En la sección ‘Bucaramanga Ayer & Hoy’ recordamos una histórica pileta que, en la actualidad, se encuentra en el Paseo de los Edecanes.

En el corazón de Bucaramanga, una pileta antigua, con forma de flor abierta, descansa en el recién bautizado ‘Patio de los Edecanes’. Su figura, que mezcla el romanticismo de principios del siglo XX con los retoques modernos, reluce entre las calles 36 y 37, junto a la Casa de Bolívar. Sin embargo, su historia no siempre estuvo ligada a ese lugar. Esta fuente de agua es, en esencia, un viajero de piedra que ha cruzado los escenarios más significativos de la ciudad. El pasado 12 de octubre cumplió 97 años.

La pileta tuvo su primera parada en un rincón del barrio La Concordia, cerca de la antigua cárcel de la ciudad. Era más que un ornamento; surtía de agua a los habitantes del sector. Tras el cierre del centro de reclusión, la fuente fue trasladada al Parque de La Libertad, aunque su estancia allí sería breve.
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Los años 60 marcarían un cambio radical en su destino: la pileta fue reubicada en la glorieta de la Puerta del Sol, su punto más estratégico, pues allí se convirtió en un símbolo de bienvenida a la ciudad. Era la pieza central de la glorieta, rodeada por puntos icónicos como la estación de gasolina ‘La Turbay’ y el almacén CIMA. Sin embargo, su tamaño era pequeño en comparación con la rotonda que la rodeaba; y aunque se le amplió la base, su aspecto siguió siendo modesto ante la imponencia del lugar.
Con los años, el auge del tránsito vehicular obligó a repensar la infraestructura. La glorieta fue eliminada, y en 1997 se inauguró el Intercambiador de la Puerta del Sol. La pileta, sin embargo, no fue olvidada. Protegida como un testigo silencioso del ayer, fue trasladada a la Casa de Bolívar, donde esperaría por años un nuevo hogar definitivo.
La fuente encontró su lugar en el ‘Patio de los Edecanes’. Allí, sus piedras -tres círculos escalonados y una base octagonal- hoy evocan la elegancia de tiempos pasados. En su cima, el brote de agua de corte inglés, una vez símbolo de sofisticación, mantiene viva la esencia de su época dorada.
Nota de la Redacción: La pileta es más que una pieza de piedra; es un puente entre generaciones, un recordatorio de una Bucaramanga que se reinventa sin olvidar su historia. Si tiene fotografías que capturen los momentos de antaño de nuestra ciudad, no dude en compartirlas para construir juntos este álbum nostálgico y poder registrarlas en esta bella sección de Vanguardia. Envíelas al correo eardila@vanguardia.com y sumérjase con nosotros en los relatos de nuestra memoria colectiva.















