domingo 07 de abril de 2019 - 12:00 AM

La casona del ayer que existía antes del edificio Colseguros, en pleno Centro de Bucaramanga

Hoy presentamos otro sencillo relato del pasado. Se trata de una reseña periodística que puede ser una prueba fehaciente de que el patrimonio urbanístico de nuestra ciudad no es un pasivo de la nostalgia, sino un activo de la memoria. ¡Acompáñenos a este singular viaje!

Aunque fue la prestigiosa Familia Sorzano la que le dio el protagonismo a lo largo de su historia, al principio se conoció como la ‘Casa Lubinus’.

Y se le decía así porque fue Gustavo Lubinus, procedente de Hamburgo, Alemania, quien la construyó.

Trasladémonos a los años 20 y 30 del siglo pasado. La edificación se levantó en lo que hoy son las calles 35, 36 y 37, a lo largo de la carrera 15.

Si ella aún estuviera en pie, para atravesarla usted casi que tendría que recorrer dos cuadras de lo que en la actualidad es el ‘corazón’ del Centro de Bucaramanga.

Fue hecha en tapia pisada y con tejas de barro, pero su diseño fue inspirado en las casas europeas de finales del siglo XIX.

La casona era bella por fuera y por dentro. En su interior, los pisos y los muebles eran importados. También llegaron de otras partes las vajillas, las cortinas y demás enseres.

Cuando la familia de Lubinus quiso traspasar la otrora ‘frontera’ de la Avenida Quebradaseca y se trasteó al barrio Alarcón, al nororiente de la ciudad, este predio fue vendido a Francisco Sorzano González.

La casa tenía la siguiente nomenclatura: Calle 37 No. 15-53. Siempre fue una especie de ‘casa hacienda’ con espacios amplios, techos altos, un amplio patio interior y lindos jardines.

Obvio fue una construcción elegante y se convirtió en un auténtico ‘hito’ en Colombia.

Como predominaba su estilo extranjero, tan característico en las edificaciones más antiguas de Bucaramanga, todo el mundo tenía que ver con ella.

En las imágenes que presentamos en esta edición se pueden apreciar la hermosa sala que tenía esta casona; incluso se puede ver una mítica foto de Matilde Jiménez de Sorzano, esposa de Francisco Sorzano González; Pola Bautista de Sorzano; y Matilde y Miriam Sorzano Bautista.

Gustavo Sorzano, hijo de Francisco y destacado profesional de la época, fundó allí la primera emisora en Santander y mantuvo a los bumangueses ‘en sintonía’ con esta linda casona.

Y es que allí funcionó durante muchos años Radio Bucaramanga, la institución que estuvo al aire promocionando a decenas de artistas en los ámbitos locales y nacionales.

El radio-teatro, de gran concurrencia por la variedad de artistas que venían a la ciudad, funcionó durante muchos años en el predio que luego adquirieron Gustavo Sorzano Jiménez, su esposa Pola y Ludwig Haskpiel.

El ‘comienzo del fin’

Tal y como ocurre en nuestros tiempos, siempre será muy triste que una casa emblemática termine destruida.

No obstante dicen que esa casona, que significó una memorable página de la arquitectura urbana de nuestra ciudad, ‘murió de pie’ como los árboles.

Pese a ello, el desarrollo urbanístico la hizo trastabillar de manera definitiva en la década de los años 70.

La casona fue, de manera literal, despedazada cuando se abrió la calle 36 y terminó devorada por otro gigante, Colseguros, el edificio que muchos consideran como uno de los precursores de los ‘cielo rasos’ de Bucaramanga.

La demolición de la casona, protagonista de esta página, se dio de manera más exacta en 1973 y quedó sepultada bajo la gigantesca mole, echando por tierra su bella historia.

A la postre la edificación que desplazó a esta bella casa, el edificio Colseguros, también terminó convirtiéndose en un emblema de Bucaramanga.

Ese fue un proyecto que fue diseñado por Mario Pilonieta para la Compañía Colombiana de Seguros. Fue edificado por la Constructora Martínez Villalba y Compañía Limitada.

La moderna estructura de Colseguros, que fue inaugurada el 9 de noviembre de 1973, impactó por sus ventanas de cristal y su cubierta en mármol. Tuvo un costo de $30 millones, lo que era una suma considerable para la época de los años 70.

Sea como sea, aún hay generaciones que recuerdan la casa de los Sorzano con gran nostalgia por su estilo arquitectónico, por la historia de quienes la construyeron y por quienes allí vivieron.

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