ayuda. Necesitaba saber qué debía hacer para poder orientar y brindar el apoyo que su hija necesitaba, estaba sola.
En la Escuela les abrieron las puertas, le enseñaron a Lady el sistema braille, el ábaco, orientación, movilidad y escritura, la formación musical, además acompañamiento psicológico para que lograra integrarse a sus estudios.
Volvió la esperanza
Al entrar en contacto con otros niños en su misma situación, Lady fue poco a poco asumiendo su condición y sintiendo que podía seguir teniendo una vida normal como cualquier otro niño. Motivada por su destreza musical con el clarinete, encontró la seguridad para afianzar sus ganas de continuar y cumplir todos sus sueños.
Su inclinación con el instrumento de viento inició desde pequeña, cuando después de unos años de ingresar a la Escuela, se fue con su mamá a Venezuela para buscar otra esperanza para sus ojos, pero lo que encontró allá fue una cercanía con el instrumento que le haría descubrir su talento innato.
“Cuando fui a Venezuela tuve la oportunidad de conocer una orquesta sinfónica y el director me invitó a formar parte, empecé a asistir a las clases y luego ellos tuvieron una dotación de instrumentos y me dieron el clarinete, tuve docente personalizado, él me enseñó la embocadura, las notas musicales, lo más básico, pero aprendí muy rápido”, cuenta.

Lady siempre fue muy dedicada a sus estudios, inmediatamente terminó el bachillerato a los 17 años en la Escuela Normal Superior de Bucaramanga, realizó un programa de formación complementaria, seguido de eso, hizo un técnico en asistencia administrativa en el Sena, y actualmente estudia en la Corporación Universitaria Minuto de Dios, donde está terminando la licenciatura en pedagogía infantil.
“El acompañamiento en la rehabilitación que recibí en la Escuela me ha permitido cumplir estos pasos, todo lo que he proyectado lo pude lograr, ahora puedo depender de mi misma, cuando volví ingresé como clarinetista, estar en el grupo ha sido una bella experiencia, porque todos estamos en igualdad y siempre aprendemos los unos de los otros, somos familia”.
Para Lady el camino de la superación del hecho y la aceptación de su condición, fue bastante fuerte, es algo que valora y que agradece retribuyéndole a la Escuela el servicio y la atención que ella recibió. Hace tres años dicta clases de informática a los otros niños y su deseo al finalizar sus estudios es dedicarse de lleno a la enseñanza y a la labor social.
Al preguntarle a Lady si extraña ver, ella muy segura contesta que no, “no extraño ver porque he podido lograr hacer mis cosas, desenvolverme, llevar a cabo mis proyectos, ser autónoma, puedo salir a la calle sola, en la casa puedo hacer las cosas por mí misma. Sí hubo momentos de mi adolescencia difíciles, pero siempre traté de no dejarme afectar emocionalmente”.
Apoyo para la Escuela
La Escuela Taller para Ciegos, Etaci, fue fundada en 1971 con el objeto de prestar servicios de habilitación, rehabilitación y educación para las personas en condición de discapacidad visual de la ciudad y el departamento. La Institución ha acompañado a cientos de niños, jóvenes y adultos a través de los años sin cobrar dinero por ello y han sobrevivido, entre altos y bajos, gracias al apoyo intermitente de empresas y convenios con entidades oficiales.
En varias ocasiones, la Escuela ha estado a punto de cerrarse, pero de una u otra manera ha logrado seguir en pie.
Para Hernán Gómez, actual director de la Etaci y miembro de ella desde 1983, la población con discapacidad necesita atención y apoyo permanente para habilitarse integralmente y lograr ser incluidos en la sociedad de manera competitiva como lo han logrado la mayoría de niños y jóvenes que han pasado por la Escuela Taller.
Por eso, desde hace varios años, él ha liderado la lucha de las personas con discapacidad visual en la ciudad y en el departamento, intentando que tanto las alcaldías como la Gobernación y las instituciones públicas entiendan que la discapacidad es un tema que no le concierne solo a las EPS sino a otras áreas como la educación, el deporte, el desarrollo integral, la inclusión laboral y demás.
Según Hernán Gómez, la Etaci es la única institución que presta ese tipo de ayuda a las personas invidentes en todo Santander, pero no pueden seguir haciéndolo solos. Este año solo han recibido apoyo de la Alcaldía de Bucaramanga, pues los demás municipios del área metropolitana no han suscrito convenios. De la Gobernación de Santander, según Hernán, no han recibido nada en esta administración.















